Canciones escritas a la luz de la Planta química

robert ellis

Gracias al infalible buen gusto de Clara Benedicto y a la información de Fernando Navarro he descubierto a uno de esos talentos escondidos que pasan desapercibidos habitualmente, ocultos detrás de tanto artistón de relumbrón que lleva veinte años con la misma matraca.
Se llama Robert Ellis y ya estuvo en España acompañando a los Dawes en su gira de 2012, y de hecho ha dedicado buena parte de los últimos años a actuar de telonero para algunos de los grandes, desde Richard Thmpson a Jason Isbell. Acaba de publicar su tercer disco tras mudarse de Houston a Nashville, esas Lights from the Chemical Plants.

Aparentemente parece el enésimo cantante de música country, tan parecido a tantos otros. Pero desde TV song, que abre el disco, no es difícil engancharse a esa nasal y desesperada voz que va narrando historias al ritmo en que se recorren kilómetros de autopistas cansinas que no llevan a ninguna parte.
Chemical Plant será una de las canciones del año sin duda, con ese desolado romanticismo que también puede encontrarse en medio del ambiente más deprimente:
She says my heart is like an orphan
And your words are like home
I do not deserve such kindness
Keeps me warm down to my arms
We bear some strange familiar likeness
To a man I feel I know
As if to keep each other safe
They spent the night and then embrace
And the lights from the chemical plant
Burn bright in the night like an old kerosene lamp
When all seemed unstable
I could watch how they were there
The lights from the chemical plant

Good intentions recuerda a la música que Jim Croce estaría escribiendo su hubiera vivido lo suficiente. O Steady as the rising sun a la vieja forma de componer en los años 70, cuya influencia no oculta para nada. Por algo incluye en el disco una personal versión de aquel viejo disco de Paul Simon, personalmente el que siempre más me gustó, aquel Still crazy alter all of these year. Una canción en que el pedal steel inevitablemente nos transporta a bares de carretera a la caída de la tierra, pero en la que es la guitarra solista la que de verdad despliega toda las posibilidades de un tema convertido ya en clásico por todo tipo de artistas, del soul, el jazz o el rythm’n blues
La tristeza de esa Bottle of wine recuerda a los primero trabajos de Tom Waits, cuando aún no se le había ido la cabeza persiguiendo mulas y gruñendo a cada paso. Sin olvidar ese piano de Pride, la deliciosa tristeza de Only lies o la descripción de su Houston natal apoyado , esta vez sí, en el pedal steel.
Ellis , a la manera de los grandes, cierra el disco con un tema de más de 7 minutos, que recoge todo lo que lleva aprendido a sus escasos 25 años: the tour song, construida sobre una sencilla sucesión de acordes sobre una acústica, cantada casi en voz baja , para que no se entere nadie.
Como dice The Washigton Post , un tipo que encuentra la belleza en los lugares más inesperados

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