Lanseros

Raquel-lanseros4

“Une vez más remueve
El poso de café la cucharilla triste
Diez dedos bailotean en la mesa del bar
Un tango a media luz con el olvido
Está solo, cansado
sentado entre una multitud ajena
que le mira sin verlo.
Un anillo de oro gastado por los años
Es el único rastro de brillo que le queda
La pasión una vez le estalló entre las manos
Y perdió la esperanza en los abismos
De un corazón humano
No hay desdicha que le haya sido ajena
No existe humillación que desconozca
Es por eso que sabe hablar de amor
Es por eso que espera”

Así empieza al las ordenes del viento, la antología de la poesía de Raquel Lanseros, la poetisa de Jerez de la Frontera capaz de resumir en cuatro versos un pedazo de vida.

En la mujer herida, incluida en Los ojos de la niebla escribe:

“Solamente si alguna vez amaste
con uñas y con dientes,
sin red,
sin salvavidas,
aciertes a entender el vértigo
que se entiende a los pies del desengaño”

Una descripción precisa , con la precisión con que dibuja el cirujano, sobre la inevitables consecuencias que trae siempre aceptar el juego de tirarse al vacío.

Un poema que acaba , si es que acaba, con la conversión de las herida en cicatriz:

“Míralo de este modo: la vida te ha enseñado,
siguiendo su costumbre de incansable maestra,
como el alma dibuja
serenas cicatrices sobre viejas heridas”

Un libro que termina con su Obra última en donde vive la Cadena:

“Finjamos que no soy quien digo serme
pongámonos a hacer suposiciones
¿Qué tengo yo de mi?
¿Y de ti, tu que tienes?
No es fácil de explicar, pero un humano
Es una breve frase en una conversación
Que vaya usted a saber quiénes mantiene.
Y como toda frase
Muere casi al nacer, impulso efímero
Se marchita veloz al roce del aire
Apenas tienes tiempo de afirmarse
De decir por ejemplo:
Esto habría que cambiarlo
O bien
Quiero imitar el canto de ese pájaro.
Es tarde, ya el calor
Presente e inmediato
Habla ya de repente de otra cosa
En una ciudad nueva o quizá en la misma
Con otras ropas, con distinto acento
La conversación sigue eterna e insistente,
Pero ya no te veo.. Y yo tampoco estoy,
¿Cómo saber entonces quien ha muerto?”

Somos conversaciones que alguien en algún sitio mantiene sin que nos demos cuenta.

Lanseros estuvo en mi escuela hace unas semanas hablando de poesía, recitando poemas, construyendo versos con palabras que sobrevuelan en un aula.

Demostrando que su arte no es un acierto afortunado, sino algo que se construye cada día. Donde todo lo que vale la pena tiene un precio.

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