Into the fire

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It was dark, too dark to see, you held me in the light you gave
You lay your hand on me
Then walked into the darkness of your smoky grave
Up the stairs, into the fire

Into the fire. Bruce Springsteen.

El largo arenal de la playa de Corrubedo es una de las playas más hermosas de Galicia. Hace treinta años era posible escalar la gran duna de 2º metros antes de dejarte caer rodando hasta el mar. Hoy el urbanismo ecológico lo impide: solo se puede acceder a través de un camino hasta su base; cualquier desviación de la senda puede acarrearte multas entre 600 y 6.000 euros. Al privar al personal no ya de la posibilidad de subir la duna , sino de tan siquiera ver el mar , la decepción de los visitantes es generalizada:-venir hasta aquí para ver este montón de arena…

Pero quizá gracias a eso la duna aún existe y no se ha acabado desmoronando llena de chiringuiteiros. Desde la playa de Vilar sin embargo , y tras andar más de cinco kilómetros se puede llegar a aquel punto en el caías desde lo alto de la duna cuando tenías veinte años.

Al volver  de Corrubedo se observa sobre el primer monte la omnipresente columna de humo negro, elemento endémico del paisaje gallego. Al entrar en la autovía que une Ribeira y Padrón la polcía corta el tráfico detrás de nosotros. Quinientos metros más allá las llamas forman una cortina de fuego que oscila según las embestidas del viento prendiendo los árboles que existieron al otro lado de la carretera. Al pasar junto a ella el calor es intenso dentro del habitáculo del coche. Delante miles de pequeñas luciérnagas de fuego brillan entre el humo. Los niños lloran.

El incendio de Ribeira obligó a desalojar a más de 500 personas. Se inició en cinco focos distintos.

Desde haca más de 30 años voy al menos una vez al año a Galicia. Año tras año el espectáculo del incendio forma parte de la rutina veraniega, como las fiestas de Santa Marta o san Roque. Año tras año la entrada desde el Padornelo permite encontrarse con un conato de fuego en a Gudiña, una mar de llamas que rodea Verín y señales de humo diversas desde Salavaterra a Redondela. El paisaje ha cambiado radicalmente en treinta años. Apenas se encuentra por cualquier carretera paisaje que no haya sido destruido. Las cicatrices oscuras que deja el fuego; las señales aún más patéticas de la repoblación con sus pinos enanos ha convertido a Galicia en un erial. En estos treinta años se alternaron gobiernos de derecha e izquierda, con y sin nacionalistas. Nadie evitó el desastre.

Las causas dicen que son múltiples: intereses de las papeleras, reconversión de la calificación del suelo, venganzas por despidos de patrullas forestales, reducción de efectivos, abandono del campo, pirómanos,…en definitiva gente mala que va infestando la tierra.

Galicia ha destruido buena parte de su riqueza paisajística, natural y cultural sin que a nadie parezca importar un pimiento. Quizá la razón tenga que ver con la tranquilidad con la que un amigo gallego se toma el asunto. Como él dice “puestos a comparar casi prefiero el paisaje del incendio al de los molinillos de viento que asolan el país”

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