Clásicos modernos

paul weller modern

¿Pueden haber pasado ya 15 años?

Eso se pregunta un atildado Paul Weller , impecablemente trajeado como para ir a tomar el té con su Majestad, the Qeeen. Lo hace desde la carátula de la segunda edición de sus clásicos modernos ( More modern classics) , donde se pregunta a continuación qué es lo que ha cambiado a todo este tiempo. Y aparte de un pelo mucho más gris y unas arrugas que le hacen aún más interesante, en lo principal , la música ,considera que poco ha cambiado, si nos atenemos a la composición, interpretación y producción de canciones, arte en el que sigue siendo un maestro.
Un viaje musical que comienza en 1999 con una canción escrita para un ilustre muy poco valorado en vida, Ronnie Lane el lider de Small faces y Faces, muerto dos años antes de una neumonía complicación de la esclerosis múltiple que le fue minando en sus últimos años de vida. Que continua por los derroteros de canciones cósmicas de amor ( (it’s written in the stars), y no baja de las estrellas para hacer una versión inolvidable del clásico de Ross Royce “Wishing on a star”, antes de entretenerse en ” From the floorboards up”, en la que delira un rato sobre la energía que fluye del suelo, atraviesa el escenario y a través del grupo se contagia a la audiencia. Como en el caso de amor, nadie sabe a donde va.
Úna cara 2 que comienza a toda velocidad con la acústica de Como on /Let’s go antes de dar paso a Wild blue Yonder publicado como single y no incluido en disco hasta la fecha. Después vendrá Have you made up your mind, incluido en uno de los mejores discos de al década, aquel 22 dreams que por supuesto aparece al principio de la Cara 3.
Estos clásicos modernos incluyen además de Wild blue yonder otra maravilla editada en single , Starlite, con la que inevitablemente dan ganas de salir a la pista de baile a hacer el más espantoso de los ridículos. De hecho, Weller ha pretendido con este disco reinvindicar el viejo encanto de los singles de 45 rpm , canciones breves y contundentes que apenas superan los tres minutos.
Paul Weller. Uno de los pocos tipos que sigue arriesgándose cada año , sin tener necesidad alguna de hacerlo

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