Requiem por el Ruido Rosa

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En el Infierno hay un lugar llamado Malasbolsas, en el círculo Octavo, de piedra ferrugienta, igual que el cerco donde está encerrado. En él sufren tormento los fraudulentos, rufianes y seductores, aduladores, simoníacos, adivinos y magos, barateros, hipócritas, ladrones, malos consejeros, sembradores de discordia y falseadores. Lo escribe el Dante en el Canto XVIII de su Comedia. Allá está condenado a penar por toda la eternidad el actual alcalde de Granada, un poco más allá de donde acabará su antecesor, ciudadano del Círculo III (el de los glotones), frontera con el IV (el de los avaros y pródigos,…para los propios claro).
El actual alcalde encaja bien en buena parte de las categorías incluidas en Malasbolsas, en especial la de los aduladores, hipócritas y fraudulentos.En la última feria del turismo, ese engendro llamado FITUR ,acudió con un tándem imbatible para promocionar la ciudad: el binomio gastronomía y música combinando asombrosamente el rock con las tapas, y que tiene su culminación en los llamados Rincones del Rock, donde uno puede disfrutar cada 15 días de una gloriosa actuación musical mientras se zampa una tapa de habicas. El señor alcalde (el nuevo) no hace más que seguir la estela de su antecesor, el condenado al tercer círculo del Infierno, quien en otro rapto de ingenio bautizó a Granada como la ciudad del rock ( o en siglas absurdas GRX R&R).
Según parece con esta brillante iniciativa pretenden atraerse a miles y miles de turistas, incluidos chinos y japoneses, que deben andar abarrotando los mostradores de las agencias de viajes de Tokio y Nangking en busca de un pasaje para poder acudir al próximo Rincón del Rock.
Que a las autoridades culturales de este país el rock&roll les importa un rábano es público y notorio. Lo cual por otra parte no es ningún desdoro para nadie: al fin y al cabo si a uno lo que le pone es Julio Iglesias, Raphael y Betty Missiego no tiene por qué ocultarlo. Como tampoco es motivo de vergüenza que uno siga con la matraca de Ana Belén y Victor Manuel treinta años después de la Muralla. Yo personalmente odio profundamente la zarzuela (con la que me torturaron la más tierna infancia), la copla (con la que me atormentaba mi abuela), o la sobrevalorada música clásica (castigo ejemplar de mi abuelo si no comía acelgas), pero nunca he pretendido engañar a nadie hablando maravillas de las variaciones Goldberg ejecutadas por Gould.
Estos munícipes astutos, por el contrario, apuntan en su casillero los méritos de las bandas rockeras de Granada, en número y calidad desproporcionado para una ciudad pequeña y en donde al rock nunca se la ha prestado la más mínima atención por parte de sus representantes.Pero a la vez cercenan, limitan y estrangulan la sana manifestación del talento local.
Acaba de morir el mejor garito para escuchar música que albergaba la ciudad. Se llamaba el Ruido Rosa, y en su exiguo local no solo se podía disfrutar de una birra fría mientras sonaba alguna joya de Elmore James o Hank Williams, sino que era obligada estación de paso de cualquier músico digno que estuviera de gira por la ciudad.Un tugurio de músicos y para músicos que educó el oído de los feligreses durante 30 dichosos años
La “exigente” legislación andaluza y las ordenanzas municipales del impulsor del GastroRock han llevado al cierre al mítico local de los hermanos Lapido treinta años después de su apertura.
Como señalan en su despedida,  ésta es la admirada ” ciudad del rock”, la misma que entierra sus rios, mata a sus poetas y ahora también calla su música.
Descanse en paz. Esperemos que en este caso, resucite al tercer día, al tercer mes o al tercer año. Y que los responsable de su muerte se pudran en el Infierno.

ESTA NO ES MANERA DE DECIR ADIÓS”

Sí, amigos, durante los últimos 30 años hemos intentado hacer de Granada una ciudad mejor. Nuestro empeño ha sido difundir la cultura musical en todas sus formas, contribuir a crear una escena musical alternativa a la corriente mayoritaria y también, por supuesto, hacer de Granada una ciudad más divertida. Pero nos vemos obligados a decir adiós.

Han sido tres décadas en las que hemos formado una gran familia en torno al Ruido Rosa, un lugar en el que nos hemos visto reír y llorar, amar y odiar, cantar, disfrutar en la búsqueda constante del mejor arte. Tras las puertas del Ruido hemos sido capaces de crear un pequeño espacio para la libertad, pero ahora esa libertad no es posible.

No queremos despedirnos sin dedicar un recuerdo muy especial para los que se quedaron en el camino, para los que de un modo u otro habéis trabajado en el Ruido, y a todos los que asiduamente o de vez en cuando os apoyasteis en nuestra barra, vosotros lo hicisteis grande. Y, cómo no, a todos los artistas que os subisteis a su pequeño escenario, a todos muchas gracias por vuestro arte, gracias y adiós.

Adiós porque esto muere, desaparece, se pierde por el empeño de las administraciones en aplicar leyes que impiden el desarrollo de actividades musicales en locales como el nuestro.

El apoyo a la escena musical de nuestra ciudad no debe consistir sólo en gestos y proyectos de cara al turismo. Al menos habría que cuidar que no se destruya el tejido musical ya existente.

Teníamos una larga lista de actuaciones para este año, pero la estricta normativa y la presión de las sanciones han terminado por asfixiar uno de los últimos templos de la música granadina. El Ruido cierra sus puertas para siempre.

En estos 30 años hemos visto pasar por el Ayuntamiento de Granada todo tipo de opciones políticas, todas con un denominador común: la constante persecución a la música en cualquiera de sus manifestaciones. Tres décadas de constantes normativas, tanto del Ayuntamiento de Granada como de la Junta de Andalucía, que limitan, vigilan, presionan y hacen imposible el desarrollo normal de cualquier actividad. Claro está, con un claro y desbocado afán recaudatorio.

En el Ruido se ha movido buena parte de la escena musical granadina, y ellos lo saben. Hemos sido la contracultura, los que contestan, los que no se callan, y eso no les gusta.

Esto es lo que está pasando realmente en Granada, “la ciudad del rock”, la misma que entierra sus rios, mata a sus poetas y ahora también calla su música.

Esta vez ganan ellos, pero a veces hace falta un cadáver para que empiece una revolución. Pues bien aquí, lo tenéis.

Hey hey, my my, rock & roll will never die!

RUIDO ROSA

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