Oh, I guess I knew it would happen eventually
But I was not prepared for the word
No, I was not prepared for the word
No, they didn’t give me no warning ‘fore they told me the news
And I could not believe what I heard
No, I could not believe what I heard
Hey, well, it started to hit me later on in the night
I reacted by blowing my stack
I reacted by blowing my stack
Oh, feeling cheated and taunted and mad at the whole world at large
As I pissed on a black Cadillac
As I pissed on a black Cadillac
House of cards (and) don’t it make ya wonder?
House of cards, (oh), don’t it make ya wonder?
House of cards. Steve Forbert
Por la radio del coche se escuchaba una canción redonda. Era la primera vez que la escuchaba pero no así al cantante. Steve Forbert, alguien a quien llevaba mucho tiempo sin escuchar. La canción se llama House of cards y según el locutor estaba incluida en Jackrabbit Slim. Pero no podía ser cierto. Recuerdo aquel disco comprado hace más de 30 años, y pondría la mano en el fuego a que no incluía esa canción. Aquel disco que llevaba dentro pequeñas joyas como Grand Central Station, Goin’ down to Laurel o el Romeo’s Tune que algunos dijeron que escribió en recuerdo de Florence Ballard de las Supremes. No podía haber olvidado algo así. Pero a la vez me entró miedo de pensar que tal vez fuera posible. Que nuestros gustos cambien tanto que fuera posible haber ignorado canciones perfectas.
De forma que lo primero que hice al llegar a casa fue sacar el disco y revisar sus canciones. Suspiré con alivio al comprobar que no estaba. Aunque a la vez fue apareciendo una sensación incómoda: la de comprobar que al final, siempre te acaban gustando las mismas canciones, que tus referencias apenas cambian.
La solución al enigma de House of cards la encontré unos días más tarde: acaban de reeditar aquel disco del 79 junto al anterior, el primero de Steve Forbert, Alive on arrival , una reedición conmemorativa de los 35 años de aquel disco, que incluye nada menos que 12 canciones nuevas., una de las cuales es House of cards.
Forbert formó parte en aquellos años finales de la década de los 70 de las nuevas promesas del folk rock, entre las que se encontraba también gente como Gordon Lightfoot o Joe Egan, en los que algunos quisieron encontrar al heredero del abuelo Dylan. Las expectativas que generaron aquellos dos discos en cierta forma quedaron defraudadas con el tiempo. Forbert ha tenido una carrera irregular que apenas repuntó algo cuando fichó por la poderosa Geffen records en 1988 con la que grabó otra pareja de álbumes magníficos , Streets of this town y The American in me. Como para tantos otros, los 90 no eran buenos tiempos para este tipo de cantautores acústicos, de letras trabajadas y escasas distorsiones.
A pesar de todo siguió publicando discos artesanales. El último , hace poco más de un año, un magnífico Over with you en el que el propio Ben Harper tocaba las guitarras. No ha perdido aquel compromiso que dejaba intuir en sus dos discos primeros, ya sea ocupar Wall Street o cantar en recuerdo de las víctimas del huracán Sandy.
Forbert nació en una ciudad , Meridian que fue también la cuna del padre del country Jimmy Rodgers al que llegó a dedicarle un disco ( Any old time). Un buen día hizo la maleta , cogió su guitarra y llegó a Nueva York , a la calle 23, desde donde se dirigía cada día a Grand Central Station para tocar sus canciones. De aquella época procede precisamente Grand Central Station incluida en Jackrabbit Slim. Aquella Grand Central Station en donde, varias décadas antes, Elisabeth Smart se sentó y lloró, dando origen a uno de los libros más estremecedores del siglo XX ( By Grand Central Station I sat down and wept), en el que describía su apasionada relación con el poeta George Baker:
“Estámpame como un sello de lacre sobre tu corazón, tatúame en tu brazo, porque el amor no es menos poderoso que la muerte”


















