Discos que dejar a los nietos: Late for the sky

late for the sky

Looking through some photographs I found inside a drawer
I was taken by a photograph of you
There were one or two I know that you would have liked a little more
But they didn’t show your spirit quite as true
You were turning ‘round to see who was behind you
And I took your childish laughter by surprise
And at the moment that my camera happened to find you
There was just a trace of sorrow in your eyes
Fountain of sorrow. Jackson Browne.1974

Coincidiendo con los 40 años de su lanzamiento, la pasada noche de san Juan se editaba en todo el mundo una edición remasterizada de lujo del Late for the sky, el tercer disco en la carrera de Jackson Browne, quizá el mejor compositor americano con permiso por supuesto de Dylan. Un disco que con el paso de los años no ha dejado de crecer y crecer, en el que cada nueva lectura de sus letras aporta un nuevo matiz por descubrir. Lleno de reflexiones sobre la vulnerabilidad amorosa, el dolor de la pérdida, la amenaza latente sobre un planeta que se muere lentamente. La obra maestra de Browne en palabras de uno de sus mayores admiradores ( Springsteen), cuyo tema principal empleó Martin Scorsese para calmar a la fiera de Robert de Niro en Taxi Driver.

taxi driver
Para su grabación se rodeó de un reducido grupo de pretorianos de confianza: Doug Haywood al bajo, Larry Zack a la batería , Jai Winding en los teclados y su siempre fiel David Lindley en el variado instrumental que éste utiliza, y que abarcan el rango existente entre la guitarra (de todo tipo y forma) y el violín. La influencia de éste en el disco es mucho mayor del que los títulos de crédito reflejan, amplificando y profundizando una letras al alcance de muy pocos. Eso sí, no renunció para las armonías vocales a ninguno de sus buenos amigos de la costa oeste, comenzando por sus habituales amigos de fechorías ( Don Henley, JD Souther) y siguiendo por Terry Raid, Dan Fogelberg, Beth Fitchet o Joyce Everson. Browne con la ayuda de Al Smith asumió íntegramente las tareas de producción.

magritte
La portada , inspirada en El Imperio de la Luz de Renée Magritte, describe con precisión lo que uno puede encontrar dentro: el ocaso en una calle solitaria, en el relevo de la luz del día con la tenue luminosidad de una farola. Una magnifica fotografía de Tom Seideman tomada en una calle solitaria de Pasadena.
En aquellos años Browne venía de una intensa y turbulenta relación con Joni Mitchell , que fue motivo de inspiración para ambos en sus respectivas carreras ( tanto en el For the roses de la canadiense como en Late for the sky). Poco después Browne se casaba con Phyllis Major, una reconocida modelo. Las viejas del lugar cuentan que, haciéndoselas de Bogart, salió en defensa de ésta mientras discutía con su novio. Browne recibió un puñetazo pero en compensación se llevó la chica a casa. Major tenía peligrosas aficiones a pasear por el lado oscuro de la vida, y tras varios intentos fallidos acabó suicidándose en 1976, tras tener un hijo con Browne, Ethan, a quien va dedicado precisamente el disco. Todas esas turbulencias emocionales, vulgares para la mayor parte de los mortales , se convirtieron en algunas de las mejores letras de la carrera del americano.
La cara A se inicia con la canción que da título al disco:
“Mirándote fijamente a los ojos
No había nadie a quien conociera
Como una vacía sorpresa
Sentirse tan solo”
Reflexión sobre la tristeza que se prolonga en los tres cortes restantes de la cara: Fountain of sorrow, Further on y the late show.
La cara B apenas da asueto: solo the road and the sky ( referencia permanente a la carretera, omnipresente en su carrera) y walking slow animan algo el cotarro. Pero casi pasan desapercibidas por dos obras maestras de la tristeza. La primera es una de las mejores canciones de funeral escritas: For a dancer, en cierta forma una nueva visita a un tema que le obsesionaba desde su primer disco ( Song for Adam):
I don’t know what happens when people die
Can’t seem to grasp it as hard as I try
It’s like a song playing right in my ear
That I can’t sing
I can’t help listening
Before the deluge cierra un disco con admoniciones de como acabaremos de seguir la senda que ya era visible en plena crisis del petróleo de los 70. Cuarenta años después , los efectos de aquel pesimismo empiezan a ser bien visibles.
Desamor, dolor, muerte, Apocalipsis. Siempre fueron temas mucho más agradecidos para la buena literatura que el amor , la felicidad y la fiesta. También para las buenas canciones.

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