Los corazones rotos hacen que llueva

a_moon_shaped_pool

(A moon-shaped pool, all dense and cold,
You love and I wouldn’t know, but hold me, hold me…)
Sweet-faced ones with nothing left inside
That we all can love
Sweet-faced ones with nothing left inside
That we all can love
And now I see you messing me around
I don’t want to know
I don’t want to know
Broken hearts make it rain
Identikit. Radiohead

Un disco de Radiohead es siempre un acontecimiento en sí mismo: habrá algunos que siempre considerarán que no está a la altura de sus obras maestras, que implica una reiteración, una rutinaria continuación, quizá una decepción.
A Moon shaped pool sufrirá de esas calificaciones. Su primer disco desde The Kings of Limbs de 2011, no es en sentido estricto un disco inédito. Incluye un buen puñado de versiones de canciones que habían ido deslizándose en sus conciertos e incluso en discos anteriores, según iban saliendo de la marmita de Yorke. Un largo rosario que se puede remontar hasta 1995 ( True love waits).
Comienza con unos impresionantes arreglos de cuerda que van subiendo para envolver la impecable voz de Yorke (más brillantemente contenida que nunca) en un relato desasogante:
“Red crosses on wooden doors, And if you float you burn, loose talk around tables, abandon all reason, avoid all eye contact, do not react, shoot the messengers.
This is a low flying panic attack, Sing the song of sixpence that goes, Burn the witch, Burn the witch, We know where you live”.

Cuerdas que continuarán estando presentes hasta el final de la mano de Johnny Greenwood con la London Contemporary Orchestra.
Si siempre estuvieron en el punto de mira de los escasos gurús de la llamada música clásica capaces de apreciar algo de la música popular ( léase el Ruido Eterno de Alex Ross), con este trabajo abundan en su exhibición de virtuosismo, al alcance de muy escasos grupos o intérpretes.
A moon shaped pool es de los discos que generan atmósfera, una pegajosa telaraña de la que es muy difícil desprenderse, ya sea la hipnótica Ful stop, la letanía de dolor personal de Identikit ( una de cuyas versiones se grabó en el estudio de Jack White, el Johnny Depp de los White Stripes) o la suave pátina de bossa nova de Present Tense.
Las canciones se suceden en orden alfabético donde no es posible elegir cual se llevaría uno a una isla desierta (nombre por cierto de Desert Island Discs en referencia a uno de esos programas donde el personal elige que se llevaría a un lugar semejante).
Muy difícil elegir entre la citada Identikit con el falsete inconfundible de Yorke, o el juego entre guitarras y piano de The numbers, la mejor demostración de lo que debió ser el rock sinfónico y no llegó a ser.
Pero dentro de este indispensable joyero hay un pequeño diamante de apenas dos minutos y medio. Se llama Glass eyes y difícilmente se podrá encontrar algo más hermoso en la música contemporánea.
La piscina con forma de luna será uno de los discos de la década. Una obra maestra

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