Médico rural

nixon

Hay gente testadura, de esa que se empeña en mantener ciertas costumbres en contra de los avances de la civilización. No solo no se avergüenzan de vivir en el pasado, sino que siguen comportándose de forma arcaica sin atender a las sensatas llamadas del progreso . Entre los más raros entre los extraños la figura del médico rural resulta especialmente anacrónica: tipos que estudian medicina y no pululan entre quirófanos y anestesistas, capaces de vivir sin TAC,;sujetos que no frecuentan la cafetería del hospital donde se cuecen todas las conspiraciones. En el colmo de su tragedia , buscan el bar del pueblo como sucedáneo, donde alternan con extraños personajes de muy variado pelaje.Y no solo lo buscan , sino que escriben sobre ello como si fueran Raymond Carver
Si extraño resulta hoy un médico rural, cuando todo el mundo parece empeñado en acabar con el campo ( salvo para ir de fin de semana), aún más raro es encontrar un espécimen musical capaz de reparar en un bicho tan raro y escribirle una canción. Letras siin limousines, paraísos ni extraños viajes. Francisco Nixon es uno de ellos. El cantante de Australian Blonde acaba de publicar un disco que no saldrá en las quinielas de lo mejor del año de las radiofórmulas. Quizá mejor así. No está echa la miel para la boca del asno. Pero Lo malo que nos pasa, sí es de lo mejor que se ha publicado este año en España, un disco que incluye una canción tan delicada como el que lo canta. Una canción tan delicada como aquellos de quienes habla.
En este extraño planeta afortunadamente aún quedan médicos rurales. Y gente que les canta.

Vivo en una aldea muy pequeña
En el otro extremo del planeta.
un colono en Alfa Centauri,
quinto B, tercera luna a la izquierda
En la soledad de un médico rural
sin nadie con quien poder hablar, de nada…
Con doscientas almas a mi cargo
con doscientas almas a mi cargo …
Cada día hago mi ronda
por el resto de las casas,
todo el mundo es muy amable conmigo,
pero ninguno es mi amigo
En la soledad de un médico rural,
sin nadie con quien poder hablar, de nada
Con doscientas almas a mi cargo
con doscientas almas a mi cargo …
y soñé que estábamos los dos,
en un mar de color añil,
nadando, entre algas fosforescentes
Oh, Isabel, Isabel.

 

 

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