Exquisitos cadáveres (III): Glenn Frey ,ex-cocaine cowboy

Frey NYT 19 de enero

 

No todos los días un músico aparece en la primera página del New York Times, en el espacio reservado a las noticias más importantes del día. El pasado 17 de enero, sin embargo ocurrió. Acababa de morir Glenn Frey, uno de los mandamases de uno de los grupos fundamentales de la música americana (The Eagles), y el periódico americano le daba la relevancia que corresponde a uno de los responsables del segundo disco más vendido de la historia de la música contemporánea, solo superada por el Thriller de Michael Jackson.

Sin embargo , su éxito en ocasiones fue proporcional al odio que generaba en ocasiones, como demostraba el Gran Lewobsky en la película de los “divinosdela muerte” Hermanos Cohen
Amados u odiados, Los Eagles representan el nudo ferroviario que une los primigenios grupos de country & western con la moderna música incluida bajo el paraguas de la Americana que diría el gran Manolo Fernández (quien dedicó a Frey dos de sus programas en su mítico Toma Uno). En los años previos a su constitución grupos como Buffalo Sprinfield, Byrds o Flying Burrito Brothers habían atraído la atención de ciertos hippie-flautas de la época con cuidadas y hermosas melodías construidas a base de guitarras acústicas, fiddles y pedal steels, armonizados al olor de la lumbre.

Como cuenta Barney Hoskins en el imprescindible “Hotel California,Singersongwriters and Cocaine Cowboys”, Los Eagles procedían de ese mundo: Bernie Leadon venía de los propios Flying Burritos, Randy Meisner de Poco y Don Henley de un grupo del desierto de Texas llamado Shiloh, un grupo con una gran influencia de Gram Parsons. Frey era el único que no venía de ese mundo de hierbas y mandolinas. Había nacido en Detroit en una familia de clase trabajadora ( cuya vida en la fábrica aparece en algunas canciones de su tercer disco en solitario). Frey había crecido escuchando el sonido Detroit, amaba por encima de todo el rythmn’n blues y entró en los circuitos de su ciudad de la mano de otro legendario carcamal, Bob Seger. Un buen día , al igual que hizo Neil Young desde Toronto, empaquetó sus cosas , y condujo su viejo coche hasta Los Angeles. Quiso el destino que la hermana de su chica estuviera saliendo con uno de los mayores picaflores de la música americana, John David Souther, que compaginaba con gran habilidad su composición de baladas elegantes con su incasable actividad de alcoba. El resultado fue un grupo de un solo disco, Longbranch Pennywhistle ( un disco de esos que se cotizan a 150 dólares la copia), y en el que colaboraban tipos de la altura de un Ry Cooder, desconocido entonces. Cuando el amor a las hermanas se esfumó por el sumidero, los colgados Frey y Souther se quedaron compuestos y sin novias, y acabaron ocupando un sucio apartamento con un tipo de pelo lacio llamado Jackson Browne al que habían conocido en el Troubadour, garito que al que muchos años dedicaron una de sus canciones crepusculares( Sad Café), y por la que pasaban en busca de fortuna todos los que después fueron grandes ( Neil Young, Tom Waits, Joni Mitchell, Elton John o Van Morrison). Cuentan que Linda Ronstadt, una de las reinas del Trobadour por aquel entonces andaba a la búsqueda de una nueva banda de acompañamiento. John Boylan actuó de recolector de jóvenes ambiciosos capaces de dar a la Ronstadt el soporte que necesitaba. Encontró cinco tipos capaces de tocar, componer y cantar de forma primorosa: Frey. Henley, Meisner y Leadon, dejando a Souther la parte que mejor desempeñaba: componer y amar sin freno. De ahí surgieron los Eagles
Mientras Browne pasaba las noches puliendo obsesivamente sus canciones, Frey y Souther dedicaban sus esfuerzos a actividades mucho menos espirituales. Uno de aquellos días, Frey escuchaba como Browne repetía una y otra vez al piano las estrofas de un tema sobre la necesidad de tomarte la vida con calma. Atascado en la letra y con la presión de tener que acabarla de una vez, Frey le propuso rematarla con un verso ripioso, casi indigno de un poeta del rock como Browne: “it’s a girl my lord in a flatbed Ford”. Había nacido el primer éxito de los Eagles ( y de Browne): Take it easy, incluido en su primer disco homónimo. Aparentemente no diferían mucho de los grupos campesinos de la época, un variado repertorio de mandolinas, banjos, acústicas y cuidadas harmonías vocales, lo que siempre fue una de sus señas de distinción. Pero aparecía también un cierto aroma a música soul (la gran afición de Frey) y un toque mucho más eléctrico que el de los Flying o los Byrds, que se fue intensificando a lo largo de los años. Siempre bajo la a autoridad (a veces despótica) de Frey & Henley , se fueron incorporando guitarristas virgueros, primero Don Felder ( el tipo que enseño a tocar a Tom Petty) y después Joe Walsh desde los James Gang, dejando por el camino a fundadores egregios como Leadon o Meisner.

Pero la gran diferencia con el resto de sus grupos afines la puso precisamente Frey y no era una cuestión puramente musical: el de Detroit dedicaba su tiempo libre a estudiar libros y manuales de marketing y empresa. No quería liderar otro grupo más de música country. Quería convertir a los Eagles en el grupo más rentable de la música americana. Lo logró. Pero a costa de acabar con el propio grupo tras años de desenfreno y exceso.
Volvieron a reunirse cuando eran ya unos respetables padres de familia, se habían cambiado el tabique y la tentación del dinero seguro fue demasiado grande. Dieron la vuelta al mundo y se hicieron de oro de nuevo, e incluso llegaron a publicar un disco más que decente.
Su eclipse fue el fin de una era, cuando amanecía el punk al otro lado del Atlántico, y en aparecía por el firmamento un chaval, también de clase trabajadora, pero de Nueva Jersey, dispuesto a coger el testigo: se llamaba Bruce Springsteen.
Al día siguiente de la muerte de Frey, el Boss le dedicó su particular homenaje , interpretando a su manera Take it easy. Él, como Ryan Adams reconocieron el papel que Frey representa en la historia de la música americana. Sin él las cosas hubieran sido distintas.

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