Palabras, latidos y notas

hendra watt

En 1983 publicó el que hasta hace unos días su único disco, North Marine Drive. Porque poco tiempo después abandonó esa incipiente carrera en solitario para formar uno de los dúos más exquisitos del pop de todos los tiempos: Everything but the girl.Le acompañaba en la aventura otro talento tan extraño como él, la que ha sido también su pareja desde entonces: Tracy Thorn. El viaje duró quince años, durante el cual elaboraron diez obras de orfebrería , que comenzaron con Eden y terminaron con Temperamental. Pero en 1999 decidieron iniciar cada uno su propio camino. Thorn se tomó su tiempo para publicar tres espléndidos discos ( Out of the Woods, Love and its opposite y Tinsel and Lights) en la línea de pop folk elegante que siempre fue su seña de distinción. Y Ben Watt se dedicó principalmente a hacer bailar a la gente como un más que reputado DJ: la huella del house y el drum’n bass la había dejado bien presente en los últimos trabajos del dúo. Pero además de pinchar música y crear su propio sello ( Buzzing Fly), las evidentes inquietudes literarias de Watt le han llevado a publicar reicnetemente un libro muy especial Romany and Tom, una biografía muy personal de sus padres: él un músico de jazz ( versión clase trabajadora) que alcanzó una cierta reputación en los años 50 y 60; ella una actriz que vio interrumpida su carrera cuando tuvo trillizos, reorientando su vida como escritora y periodista . Ya en 1996 había escrito un libro impactante Patient , en el que describía su vivencia como paciente aquejado del extraño síndrome de Churg-Strauss. En este último describe con un estilo paralelo a su estilo musical, la vida bohemia de sus padres, la época de esplendor en la hierba y de inevitable declive sumergidos en alcohol hasta la muerte de él y la demencia de ella. Un libro que es, como todo lo que hace Watt, sensible, melancólico, pero sin una pizca de complacencia o azúcar.
La próxima su segundo disco en solitario treinta años después del primero. ¿La razón? La necesidad de expresar musicalmente los sentimientos producidos por la muerte repentina de su hermana, cuyo nombre da título a un disco esencialmente hermoso. Un trabajo que él mismo define como “folk-rock en la era electrónica” ( no en vano cuenta con Ewan Pearson en la producción). En el que su habitual trabajo fino con la acústica se contrapone al guitarreo eléctrico de Bernard Butler de Suede. Y para el que contó también con la inesperada colaboración con David Gilmour, el mítico guitarra de Pink Floyd con el que no había tenido contacto alguno en el pasado.
Un disco de reflexión sobre el paso del tiempo, cuando uno empieza a ser demasiado mayor para seguir dando bricnso en la pista de baile. Sobre la pérdida, no solo de su hermana sino también de sus padres, puesto que Romany y Tom aparecen también intermitentemente en el disco. Y también sobre la necesidad de expresar lo que se siente. Como Ben señala: “ palabras, latidos, y notas. Es todo lo que tenemos”

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4 respuestas a Palabras, latidos y notas

  1. Juan dijo:

    Sensibilidad, sencillez y emoción. Gracias por la historia y el recordatorio.

  2. jazzzz61 dijo:

    Mr. Minue si no tiene el disco se lo mando por un privado

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