Standing Rock: una derrota más

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Standing Rock es una reserva más en el mapa de la ignominia cruzado por barras y estrellas. Un lugar extenso pero despoblado, cuyos habitantes, mayoritariamente lakotas tienen una esperanza de vida menor de 50 años, la más baja de todo el hemisferio Norte excepto Haití. Un lugar donde el alcohol y la metanfetamina (tan celebrada por los seguidores de las series guays) convierte a los seres humanos en piltrafas. Donde los demócratas compran votos a cambio de hamburguesas y los republicanos ni lo intentan porque no merece la pena. Para Clinton y Trump esa gente sencillamente no existe por lo que no mereció la pena perder un minuto en ellos durante la campaña electoral..

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El año pasado asomó su cabeza “la serpiente negra” que llevaba años medrando poco a poco bajo su territorio: un oleoducto de cerca de 2.000 kilómetros que llevará el petróleo hasta Illinois. Arrasará territorios de culto y cementerios llenos de cadáveres cultivados con esmero por la raza blanca, esa raza que profana las tumbas para llevarse abalorios. La serpiente negra contaminará aguas ( solo de los indios claro) y los escasos cultivos existentes, de forma que los activistas que hasta ahora nunca repararon en esta gente hedionda se personó en la reserva para apoyar a los indígenas en su protesta. Porque desde mitad del año pasado fueron congregándose en Standing Rock en apoyo de aquellos lakotas olvidados por dios y por el tiempo, nativos americanos de diversos orígenes, activistas variados, curiosos y turistas del ideal.La respuesta de las autoridades locales fue,como de costumbre, desproporcionada: no les liquidaron directamente y les dejaron tirados como perros (como hicieron hace un siglo en Wounded Knee) porque queda feo en televisión. Pero el bondadoso Obama apenas movió un dedo. El gran Barak había paralizado meses antes a otra serpiente negra, el tramo XL del oleaducto de Keystone porque la emisión de gases afectaría probablemnte al cambio climático. Pero ya se sabe que lucha contra el cambio climático mola y convierte en moderno a quien actúa; pero esos viejos gordos repletos de anfetas son otra cosa. Que tema más viejuno este de los indios…

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De todas formas, aunque sean indios, levanten tepees y se adornen con plumas viven en el siglo XXI , y gracias a un inteligente manejo de ese gran invento llamado internet y las redes sociales consiguieron activar a su favor a la opinión pública, campaña que culminó con la paralización de la serpiente a principios de diciembre. Nos felicitamos entonces de aquella inesperada victoria, que nació muerta. Un mes antes acababa de ser elegido presidente Mr. Trump, por muchos de los que desearían ver exterminados de una maldita vez de la faz de la tierra a esta gente salvaje , maloliente y sucia. Trump es socio de la empresa que construye el oleoducto y que financió con donaciones generosas su campaña. Así que en cuanto tuvo ocasión abolió aquella suspensión de Obama para facilitar el sinuoso recorrido de su serpiente.
Persistieron las protestas, se enrocaron indios y activistas en el páramo en medio de nieve, mientras ejército y policía procedía a desalojarles de la que un día fue su tierra. Esta vez no hizo falta matar, violar y despellejar a mujeres y niños, ni hacerse con el escroto bolsas de tabaco en pipa. El tiempo todo lo civiliza y Standing Rock ha sido hoy por fin desalojada sin disparar un tiro. Son las grandes conquistas de la civilización.

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