Neil en el retrete

young cabinet

Y el tío Neil se metió en el retrete. Un cubículo que me trae a la memoria aquel otrode primorosa tabla de madera que visitaba con frecuencia en casa de mi abuelo. El del canadiense no es mucho mayor, apenas da para que se sienten él y su guitarra acústica. Bien es verdad que en vez de una cadena y un lavabo , el retrete de Neil tiene un equipo de grabación de los que valen una pasta, aunque sea más antiguo que el molinillo de café ( parece ser que se construyó recién acabada la guerra mundial)
A Neil Young le rondaba por la cabeza desde hace tiempo enviar una carta a su madre muerta. Pero su forma de hacerlo es inevitablemente musical. De forma que de un tirón grabó para la eternidad diez temas que representan algo muy importante para él, desde el Girl from the North Country de Dylan al My Hometown the Springsteen, pasando la maravillosa Early Morning Rain del hoy por desgracia olvidado Gordon Lighfoot, otro canadiense ilustre, al que tributa otro homenaje con su If you could read my mind. El resto es artillería pesada, poco conocida para los oyentes de 40 o EuropaFM , pero imprescindibles para el que siga creyendo en el poder de las canciones: Crazy y On the road again de Willie Nelson, I Wonder If I Care As Much’ de los Everly Brothers, el recuerdo a músicos imprescindibles del folk como Phil Ochs ( Changes), Bert Jansch (Needle of death) o Tim Hardin ( Reason to believe), sin olvidar el Since I met you baby de Ivory Joe Hunter
Para el desvarío , el abuelo encontró la complicidad de Jack White de los White Stripes, quien puso a disposición del de Ontario su tienda de los cachivaches de Nashville, además de colaborar en algunos temas como el de los Everly Bros. No seré yo el que despotrique de la necesidad de recuperar los buenos recuerdos del pasado:c omo volví a confirmar hace unos días comparando el mismo trabajo en CD y en vinilo con el Kind of blue, éste sigue siendo imbatible en un buen equipo.
Pero una cosa es eso y otra muy diferente empeñarse en volver un siglo atrás como si estuviéramos en Kentucky antes de empezar la gran guerra. Las canciones son extraordinarias, y algunas de las interpretaciones de Young ponen los pelos de punta. Pero tanto ruido de radio de válvulas acaba por descentrar a un muerto.
Uno entiende que estas canciones, como él señala, le cambiaron la vida. Porque todos tenemos canciones que lo hicieron, que no solo determinaron el recuerdo inalterable de determinados momentos, sino que pudieron inclinar la balanza de nuestro futuro en un sentido u otro. La lástima es que el envoltorio no permita disfrutar del contenido como su autor y Young se merecen.

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