La habitación azul

blue room

La publicación de aquel Careless Love en 2004 supuso un aldabonazo dentro del jazz vocal. Significaba la aparición de una voz diferente, a mitad de camino entre la riqueza de matices de Joni Mitchell y las evocaciones a una Billie Holliday de raza blanca. Sirvió además para rescatar del olvido su primer disco , el oscuro Dreamland. Desde entonces, Madeleine Peyroux ha ido puliendo un repertorio que bascula entre el jazz de los 50 y el pop o el soul de los 70, sin olvidar la música americana estándar. A esta volvió en su último disco, The Blue room, en el que reinterpreta a su manera una selección de temas de algunos de los compositores más exquisitos del “Songbook” americano, como Randy Newman o Warren Zevon. Del primero hace una sutil versión de Guilty y con el segundo se atreve a reinterpretar Desperate under the Eaves, en el que Zeavon narraba la vida de un tipo ahogado en margaritas , con el apoyo vocal del gran Carl Wilson de los Beach Boys.
The Blue room es una demostración del grado de depuración al que ha llegado la Peyroux, que estremece por la frialdad con la que interpreta temas de alto voltaje. Rescata un viejo disco de otro tipo de los que siempre habló con los dioses llamado Ray Charles, y que en 1962 publicó su Modern Sound in Country and Western Music en el que pasaba por su tamiz un puñado de clásicos de la música vaquera, desde el I can’t stop loving you al You don´t know me, canciones fundamentales que fueron reinterpretadas años después por algunos otros genios que siguieron su estela ( Van Morrison sin ir más lejos). Buena parte de aquellas canciones son reinventadas por ella, resultando perfectamente reconocibles pero a la vez completamente diferentes. Para conseguir tal efecto confió en uno de los productores clásicos de música americana Larry Klein antiguo marido de Joni Mitchell precisamente, y echó mano de gente como Dean Parks a la guitarra o Larry Goldings en el piano, mercenarios de lujo de los grandes del estilo ( de James Taylor a Steely Dan). Por supuesto no puede evitar volver a una de sus grandes referencias, el canadiense Leonard Cohen de quien hace una precisa interpretación de su Bird on a wire.
La perfección helada de sus discos , la precisión de sus interpretaciones es aún más evidente en sus conciertos , en donde uno parece encontrarse ante una versión musical del hielo, frío al primer contacto, pero que acaba sencillamente por quemar.
The Blue Room es un disco frío, muy frío, que acaba por abrasarte.

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