El autoestopista galáctico

adams

“La historia de todas las civilizaciones importantes de la Galaxia tienden a pasar por tres fases diferentes y reconocibles, las de Supervivencia, Indagación y Refinamiento, también conocidas por las fases del Cómo, Por qué y Donde: por ejemplo, la primera se caracteriza por la pregunta ¿Cómo podemos comer?, la segunda por ¿Por qué comemos? Y la tercera por ¿Dónde vamos a almorzar?”
La Guía del autoestopista galáctico. Douglas Adams

Tropecé por tercera vez en mi vida con este delirante libro de Douglas Adams de la forma más insospechada: en un artículo científico de David Stuckler ( imprescindible su ¿Por qué la austeridad mata?). Para el que no la haya leído, La Guía es como una versión de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Dick , pero tras pasar por un atracón de tripies.
En ella, una raza de seres hiperinteligentes y pandimensionales , con apariencia física de ratones, construyen un superordenador ( Pensamiento Profundo) con el objeto de averiguar de una vez por todas la respuesta a la pregunta que nos atormenta desde que el homo sapiens empezó a ser sapiens: la cuestión última del sentido de la vida, el universo y todo lo demás. El ordenador se lo toma con calma ( ¡7 millones y medios de años en responder¡), pero cuando encuentra la respuesta (42) , cae en la cuenta de que lo que no está bien formulada es la pregunta. De forma que los ratones deciden construir otro nuevo ordenador, aún mayor, para averiguar cual es la pregunta. A ese ordenador se le llamó Tierra, tan grande que llegó a confundirse con un verdadero planeta, sobre todo para los simios que lo pueblan, pero que en el fondo no es más que otro programa informático. Una idea que ha sido recurrente en la literatura ( no hay más que recordar la invención de Morel de Bioy Casares).
Pero por desgracia, unos días antes de la resolución del enigma, una especie de seres repugnantes, maestros de la burocracia más absurda, los vogones, deciden demoler la Tierra para hacer una nueva vía de circunvalación intergaláctica ( el beato Gallardón ha sido uno de los más claros ejemplos de vagones de este planeta , con aquella fiebre tuneladora que le entró). Y quiso el destino que semejante obra de arrasamiento y excavación, tan del agrado de cualquier alcalde español, coincidiera en el tiempo con la decisión del ayuntamiento de un pueblo británico de demoler la casa de Arthur Dent para hacer otra circunvalación, pero de carácter local. La historia como se ve se repite hasta el infinito.
La Guía del Autoestopista galáctico fue antes que nada una novela radiofónica que Adams convirtió en libro, al que siguieron adaptaciones para la televisión, juegos de ordenador y hasta una línea de toallas de baño, imprescindibles para sobrevivir como autoestopista galáctico. Pero la espina de Adams fue siempre convertirlo en película, tarea a la que dedicó los últimos años de su vida, de la que se fue inesperadamente posiblemente sin encontrar ni preguntas ni respuestas. Años después Karey Kirkpatrick dio con la tecla de convertir tal disparate en un buen guión. Éste es, para Kirkpatrick la linterna que permite al director convencer al productor de una película de que en una cueva oscura, en la que no se perciben detalles, hay escondida una estatua de oro capaz de hacer rico al que esté dispuesto a invertir en ella. Krkpatrick lo consiguió y bajo la dirección de Garth Jennings y Nick Goldsmith ( Hammer and Tongs , directores de videoclips reputados para gente como Blur, REM, Vampire Weekend, Supergrass o Fat Boy Slim) y con la colaboración de Martin Freeman, Sam Rockwell, Mos Def y la omnipresente Zooey Deschannel ( la mitad de She & Him con M Ward como ya hemos comentado aquí reiteradamente), consiguieron dar vida a los cuatro chalados que dan tumbos por los espacios galácticos .
Dentro de su permanente coña La guía no va descaminada en su análisis respecto a ese planeta llamado Tierra, que quizá no sea más que otro programa informático de algún tarado instalado en el hiperespacio:
“Este planeta tiene, o mejor dicho tenía, el problema siguiente: la mayor parte de sus habitantes eran infelices durante casi todo el tiempo.. Muchas soluciones se propusieron para tal problema , pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de pequeños trozos de papel verde; cosa extraña, porque los pequeños trozos de papel verde no eran precisamente quienes se sentían infelices”

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