El único indio bueno es el indio muerto

Estamos desapareciendo de la tierra, y sin embargo no puedo pensar que seamos inútiles, o Usen no nos habría creado”.

Gerónimo. (En Gerónimo el Apache, de Angie Debo).

¿Se imagina alguien lo que hubiera ocurrido si tras conocer el resultado de la misión contra Bin Laden el impecable Obama hubiera dicho “ Martin Luther King muerto en acción? ¿O tal vez mejor, algo como  “Malcom X EKIA (Enemy Killed in Action)? O entrados en el terreno de la ficción, ¿Por qué no hablar de “Kunta Kinte muerto en acción, o mejor aún Tio Tom EKIA?

Tengo una gran admiración personal por el Dr. King y algunas de las personas que más influyeron en mi vida son de ese color. Pero la necesaria lucha contra la discriminación por razones de raza, sexo o condición tiene siempre una pequeña excepción, un último reducto: el indio americano, incluso para alguien como Obama, cuya raza sufrió y sigue sufriendo todo tipo de humillaciones.

Quizá sea inevitable. Estados Unidos es un país construido sobre el genocidio de un pueblo ( los indios norteamericanos) , y sustentado en las reglas de juego del Salvaje Oeste. Forma parte de su inconsciente colectivo, perfectamente visible en los valores que impregnan aquella sociedad: el amor por las armas, la sociedad del rifle, la forma moderna de horca, sea inyección letal o silla eléctrica.

Las referencias a la persecución de Osama Bin Laden inevitablemente tenían que ir impregnadas por aquel espíritu, la opción por defecto que siempre aparece cuando la sangre se calienta en aquel lado del Atlántico: Desde el “ Wanted, Dead or Alive” que enunció Bush para recompensar cualquier información sobre el barbudo, hasta el nombre clave para señalarle una vez ejecutado. ¿Qué nombre mejor que el de un indio, con fama además de ser muy malo?

El verdadero nombre de Gerónimo era Goyahkla (El que bosteza). No tuvo la grandeza de Tecumseh, la sabiduría de Totanka Yotanka ( Toro Sentado), el carisma de Tashunka Witko ( Caballo Loco), o por referirnos a su propia tribu, la inteligencia de Cochise. Fue esencialmente un guerrero. Cuyo resentimiento fue en buena parte generado por la matanza de su familia a manos de los mejicanos, a los que odió toda su vida. Pertenecía , dentro de los apaches, a la familia de los bedonkohes. Los apaches llevaban décadas pelando con los mejicanos. Pero además, en 1875 El Departamento Indio americano estableció su política de concentración, encaminada a despojar a los indios de las tierras, en las que habían vivido por generaciones, y confinarles a todos juntos, sin considerar diferencias culturales u odios ancestrales, en un “territorio indio” ubicado en la actual Oklahoma. El robo de sus tierras desencadenó una intermitente guerra de guerrillas entre algunas bandas apaches bien conocedoras de su territorio y el ejército americano que llegó a movilizar a un tercio de su ejército ( más de 5000 hombres) para capturar a Geronimo. Su rendición  en 1885 determinó el inicio de una prolongada operación de exterminio, desplazando a  su tribu en vagones de carga hacia terrenos pantanosos de Florida, donde buena parte murió de tuberculosis ( aunque para el responsable del campamento , el teniente Wotherspoon, las muertes se debían a la  degeneración física hereditaria de los apaches). En su política de castigo, segregaron a los niños de sus padres, y acabaron confinando a buena parte de las tribus apaches en Fort Sill ( Oklahoma) , donde Geronimo pasó el resto de su vida. Los últimos 25 años se dedicó a cumplir las órdenes de sus carceleros ( vejatorias a menudo ), cultivó un productivo melonar, asistió a la Exposición Universal de Saint Louis y hasta estuvo en la toma de posesión del presidente Roosevelt. Muestra del “domesticamiento” del jefe, son sus declaraciones tras el inicio de la guerra entre Estados Unidos y España en 1898, que determinó el desplazamiento de parte de la guarnición de Fort Sill, y la generación de una ola de pánico en las familias del fuerte: “Soy un ciudadano de los Estados Unidos y mi corazón se entristece con esas sospechas”.

Ha pasado un mes desde la afrenta al pueblo nativoamericano , como señalaba recientemente el magistral escritor , de sangre india Jim Harrison. Aunque creó profundo malestar en la población indígena americana, no ha habido disculpa alguna de aquel gobierno. El Pais, tan raudo para denunciar discriminaciones , aún está por hacer alguna reseña medianamente respetuosa sobre quien es el pueblo indio y como ha sido siempre humillado. Tal vez todos ellos piensen como Sheridan en la capitulación del comanche Tosawi: “los únicos indios buenos que he conocido estaban muertos”.

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