Rumor

Durante muchos años pasé por su puerta camino del colegio. Hacía esquina entre la calles Colombia y Victor de la Serna tenía unos pequeños ventanucos en los que se exponían unos cuantos libros, una rácana muestra de lo que escondía tras su puerta. Cuando entraba, lo hacía con miedo, porque nunca tenía en aquellos años de BUP dinero suficiente para comprar un libro. No era un buen cliente por ello y a menudo me despachaban con cajas destempladas, puesto que en el fondo mi visita no dejaba de ser una pérdida de tiempo. Pero me fascinaban sus escaparates y las portadas de sus libros.
Entonces éstos eran objetos valiosos, escasos, costosos. No eran fáciles de adquirir, no podían descargarse con un simple clic en tu ordenador, y para muchos de nosotros eran algo interesante cuando te lo regalaban en tu cumpleaños.
Aquella librería se llamaba Rumor y este mes echa el cierre definitivamente. La agobian las deudas. Deudas generadas en buena parte por la falta de pago de la administración madrileña, que no prioriza estos gastos derivados de sus compras para las bibliotecas de la comunidad. Secuela de los buenos tiempos, cuando aún había bibliotecas y se actualizaban sus fondos. Algo absolutamente superfluo como nos ha enseñado el ministro Wert.
Los sabios dicen que es un simple cambio de formato. Según un tal Rodriguez, en el futuro todo será tan sencillo como decidir que tipo de libro electrónico deseas tener en formato papel, encargarlo a una de las nuevas empresas encargadas de este tipo de actividad y pasar por un cajero a recogerlo. Dispondremos como compensación de la información de que párrafo concreto han subrayado centenares de lectores previos de ese libro que acabo de comprar. Pero en realidad, me importa un bledo lo que subrayen los demás, me importa lo que en algún momento me interesó a mí.
El maravilloso futuro que nos quiere vender el gurú Rodriguez y sus afines nos trae bibliotecas llenas de cafés tipo Starbucks y puestos con decenas de ordenadores donde consultar libros electrónicos. Con la posibilidad de ir dando saltitos del texto a hipervínculos que nos llevan a fotos, canciones u opiniones de memos variados.
El libro electrónico no permite prestarlo, regalarlo o revenderlo. Salvo que uno se dedeique a actividades ilegales. Y aún así nunca será lo mismo: rasgar el papel de regalo y descubir la portada es bastante distinto a copiar un archivo en tu pendrive.
Mi mundo muere. Pero hasta entonces seguiré disfrutando de ese tocho fantasmal de las más de 1000 páginas de Casa Desolada mientras escucho las confesiones de Nick Lowe respecto a la lectura.

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Una respuesta a Rumor

  1. Acabo de ir corriendo a la estantería. Ahí están los dos tomos de Casa desolada en edición de Alfaguara. Tienen fecha (siempre fecho los libros) : Navidad del 94. Dentro, recortes de periódicos : un artículo de Muñoz Molina sobre Dickens de septiembre de 1997 y una crítica de un disco de los quintetos para clarinete de Brahms y Weber por el Cuarteto de Tokyo y Richard Stoltzman.
    Gracias por tu post.

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