Cuentos de indios

“Yo siempre había estado en os más bajo del escalafón de la reserva: no esperaban que fuera bueno, así que no lo era.Pero en Reardan, mi entrenador y los demás jugadores querían que fuera bueno. Necesitaban que fuera bueno. Esperaban que fuera bueno. Así que me volví bueno.Quería estar a la altura de las expectativas. Creo que al final todo se reduce a eso.Al poder de las expectativas.”

El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial. Sherman Alexie.

Arnold Spirit Junior tiene 14 años. Nació con agua en el cerebro. A consecuencia de su hidrocefalia padece ataques frecuentes, y tiene miopía en un hijo e hipermetropía en el otro, por lo que además de llevar las gafas más horribles de la reserva, padece de dolores de cabeza frecuentes que él atribuye a que son ojos son en cierta forma enemigos: “ya sabes, como si hubieran estado casados pero ahora se odiaran a muerte”. Tiene la cabeza tan grande que los niños le llaman Globo Terráqueo, cecea y tartamudea constantemente ,por lo que recibe el calificativo de tarado al menos 2 veces al día. Su padre podría haber llegado a ser uno de los cinco mejores saxofonistas al oeste del Mississippi. Pero solo es un indio borracho. Su madre podría haber sido una profesora de élite, pero únicamente devora los libros que caen en sus manos. Son una familia de indios Spokane en la reserva de Wellpinit.

Junior aspira a salir de la reserva, jugar en la NBA, y poder hacer compatible dos palabras que por definición nunca van juntas en la misma frase: indio y universidad.

El Diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial es la historia de Junior, el primer libro para adolescentes de Sherman Alexie, uno de los escritores americanos más interesantes, del que ( asombrosamente) buena parte de sus obras están traducidas al castellano.

Junior abandona todos los días la reserva para ir a estudiar a Reardan un colegio al que solo van blancos. Como no tiene dinero, va y vuelve andando:35 kilómetros. Sus compañeros de colegio le ven como un bicho raro. Sus colegas de la reserva, en especial su mejor amigo, le consideran un traidor. Por eso Junior se considera un “indio a tiempo parcial”, solamente el tiempo que está en su reserva.

Cuando tenía los años de Junior a mi panda y a mi nos encantaban los cuentos de indios. El libro de Alexie es un cuento de indios…pero del siglo XXI. Lleno de viñetas, porque a Junior le encantan ( “ creo que el mundo es una sucesión de diques que se rompen y de inundaciones, y mis viñetas son minúsculos botes salvavidas”).Sus preocupaciones son la de cualquier tipo de 14 años: escuchar a los White Stripes, ganar el uno contra uno a su mejor amigo, ligarse a Penélope, la chica más guapa de su clase, a pesar de ser tan feo. Pero como describe claramente en una de sus viñetas, mientras que cada blanco de su clase tiene  ante sí un futuro prometedor, cada indio de su reserva tiene un pasado que se desvanece. En cierta forma es un libro autobiográfico: también Alexie vivió en la reserva de Willpinit, también estudió en Reardan, y como Junior acabó ganando su propio campeonato.

Enseño el libro a tipos de 14 años: lo observan con curiosidad; tiene una portada bonita, con  un par de figuras de aquellas con las que se jugaba cuando yo tenía 14 años: un indio y un vaquero de plástico, con los que echábamos mil y una partidas.

Pero nadie da el paso  de coger y leerlo. Supongo que también en este caso, los cuentos de indios, o tal vez los cuentos en general,  forman parte de un pasado que se desvanece.

 

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2 respuestas a Cuentos de indios

  1. teresa dijo:

    Un bonito cuento, que me trae a la memoria una sensación reciente, con motivo de una reunión de verano de los que fuimos compañeros de escuela, hace 40 años!!, en un pueblecito de andalucía de 2000 habitantes, en la sierra, en los 60, a 100 km de la ciudad. Recordamos (no llega, ni por asomo, a la crudeza de las condiciones que debe aparejar vivir en la reserva de Wellpinit, o en cualquier otra “reserva” y vivir con hidrocefalia) que en mi clase,teníamos compañeros que venían desde haciendas o cortijos que estaban a 25 km, dentro de la sierra. Venían en un viejo autobús, que no pasaba de 30-40 km/h y para coger el autobús tenían que hacer 2-4 km andando; suponía levantarse 2-3 h antes que los niños del pueblo. Los admiraba. No todos terminaron la primaria. Luego vino el instituto, las becas, la FP o la universidad. Por deformación profesional no pude evitar hacer números el día de la reunión: un 15 % habían conseguido hacer estudios universitarios; estudios superiores, solo un 2 %; otro 15 % FP; el resto, la mitad, primaria y la otra nada. Lo comparé con las cifras de las clases de los sobrinos que van ahora a la universidad; un 60 % pueden acceder a ella; me alegré, y admiré aún más a mis compañeros, sobre todo a los que no tuvieron una oportunidad y ahora lluchan por que la tengan sus hijos. Pasaré la reseña de este bonito cuento a mis amigos maestros, porque todavía quedan muchas “reservas” , incluso aaquí cerca. Gracias por la reseña. .

  2. lacarave dijo:

    Muchas gracias Teresa por una versión de la historia de Alexie tan emocionante como la suya. Sí, es cierto, entodas partes hay reservas, y por desgracia no nos damos cuenta de lo afortunados que somos por jugar con tanta ventaja. De ahí el mérito añadido de que pese a todas esas dificultades salen adelante.
    Un abrazo

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