Los rescoldos del tiempo

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“Some days I’m golden
other days I’m bad
all depends on the weather
and how many drinks I’ve had

Some days I’m golden all night
The embers of time. Josh Rouse

Podría haber optado por seguir su carrera en su país, y posiblemente estaría ahora actuando en el show de Letterman o llenando salas y estadios. Pero un día decidió que su vida pasaba por permanecer largas temporadas aquí: es inevitable recurrir al amor como excusa, y posiblemente tenga la importancia que siempre tiene en estos casos, pero fuera cual fuera la razón Josh Rouse llegó y se quedó. Un extraño ejemplo de personaje que acaba prefiriendo hacer pequeños y delicados discos de algo más de media hora, y tocar en pubs de tres al cuarto que competir en las grandes ligas.
Abel Novoa me pone sobre la pista de su último disco, una pequeña joya llamada The Embers of Time, grabado de nuevo a mitad de camino entre Valencia y Nashville. Un disco que edita a través de su propio disco Yep, que apenas tiene presencia en las macrotiendas de discos, y que tampoco sale en esos programas de radio que quieren pasar por modernos.
Sin que sus últimos discos hayan desmerecido nada de una carrera intachable ( solo deslucida ligeramente por aquella patochada de El Turista), en The Embers of Time Rouse parece regresar a dos discos míticos, tal vez los mejores que haya publicado nunca: 1972 y Nashville, dos de los discos más hermosos de la década pasada.
Es muy difícil no quedar atrapado por la canción que abre el disco donde bromea sobre el tiempo y el alcohol, con los aromas a Neil Young que tiene precisamente New Young, con las sincronizadas armonías con Jessie Baylin en Pheasant Feather, o la delicadeza de ExPat Blue , una desnuda canción construida solo con la voz y la acústica, y algunas discretas gotas de arreglos orquestales, que nunca pasan de un discreto telón de fondo.
Mañana toca en Madrid , en una pequeña sala. No anuncian su concierto en los minutos musicales de la 1 , y sin embargo es de los conciertos que uno no debería perderse si tiene la suerte de vivir allí.
Esto de la música no deja de ser al final algo completamente personal e intransferible. A la mayoría no le dirá nada. Pero a mi personalmente este tipo es de los que tienen la capacidad de sintonizar como pocos con lo que el estado de ánimo esconde. Es como un viejo sofá en las tardes de viernes, como un buen bastón en la mano de un ciego.
Coat for a pillow forma parte de ese grupo selecto que forman canciones como Snowy, Comeback o Sad Eyes. Cobijo frente a la tormenta.

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