Algunos dirán que es el heredero al trono vacante de Dylan español por la calidad literaria de sus letras (” y me llaman canarito porque yo nací en Canarias”). Otros dudarán de su existencia, o incluso de que siga vivo. Para mi el mayor enigma de este extraño personaje, de la misma catadura que emblemáticos fistros como Braulio, “Cisnecuello blanco” Basilio o Juan Bau , es una pregunta a la que no existe respuesta firme en la Wikipedia: ¿Dónde demonios nació José Vélez?
La mayor parte de las opiniones solventes apuntan a que debió ser en Canarias, no solo porque así lo admite en su gran éxito,, absolutamente Friki (el mentado A mi me llaman canarito), sino por la inmensa barrila que ha venido dando con las famosas islas: temazos del calibre de Sabor a Canarias ,el Canarito, o aun mejor Para sentirme canario (¡ que ya es valor¡).
Pero si uno revisa su amplia y compleja discografía puede encontrar dudas al respecto. Por ejemplo esa letra prodigiosa que orienta sobre sus verdaderos orígenes:
Ven a brindar
con vino griego de mi tierra natal
el vino rojo que me hará recordar
un pueblo blanco que dejé detrás del mar
Esa tendencia, algo malsana, al sirtaki, puede estar en la raíz del enigma. Aunque también hay expertos que localizan su lugar de nacimiento en la Francia, dada su tendencia natural a utilizar la vecina lengua a la menor ocasión ( revisar su entrincado tema “Petite Fleur”)
En cualquier caso, pocos artistas, además de Tom Waits o Jim Morrison ha cantado más al desatre y el fin que el amigo Vélez: desde su macabro “un minuto de silencio” a esa declaración de principios que es “No, por favor”, pasando por “hoy canto por no llorar” o sobre todo ese inmenso título de “Stop, Adiós”, música oficial de la guardia civil.
Pero para el que se aproxime por primera vez a su vida y obra nada como investigar que se esconde detrás de ese enigmático título de “porque te fuiste pa” incluido en su Ayer y hoy del 2005.
Hay que reconocer, como comentábamos con Mañez el viernes pasado en Cuenca, que las aportaciones de los cantantes “matraca” a nuestra felicidad son imposibles de cuantificar. ¿Cuáles son los tuyos?





