La cautiva de los ojos azules

El Clan de los Parker llegó a Texas, en el año de 1835 buscando las inmensas posibilidades que aparentemente brindaba el oeste. Se desplazaron allí desde Illinois en una larga caravana de más de treinta carromatos. Las condiciones eran irresistibles: a cada cabeza de familia el estado de Tejas ( aún mejicano) ofrecía cerca de 5000 acres de tierra fértil,en una región de grandes praderas, rodeado de bosques, en los que abundaba la caza. El Clan construyó un fuerte, alto y perfectamente protegido, el sueño de cualquier pionero americano.
Pero creyeron que seguían viviendo en los alrededores de Philadelphia. Era una fragante mañana del mes de mayo de 1836 . La mayor parte de los hombres del clan andaban recolectando en los campos de maíz. Algunos hombres, 8 mujeres y 9 niños permanecían en el fuerte, pero por alguna extraña razón el portón permanecía abierto. A las diez de la mañana una banda bastante numerosa de comanches y algún que otro kiowa, formada mayoritariamente por hombres, irrumpieron en el desprotegido fuerte. Aplicaron el procedimiento que tenían establecido en estos casos, sin distinción de raza o condición: matar a los hombres tras arrancarles el cuero cabelludo y torturarles de diversas formas, violar colectivamente a las mujeres, matar a los niños pequeños y secuestrar a los adolescentes que podrían tener un buen precio en el mercado de esclavos. En esta ocasión se llevaron a dos mujeres y tres niños: uno de corta edad del que se deshicieron pronto, otro de siete ( John Richard) y una niña de 9 , Cynthia Ann.
Este episodio, una de las más famosas historias de la historia americana, es contada con todo lujo de escabrosos detalles por S.C Gwynne, un reputado periodista del Dallas Morning News, en Empire of the Summer Moon, traducido muy recientemente al castellano bajo el título de El Imperio de la Luna de agosto (por cierto, mientras que el texto en inglés que tengo me costó 16 dólares, poco más de 10 euros, la versión española cuesta 28 euros; fomentando la compra de libros como se ve).

Es casi inevitable pensar que el secuestro de Cynthia Ann sirviera de inspiración A Alan Le May para escribir The searchers, novela en la que dicen, se basó John Ford para su magistral película del mismo título ( aquí conocida por Centauros del Desierto), una de las mejores películas de la historia del cine.
Buscar libros sobre la historia de los indios americanos no deja de ser una tarea laboriosa. Habitualmente, incluso en las librerías americanas, suelen tener solo unos cuantos títulos, entre los libros de jardinería y los relacionados con el papel de la mujer afroamericana en Estados Unidos. Por eso me sorprendió mucho durante todo este pasado año que en todas las librerías de aquel país, el libro de Gwynne, un pormenorizado ensayo sobre la historia de los comanches, estuviera siempre no solo entre los libros más recomendados, sino sobre todo más leídos.
Tal vez sea cosa del morbo, de la sensación de dejarte “polvo y sangre en tus jeans” como decía The New York Times Review of Books. Porque hay veces que es difícil seguir leyendo tantas atrocidades juntas, tanta violencia sin sentido, tan pocos elementos gratificantes.
Volviendo a Cynthia Ann Parker . Un frío día de diciembre de 1860, cerca de Pease River una banda de 40 Rangers, 21 soldados del 2º de Caballería y varios voluntarios irrumpió en el campamento de Peta Nocona uno de los más famosos caudillos comanches. Tras la breve escaramuza en la que buena parte de los indios fueron abatidos y sus caballeras convenientemente arrancadas, entre los cautivos encontraron a una grasienta mujer de ojos azules. Solo hablaba en comanche, era la mujer del jefe y respondía al nombre de Nautdah. Pero era Cynthia Ann Parker, rescatada tras casi 25 años de cautiverio, e incorporada afortunadamente a la civilización. Sin embargo, como señala Gwyne, el hecho que destruyó su vida no fue paradójicamente el secuestro en el Fuerte Parker en 1836, sino su rescate en Muel Creek en 1860. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Nadie entiende como podía preferir una vida dura y violenta, dedicada a acarrear sanguinolentas pieles de bisonte, cargar como una mula en la itinerante vida tras éste, soportar el nivel permanente de brutalidad que aquella vida implicaba.
Hasta su muerte por gripe en 1870, vigilada y custodiada por su propia familia, no dejó de intentar escapar a la búsqueda de aquel pueblo de salvajes que era realmente su pueblo. Pocos años antes había muerto su niña, Prairie Flower, la que le acompañó en aquel camino de lágrimas de vuelta a la civilización. En las praderas de la Comanchería quedaba otro de sus hijos, Quanna Parker, el único gran caudillo indio que tenía sangre blanca. Pero esa es otra historia

Who was she, in the end? A white woman by birth, yes, but also a relic of Old Comancheria, of the fading empire of high grass and fat summer moon and buffalo herds that blackened the horizon. She had seen all of that death and glory. She had been a chief’s wife. She had lived free on the high infinite plains as her adopted race had in the very last place in the North American continent where anyone would ever live or run free. She had died in deep pine woods where there was no horizon, where you could see nothing at all. The woods were just a prison”

SC Gwynne.

Fotografía: la única existente de Cynthia Ann con su hija Prairie Flower

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