Lo mejor de 2016, el año de los muertos vivientes

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Fue un año aciago en que los refugiados murieron a saco buscando una salida al infierno en que se convirtieron sus vidas, mientras todos nosotros, los europeos, esa gente tan civilizada, aplicábamos el procedimiento administrativo del que somos tan expertos, la medida infalible para no solucionar nada.

Un año en que los más lustrosos botarates se subieron al escenario, convocando referéndums ridículos para poner en evidencia lo imbéciles que eran, y donde el mayor chiflado de la galaxia fue elegido presidente gracias a la conjura de los necios que asolan, desde el país más poderoso , el escaso planeta que nos queda.

Para acabar de sumirnos en la miseria, como si un invisible Flautista de Hamelin portador de una siniestra guadaña apareciera por la aldea , fueron desfilando desde primeros de año algunos de los individuos que más colaboraron en hacer nuestra vida hermosa, digna y memorable.

David Bowie, Glenn Frey, Paul Kantner, Merle Haggard, Maurice White, Black, Prince, Leon Russell, los dos tercios de ELP ( Keith Emerson y Greg Lake),Manolo Tena, Leonard Cohen, Sharon Jones, George Michael,por citar solo algunos se fueron dejando el vacío de los discos que nunca existirán , pero que quizá podrían haber existido si esa enfermedad, accidente, o tóxico inoportuno no hubieran hecho su efecto.

Dos de ellos aún llegaron a publicar sendos discos, apurando hasta el final su pacto oculto con el diablo.

Bowie publicaba en la transición del 2015 al 2016 Blackstar, una despedida portentosa en un tipo que se estaba muriendo y lo sabía, tal vez obsesionado por dejar la última muestra de su forma de hacer canciones:

“I know something is very wrong / The pulse returns the prodigal sons / The blackout hearts, the flowered news, with skull designs upon my shoes”,cantaba en I Can’t give everything , la canción que cierra el disco y en la que su voz es perseguida por el angustioso saxofón de Donny McCaslin, una canción estremecedora, como lo es ese extraño himno de poseídos que es Blackstar donde anticipa lo que viene encima (“Something happened on the day he dies / Spirit rose a meter and stepped “).

Desde el disco de despedida de Warren Zeavon en el que el americano llamaba con desesperación a las puertas del cielo, no se conocía un mayor ejemplo de agonía reconvertida en canción y videoclip “Look up, I’m in heaven” ( Lazarus).


Solo unos meses después salía de la otra esquina del escenario de los Muertos Viviantes, su majestad don Leonardo, quien ya había advertido que pedía pista para aterrizar en las cartas a su amada Marianne (“Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino.”)

You want ot darker es otra joya, que perdurará en la memoria de aquellos con suficiente sensibilidad para apreciar la belleza que se esconde detrás de una voz rota, un discreto piano y unos versos que estremecen:

I’m leaving the table
I’m out of the game
I don’t know the people
In your picture frame
If I ever loved you, oh no, no
It’s a crying shame
If I ever loved you
If I knew your name

You don’t need a lawyer
I’m not making a claim
You don’t need to surrender
I’m not taking aim
I don’t need a lover, no, no, no
The wretched beast is tame
I don’t need a lover
So blow out the flame

There’s nobody missing
There is no reward
Little by little
We’re cutting the cord
We’re spending the treasure, oh no, no
That love cannot afford
I know you can feel it
The sweetness restored

I don’t need a reason
For what I became
I’ve got these excuses
They’re tired and they’re lame
I don’t need a pardon, no no, no no, no
There’s no one left to blame
I’m leaving the table
I’m out of the game
I’m leaving the table
I’m out of the game

Una canción vale por todo un año aciago. You want it darker no solo es uno de los mejores discos de Leonard Cohen ( que ya es decir mucho) sino uno de esos tesoros que se guardan para degustar en silencio, en especial cuando algún final está cerca.

El prólogo y el epílogo de un año triste.

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Una respuesta a Lo mejor de 2016, el año de los muertos vivientes

  1. Salva dijo:

    Apunta Rick Parfitt de mis queridos Status Quo.
    Un saludo

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