Moviendo nuestros cuerpos como volutas de humo

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“And we can move our bodies like a twist of smoke,

Come let us shake like the flames”

I still want you. Richard Hawley 2015

En una de las escenas del video de I still want you de Richard Hawley una mujer besa la portada de Hollow Meadows , el último disco de vinilo del inglés , mientras retoza sonriente con su pareja. Y es difícil encontrar un mejor acompañamiento para actividades tan altamente recomendables, a las que se entregan con entusiasmo las parejas que expresan en esa corta película lo que la música de Hawley esconde.

I still want you es una canción de amor; habla del paso del tiempo y sus efectos , de recuperar las cosas valiosas que se fueron, de “mover nuestros cuerpos como si fueran volutas de humo”.

Un tipo de romanticismo ante el que los tipos duros sonreirán con franco desdén, pero que lleva practicando sin inmutarse el más elegante crooner de la música actual.

Había una cierta curiosidad por donde iba a tirar el gran timonel de los sueños rotos tras la excursión juguetona de su penúltimo disco ( Standing at the sky’s edge), abundante de guiños psicodélicos y guitarras sucias, entretenimiento que parecía querer dar a entender que aunque hubiera tomado el abandonado camino del romanticismo del XIX, Hawley seguía siendo un sobrado guitarrista, como se pudo comprobar en los Pulp de Jarvis Cocker ( quien por cierto le acompaña en la maravillosa Nothing like a friend):

“ Y al final las cosas que te guardas, son finas telas de araña, que desaparecen con el viento”

Para nuestra tranquilidad Hawley es hombre fiel a sus principios: y de la misma forma que mantiene esa curiosa costumbre de titular cada disco con el nombre de un rincón de su ciudad ( en esta caso Hollow Meadows, ligado a la historia de su familia), vuelve de nuevo al espíritu de sus primeros discos en solitario. No suena tan épico como sus obras maestras de hace cinco años, pero tiene el sencillo encanto de Late night final que incluía una variada colección de temas de amor desnudo, incluida aquella maravilla llamada “The Light at the End of the Tunnel (Was a Train Coming the Other Way)” .

Hollow Meadows es una melancólica reflexión sobre las pequeñas cosas que importan, impecablemente producido y en que una base rítmica milimétrica da soporte a una medida exposición de todo tipo de recursos expresivos, desde el banjo de Martin Simpson en su dosis precisa o la guitarra progresiva de Welcome the sun , a la viola de Nancy Kerr o el cello de su fiel Liz Hanks, presente desde su primer disco.

En ese paseo personal a través del tiempo el disco se cierra con un ejemplo perfecto de lo que esto último implica: el día en que tu hija se va de casa:

“ Child of mind bereft, I’ll never forget the day you left”.

En la crítica que hace en Jenesaispop Nicolás del Moral escribía: “no me cabe en la cabeza que esto no le guste a alguien”.Desde luego no hay mejor compañía para una mañana de domingo, cuando todo está en orden.

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