La imaginación no es la mentira

“Estadísticamente todo se explica.Personalmente todo se complica”

Mal de escuela. Daniel Pennac “

¡Crastaing, cabrón irás al paradón¡” El papel corre por la clase con la frase ofensiva dentro. El anónimo es fruto de la maquinación de Igor y Joseph. El profesor, Crastaing , intercepta el mensaje. Los responsables asumen la culpa, a cuya lista se añade su compañero Nourdine, un magrebí interesado, tal vez, en llegar a formar parte de algún grupo, aunque sea a costa de cargar con las culpas ajenas. Crastaing parece no inmutarse. Les manda como castigo una sencilla tarea: “ Despierta usted una mañana y comprueba que, por la noche, se ha transformado en adulto. Enloquecido, corre a la habitación de sus padres. Se han convertido en niños. Cuenten la continuación”. Esa es la tarea. El problema es que pronto comprueban que es una aterradora realidad.

Así comienza “ Señores niños” , la traducción al castellano de Messieurs les Enfants,la novela de Daniel Pennac de 1997, por fin traducida. En la que insiste continuamente que la “imaginación no es la mentira”.

Pennac ( abreviatura de Pennacchioni) es un antiguo profesor de lengua y literatura francesa de pasado más bien conflictivo: él siempre se ha confesado como zoquete en buena parte de sus obras previas. El tiempo le dio la razón y sus obras se convierten en éxito de crítica y , afortunadamente también de público. Porque Pennac es un experto en educación, en especial en esa etapa, tan desconcertante como fascinante, de la adolescencia. Para el que no las haya leído aún son absolutamente recomendables tanto su “Como una novela” como el imprescindible “Mal de escuela”.

En la primera de ellas revisa de forma despiadada la angustia de los desesperados por el terrible hecho de que sus hijos no lean nunca, en un mundo ocupado completamente por redes sociales y teléfonos móviles.

En la segunda , Mal de escuela, disecciona sin piedad a los zoquetes, a los aparentes inútiles, a los vagos y distraídos de todo tipo de pelaje que llenas las aulas del país. Y en la que reivindica la importancia del buen profesor , del que se sigue esforzando a pesar de que apenas recibe recompensa: “ Los profesores que me salvaron no estaban formados para hacerlo. nO se preocuparon de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermonea Se zambulleron de nuevondo. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. No lograron atraparme. Se ,zambulleron de nuevo, día tras día , más y más…Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos más conmigo. Literalmente nos repescaron. Les debemos la vida”.

Asisto a la primera reunión del año del instituto de mi hija. La puesta en escena no es muy lejana a la que describe Pennac en sus libros. Un salón de actos de filas horizontales, con una tarima desde la que se asoman seis profesores. Poco conscientes de la comunicación no verbal por lo que se ve. Parecen más deprimidos por volver a las clases, que los alumnos con los que habrán de librar. La exposición se inicia con una llamada capaz de entusiasmar a cualquiera:

“se recuerda que el aparcamiento es para uso exclusivo de los profesores”.

Por mucho que miro al estrado, no veo a Pennac.

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