La sociedad del ocio

Wait all year
For the parting shot
For the epilogue

For the moment when it stops
And the days fade away

In no doubt
As I leave this town
I will not return

For I haven’t got
The room
In my head, for these things

And America
Seems an awful long way to go
As we hide ourselves
In the last of the melting snow

So we find
In the fading light
Of the wintertime

That there’s nothing left to try
All is best
Left unsaid

And America
Seems an awful long way to go
As we hide ourselves
In the last of the melting snow

En 2009 un grupo  poco conocido llamado The Leisure Society ( la sociedad del ocio) publicaba The Sleepers. Parecía ser la respuesta british a la eclosión del nuevo folk americano, representado por grupos como los Fleet Foxes o Department of Eagles. Pero ellos no aspiraban a ser la competencia a este tipo de música desde este lado del Atlántico. Era puro pop británico, heredero de  grupos sagrados como Prefab Sprout o Aztec Camera.

La Sociedad del Ocio era resultado de la unión de Nick Hemming  ( que venía de She Talks to Angels) y el productor Chirstian Hardy . Aunque ellos llevaban el peso de la banda , a través de una interminable colección de guitarras y pianos variados , estaban acompañados por una delicada banda formada por flautistas, violinistas y cellistas varios. El resultado de su primer disco, The Sleeper fue sorprendente. Un disco que tenía inicialmente otro título muy significativo (A product of the Ego Drain), y que  al principio puede parecer insípido, pero que ( como algunos vinos) solo necesita que le des algo de oxígeno. Porque en cuanto éste entra, y lo escuchas una y otra vez, acabas enredado en sus interminables armonías vocales, en la delicadeza de sus desarrollos, en la sensibilidad de sus arreglos.

The Sleepers tenía una preciosa portada en su edición en vinilo: en una preciosa noche estrellada un solitario nadador se disponía a zambullirse desde un gigantesco trampolín. Incluía ya de entrada dos canciones que se convirtieon en una referencia en aquel año: la que daba título al año y la magnífica The last of the melting snow. Hasta el siniestro Brian Eno decía que era lo único interesante que había escuchado en los últimos años.

El nadador de The Sleeper acabó zambulléndose en aquel mar extraño, y sus aventuras bajo el agua relatadas a través del segundo disco de la banda Into the murky water ( Dentro del agua turbia), con una versión corta llamada Out of the murik water, que solo incluye siete de las 17 canciones del anterior.

En él asistimos al descubrimiento del mundo submarino de la pareja, que llega a atreverse con una canción tan reconocible y previsible como Wanderin’ Star, la canción de la Leyenda de la ciudad sin nombre con la que Lee Marvin le birló un número1 alos mismos Beatles, que tuvieron que conformarse con el segundo puesto con su Let it Be. Canción que tiene unos inevitables ecos del oeste, pero que siempre fue una canción venerada entre músicos ( llegó a sonar en el funeral de Joe Strummer de los Clash).

Dentro del agua turbia no llega a alcanzar el nivel de The Sleeper, pero es un disco mucho más pop que el primero. En definitiva, conviene no perderse las evoluciones del tipo del trampolín, ahora convertido en buzo.

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