Los letristas de la Muerte

Cuando era adolescente quedábamos de vez en cuando para hacer  disco forums de los principales grupos de la época. Si le propones eso hoy en día a un tipo de la misma edad llamará a la policía o al defensor del menor. Recuerdo uno que hicimos de un grupo hoy prácticamente olvidado pero que en si mismo era un universo musical entero, los inimitables Grateful Dead. Una banda que se extiende por la música americana como una maraña y cuyas influencias llegan hasta nuestros días ( los Black Crowes han sido aspirantes a su trono vacante).

Se habían unido en San Francisco en 1965, y corren mil y una versiones sobre el origen de su nombre: que si lo eligieron mientras tomaban ácido, que si fueron dos palabras elegidas al azar, que si fue un descubrimiento de Jerry Garcia ( uno de los líderes) mientras ojeaba la Enciclopedia británica y les leyó su significado ( dícese del alma de un muerto que muestra gratitud al que le facilitó el entierro). En cualquier caso procedían de un grupo previo (The Warlocks) cuyo nombre abandonaron ante la densidad de grupos que habían escogido tal nombre ( entre ellos los primeros Velvet Underground).

Y salvo el teclista  McKeman ( que cambió de barrio a principios de los 70 por su tendencia a darle al alpiste) el resto de los miembros iniciales ( los míticos Jerry Garcia y Bob Weir, el bajista Phil Lesh y el batería Bill Kreutzman), siguieron tocando juntos a lo largo de 30 años. Durante ese largo camino la lista de tipos que pasaron por la banda fue interesante ( Constante, los Godchaux,Mydland hasta el ilustre Bruce Hornsby)

En la coctelera musical que supusieron los Grateful Dead uno podía encontrar rock, blues, country, bluegrass, mucha psicodelia ( sobre todo al principio, no olvidar de donde procedían) e incluso gotas de rock progresivo ( tipo Pink Floyd) e incluso jazz conforme fue pasando el tiempo.

Pero si por algo pasaron a la historia los Dead fue por su forma única de dar conciertos, más de 2000 a lo largo de su carrera: cada uno de ellos era una versión única y irrepetible del repertorio de más de 500 canciones que solían manejar en sus giras, y  en el que a menudo incluían además sus particulares versiones de clásicos de otros artistas pero dándoles la vuelta hasta parecer propios. Se pavoneaban de no haber tocado nunca dos veces igual la misma canción, por lo que no era extraño que seguir a los Dead se convirtió en un oficio para un buen puñado de gente en aquellos años, los Deadheads, que les seguían como discípulos en cada actuación, con permiso además en muchas ocasiones para poder grabarlas, de forma que existen más de 2000 conciertos grabados de los Dead, lo que permitió crear prácticamente una secta, con sus propia simbología ( las tortugas, el esqueleto del Tío Sam, ositos danzarines, los cráneos y las rosas…) y hasta su propio archivo en la McHenry Library de la Universidad de California.

En los primeros tiempos, las letras solían llevar la firma de otra pareja, asimilada al grupo, a los que también hay que echarles de comer aparte. El primero, bautizado Robert Burns, pasó a la historia con el nombre artístico de Robert Hunter. El amigo fue uno de los voluntarios que participó en un interesante programa de la afamada Universidad de Stanford que consistía en ponerse hasta arriba de ácidos ( LSD, mescalina y otros alimentos del espíritu) y describir sus vivencias. No es de extrañar que el amigo acabara con el cerebro más agujereado que el famoso queso de Reason de la Seguridad, con lo que fue abrazado con entusiasmo por su amigo Garcia para que escribiera las letras de un grupo tan cercano a la alucinación, firmando algunos de las mejores canciones del grupo ( Sweet magnolia, Trucking, dark star…). Pero a pesar de tan disparatados principios, el Sr Hunter no solamente desarrolló una interesante y larga carrera en los aledaños de los Dead sino que llegó a adquirir una respetable fama como poeta, traduciendo al inglés nada menos que al “casi rondeño” Rainer Maria Rilke.

Si Hunter era íntimo de Jerry Garcia, John Perry Barlow lo era del otro líder del grupo , Bob Weir, con el que mantuvo una estrecha relación a través de los años. Barlow de hecho puso en contacto a la banda con otro iluminado , el psicólogo Tim Oleary , también un aficionado a eso de darle a la peña alucinógenos y escribir los efectos. Weir y Barlow escribieron juntos un buena colección de los clásicos del grupo ( Cassidy, Mexicali blues). El tipo se ha considerado siempre republicano ( llegó a ser coordinador de campaña local del siniestro Dick Cheney), pero con esos antecedentes y su afición a la marihuana no es de extrañar que haya estado dando tumbos desde los republicanos a los demócratas y viceversa hasta acabar declarándose anarquista. Al amigo le ha sobrado tiempo para ser además licenciado en religiones comparadas, poeta, profesor ocasional en Harvard, ranchero, empresario de temas variados ( de las algas a consultor para Enron) siendo además un experto en la frontera entre Internet y el mundo real. Hay vidas que dan para mucho.

 

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