El Día de las Tiendas de Discos: no jugar con fuego

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Hace siete años Chris Brown tuvo la bonita idea de dedicar un día al año a celebrar la existencia de las pequeñas tiendas de discos, en aquel entonces en franco retroceso. Un año después se incorporó a la idea Inglaterra y desde entonces el tercer sábado de abril se celebra en todo el mundo el Día de las Tiendas de Discos ( Record Store Days).
En aquella época estas tiendas, que habían sido durante los años 80 la fuente de información y alimentación de cualquier aficionado a la música, estaban al borde de la desaparición: el vinilo se había convertido en un objeto de anticuario, las cintas de casette habían desaparecido y los Cds se batían en retirada ante la descarga masiva y generalizada a través de Internet.
Nunca olvidaré el tormento que suponía en aquellos años intentar comprar un disco de vinilo, aguantar la mirada zumbona del tendero, y acabar rebuscando en mercadillos de chamarileros a la búsqueda de alguna ganga. Pero las cosas cambiaron. Y la tienda que en el año 2004 en Washington DC me remitía a oscuros tugurios de la zona chunga de Adams Morgan para calmar mi adicción al vinilo, dedicaba más de la mitad de su extensión en 2012 a esos discos de vinilo que despreciaba años atrás.
El negocio volvió a florecer; las tiendas supervivientes vivieron una segunda juventud y aparecieron otras nuevas. Comenzaron a editarse en vinilo los lanzamientos no solo de los dinosaurios de los 70 y 80 sino también de los grupos emergentes, que encontraron en el vinilo una señal de distinción. Y no solo volvieron a salir de la tumba las estrellas de la radio a las que mató el video, sino que también empezaron a dejarse ver por allí tipos y tipas de 20 años curiosos por aquel formato vintage que conocían de casa de sus padres.
Según informa Fortune la venta de discos de vinilo se ha multiplicado por 6 en el tiempo que se lleva celebrando el Record Store Day, fiesta en la que participan más de 1300 tiendas en Estados Unidos cuando en 2008 apenas llegaban a 500.
Pero , como comenta la revista económica, una vez más este renacimiento puede ser víctima de su propio éxito. Pone un ejemplo evidente: el Innerspeaker de TAME Impala se vendía en 2010 a 19 dólares; su segundo disco, Lonerism se vendía en vinilo en 2012 a 24,99. El reciente Current alcanzó en su salida el año pasado los 30 dólares ( camuflado ante el consumidor el tramposo y miserable número de 29,99, algo que hacen también las tiendas españolas).
Cuando compraba mis vinilos hace cinco años los encontraba siempre al mismo precio que su versión en CD. Ahora es raro encontrarlo a menos de 25 pavos. Admito que el formato merece hacer un esfuerzo, máxime si se acompaña de una buena información en forma de letras e información sobre la grabación, y sobre todo si además incluye el código para bajarse el MP3 o su versión equivalente en CD.
Pero hay que sospechar siempre de una industria tan miserable como la discográfica. Hace unos días comentábamos la ruin y mezquina política de la discográfica de Quique González que vende su producción íntegra a grandes superficies impidiendo su compra en las pequeñas tiendas que estos santos gurús dicen amar tanto.
Celebremos como merece el Día de las Tiendas de Discos pero que no jueguen con fuego pensando que han vuelto a descubrir la gallina de los discos de oro. Llevan las de perder si no se portan bien. Y lo saben

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