My bus has been drinking

Because the piano has been drinking
And he’s your friend not mine
Because the piano has been drinking
And he’s not my responsibility…
And the piano has been drinking
Not me, not me, The piano has been drinking not me
The piano has been drinking( Small Changes, 1976). Tom Waits

Si asumimos como cierto el conocido aforismo británico de que “el rugby es un deporte de rufianes jugado por caballeros, mientras el fútbol es un deporte de caballeros jugado por rufianes”, no es difícil encontrar legendarios ejemplos de canallas en este deporte, hoy más que nunca universal. Como el hoy olvidado Joe Jordan, delantero centro del Leeds United, quien desarrolló una habilidad insospechada para rematar de cabeza a puerta a la vez que colocaba un certero escupitinajo entre los dos ojos del defensa rival más cercano. Por no hablar de Stoijkov , otro erudito del arte de discutir con el árbitro y pisarle distraídamente el pie. O el siempre malogrado Juanito, experto en patear rivales caídos en el suelo, sabio precedente de las torpes maniobras de Pepe , incluso ante sus propios compañeros ( interesante versión del llamado “fuego amigo”).
Sin embargo a Pepe le falta el sarcasmo y regodeo de los verdaderos canallas, estando más cerca del frenopático, que del club de rufianes que apoyan el codo en la barra de la taberna de la isla Tortuga.
Tampoco lo fue el gran Zinedine, puesto que lo suyo con el infame Materazzi fue un designio inevitable de los hados que lo condenaban al Tártaro por osar jugar como los dioses. Zidane fue siempre un héroe en etimología griega, es decir hijo de dios y mortal. No lo fue en cambio mi canalla preferido, el inimitable Eric Cantona, aquel tipo tan malencarado que repartía patadas en el pecho de los hinchas estúpidos, y que llegó a representarse a sí mismo en una maravillosa película ( la fortuna de vivir de Jean Becker).

La antítesis de la canalla futbolística es la actual selección española de fútbol, selección de caballeros siempre dispuestos a ayudar a una abuelita torpe a cruzar la calle. Las sanciones a estos hidalgos suelen ser las inevitables derivadas de los lances del juego: una llegada  tarde en el despeje, una protesta por la pérdida de tiempo de algún tramposo rival como el siempre execrable Gatusso.
Por eso me llamó la atención el extraño comportamiento de nuestra selección en la gloriosa marcha triunfal del pasado lunes, en el que un millón de agradecidos ciudadanos se echaron a la calle para rendir homenaje a los héroes. Sin embargo percibí en ellos balbuceos ininteligibles, tics neurológicos sugestivos de enfermedades extrapiramidales e incapacidad evidente para la marcha. Incluso no era difícil apuntar la posibilidad de algún signo de Romberg positivo. Si en la selección estuvieran tipo de la calaña de mi querido Cantona, Jordan o Gatusso uno podría pensar sin dudarlo que estaban beodos. Es más, cocidos como bueyes.
Pero he repasado a conciencia los periódicos de ayer y no he encontrado la más mínima mención a su extraña conducta, por lo que solo me queda considerar que nuestros futbolistas sufrieron ayer un episodio atípico del síndrome de Tom Waits.
Esta curiosa patología, transitoria, fue descrita por vez primera por el cantautor americano quien , ante su estrafalario comportamiento, no tuvo rubor en confesar que su piano había estado bebiendo. Sin control y sin medida, de lo que cual él no se hacía responsable en modo alguno.
Descartada la opción de que la Roja hubiera bebido ( ¡por favor¡), es evidente que el autobús español estuvo bebiendo toda la tarde el lunes. Sería interesante poder escuchar en algún momento la versión española que describe el síndrome. tTl vez podría titularse My Bus has been drinking

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3 respuestas a My bus has been drinking

  1. Muy bueno!!! Creo que el caso más grave fue el de Xabi Alonso. Mi receta: escuchar el Small Change cada 8 horas y en un par de días como nuevo.

    • lacarave dijo:

      Que razón tienes. Mi admirado Alonso podria haber hecho de waits en cualquier programa televisivo. Había probado el bloody mary para las resacas pero tu remedio me parece mucho más sano

  2. Genial post, aunque esto es como las críticas a Del Bosque en cuanto se empata un partido: por que los Calculín del fútbol mundial se tomen una copita ya los llamamos beodos… precisamente, por su presunto inmaculado expediente etílico no soportan el alcohol… si fueran Tony Adams o Paul Gascoigne ni se les hubiera notado. Alzo mi copa por verles otra vez en estado de parálisis neuronal, al menos una vez más… y de caipirinha

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