Niveles de vida: globos, amor y pérdida

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“Juntas a dos personas que nunca habían estado juntas. A veces es como el primer intento de acoplar un globo de hidrógeno a otro de aire caliente: ¿prefieres estrellarte y arder, o arder y estrellarte? Pero a veces funciona y se crea algo nuevo y el mundo cambia. Después, tarde o temprano, en algún momento, por una razón u otra, una de las dos desaparece. Y lo que desaparece es mayor que la suma de lo que había. Esto es quizá matemáticamente imposible, pero es emocionalmente posible”

Que Julian Barnes es uno de los grandes escritores británicos contemporáneos es difícilmente discutible. Pertenece a esa pandilla tan brillante de la que forman o formaban parte otros tipos de similar talento, como Ian McEwan, Martin Amis o Christopher Hitchens
Niveles de vida es su último libro, apenas 143 páginas a mitad de camino entre la reseña histórica, el cuento o el diario.Tres historias sin relación aparentemente que van encajando como la llave en la cerradura, conforme se avanza por sus páginas. Comienza con el relato de las andanzas de los primeros tripulantes de los globos aerostáticos en el final del siglo XIX, aventuras llenas de fracasos , salpicadas con algún que otro éxito: “Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia. La gente quizá no lo advierte en el momento, pero no importa. El mundo ha cambiado , no obstante”. Así empieza su relato, una entrada que se repite de diversas formas en sus tres partes. Quizá para insistir que el azar, y lo que éste produce, siempre tiene consecuencias.
El mundo cambió con la llegada de los globos, como después lo hizo con el triunfo sobre la gravedad de los aeroplanos. Y el mundo cambió la primera vez que a alguien se le ocurrió hacer una fotografía desde uno de esos artefactos, retratando la tierra a vista de pájaro. En cualquier caso el riesgo era alto, y la seguridad escasa: aún no existían paracaídas, apenas una chaquetas recubiertas de corcho como salvavidas, por si se caía al mar. El equilibrio siempre era inestable: entre arder o estrellarse.
Como en el amor: “Vivimos a ras de suelo, en lo llano y sin embargo aspiramos a elevarnos. Terrestres, a veces ascendemos tan altos como los dioses. Algunos se elevan por medio del arte, otros con la religión; la mayoría con el amor. Pero al elevarnos también podemos caer en picado. Hay pocos aterrizajes suaves…Cada historia de amor es en principio una historia de aflicción. Si no al principio, más tarde. Si no para uno, para el otro. A veces para ambos. Entonces, ¿ por qué aspiramos continuamente al amor? Porque el amor es el punto de encuentro entre la verdad y la magia: la verdad, como en la fotografía; la magia como en los globos”
El mundo de Fred Burnaby , uno de aquellos pioneros del vuelo en globo, cambió cuando conoció a Sarah Bernhardt , la más famosa actriz de la época, adicta a la aventura y el placer. Famosa por su extremada delgadez, bromeaba diciendo que “era demasiado flaca para mojarse; simplemente se colaría entre las gotas”. El buscaba paz. Ella aún no estaba preparada aún para una vida tranquila. El poco tiempo que había pasado con ella había suscitado en él “el deseo de más tiempo, de todo el tiempo” . Ella sin embargo, seguía prefiriendo el peligro a la seguridad: “ mi corazón desea más excitación de la que nadie, ninguna persona pueda darme”.
El dolor le duró al capitán Burnaby varios años. “Constantemente repasaba el testimonio de sus recuerdos” en busca de respuestas, sintiéndose como la boa constrictor que Sarah tenía como mascota, a la que tuvo que matar de un tiro por su tendencia glotona a comerse almohadones. Abatido de un disparo.
La tercera historia es la propia historia de Barnes. La narración de su aflicción tras la muerte de Pat Kavanagh, la mujer con la que había compartido treinta años de vida: “ Muy pronto en la vida , el mundo separa crudamente a los que han conocido el sexo de los que no. Más adelante, a los que han conocido el amor de los que no lo han conocido. Más adelante aún ( al menos, si tenemos suerte, o por otra parte, son no la tenemos), separa a los que han sufrido aflicción de los que no la han sufrido. Estas divisiones on absolutas. Son trópicos que cruzamos”
Barnes cuenta lo que vivió a ese lado de ese trópico. Como suele ser habitual en él con precisión, elegancia y ligereza. Ni una palabra de más, ni un sentimiento de menos. En este caso el “nivel de vida” no es el del aire , sino el del subsuelo.
Pocas veces se ha descrito mejor esa leve mejoría del sentimiento de pérdida que la que expresa Barnes al final de su libro: “ Hay momento que parecen indicar cierto progreso. . Cuando las lágrimas-las inevitables lágrimas cotidianas-cesan. Cundo la concentración regresa y puedes leer un libro como hacía antes”.
Niveles de vida. Una pequeña obra maestra.

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