Tiendas de discos: hay cosas que el dinero no puede comprar

Fachada Marcapasos

Me fui ayer a celebrar el día de las Tiendas de Discos que se celebra hoy en todo el mundo.Se que me perderé el ambiente, las actuaciones de los grupos enrrollados en estos expendedores de placer, y también mucho postureo de los que no pasan por estas tiendas más que en este día, alborotando mucho y comprando poco.

Me fui ayer porque disfrutar de tu tienda de discos favorita requiere de la disposición mental adecuada, una extremada concentración, y el tiempo suficiente por delante: ni mucho (que te hará distraerte de lo esencial), ni poco (que te impedirá revisar el material con el cuidado que merece). A diferencia de hoy, ayer mi tienda favorita en mi ciudad apenas tenía feligreses: algún grupo de adolescentes curiosos (sorprendidos de quien era Iggy Pop o interesados en precios de camisetas y bolsas de mano), por lo que hubo tiempo y espacio para que Pepe y Lola, me suministraran nuevos tesoros, algunos conocidos y buscados ( por fin el disco en vinilo de William Bell), y otros completamente desconocidos.

En los años 60 un tipo de Pittsburg que tocaba el piano a la manera y bajo la influencia de Bill Evans, se empeñaba en colocar en el mundo el talento de los artistas nacidos en esta ciudad de Pennsylvania, quienes habitualmente emigraban a las grandes ciudades del norte o de la costa oeste en busca de fortuna.

Frank Cunimodo  había empezado a tocar el piano a los 6 años, y se había formado en la misma escuela que Errol Garner o Ahmad Jamal y tiene una larga trayectoria de trabajo discreto, casi anónimo junto a gente como Lee Konitz, Phil Woods o Joshua Redman. No aparece en las grandes enciclopedias del jazz ni se le dedican biografía. Pero continuó dedicando su vida a su pasión, ya fuera enseñando o regentando un club de jazz en su ciudad.

Allá por el inicio de los 70 publicó un disco que incluía su único éxito: Feeling good , que se hizo célebre como banda sonora de una marca de cervezas.

Aquel disco introducía una maravillosa voz que por entonces contaba solo 19 años: la de Lynn Marino, una choca de Pittsburg que comenzó a canta con su padre, también bajista de jazz cuando apenas tenía 12 años. Desde esa edad y hasta los 16 fue creando una reputación como cantante a lo largo de buena parte de los clubs de la ciudad ( “ amitad de camino entre las chuletas de ternera con las que me pagaban y mis ganas de volver a casa”), incluso en algún programa de televisión local.Graduada entonces en la Norwin High School  en el año 1966 formó su propio trío con ella al piano, con el que empezó a viajar por todo Estados Unidos.Volvió a Pittsburg en el 68 , de nuevo ocupada en pequeños clubs y los salones del Holiday Inn. Cunimodo , siempre atento al talento, tuvo la astucia de incoprorarla a su trío y grabar aquel disco único del 71, en que incluía la versión de su gran éxito ( Feeling Good), el Beyond the clouds que había compuesto su amigo el Dr Di Gioia y el clásico We’ve only just begun.

El alquimista de mi tienda de discos favorita llevaba años persiguiendo la joya en forma de vinilo. Una joya que no aparece en Spotify, ni en las listas de éxito del año ni en las recomendaciones de los periódicos para el fin de semana. Nunca lo hubiera conocido de no disponer de una pequeña e imprescindible tienda de discos, de consejeros cuyo trabajo es simplemente impagable si a uno lo que le interesa es la música.

Hay cosas que el dinero nunca puede comprar. Para todo lo demás, véte a la Fnac.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en tiendas de disco y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Tiendas de discos: hay cosas que el dinero no puede comprar

  1. Miguel dijo:

    Nuestro día más triste no va a ser cuando el Madrid no gane una Champion. Nuestro día más triste será cuando no tengamos tienda de discos donde ir a comprar “nuestras pequeñas joyas” que muchas veces solo nosotros valoramos en su justa medida. No hay vida sin música. Yo ya es lo único que escucho. Odio esas tertulias radiofónicas donde todo el mundo dicta sentencia sin conocimiento de nada. Sin música la vida es mucho más gris.

    • lacarave dijo:

      Cuanta razón tienes Miguel. A veces “solo” nosotros lo valoramos en su justa medida. No hay vida sin música.Cada día es el mismo día de la marmota si oyes la radio convencional: las mismas secciones, los mismos anuncios, los mismos comentarios, las mismas noticias
      Da asco ver a gente que se pasa la vida entre la radio y la tele, hablando de todo sin saber de nada.
      Tipos y tipas que pasan de hablar de economia a sanidad, de cultura a medio ambiente. Basura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s