Otra forma de belleza

shampa

“You would show me I have something some people call a soul,”

Shampa

Un somnoliento día de mitad del invierno, cuando todos los días parecen iguales, conduciendo hacia el instituto con mi hija, se coló desde el Hoy empieza todo de Radio 3 el delicado y envolvente susurro de un piano, acunándonos en mitad del atasco; suavemente apareció una voz conversando  a media voz con aquel piano que respondía, refutaba o asentía. Mi hija, aficionada a ritmos más tormentosos, preguntó: ¿Pero quien es éste?

Era Shampa y su piano, convertidos desde entonces en nuestro secreto del año.

Hay padres sensatos que luchan contra el riesgo de idiocia de sus hijos con remedios inteligentes. Los de Shampa, preocupados porque el chaval no se convirtiera en un adicto a las pantallas que embrutecen y licuan el cerebro infantil le regalaron un piano a los 3 años. Solo así se entiende que la canción estrella de su magnífico Process se llame No one knows me like my piano. Ha establecido tal relación con el instrumento que, por lo que parece, éste se ha convertido en su mejor amigo.

Shampa ha estado buceando bajo el radar hasta ahora, limitándose a colaborar con su piano y sus coros con gente del nuevo soul electrónico, tipos como Kenye West, Fran Ocean o Solange y sus rulos. Este es su primer disco,una elegante presentación en sociedad, tras dos previos intentos en forma de EP, donde ya daba muestras de lo que era capaz con pequeñas maravillas como Too Much. Un disco que suena como si James Blake hubiera sido poseído por el Groove.

Process es un disco impregnado de la pérdida y la tristeza generadas por la muerte de sus padres ( la más reciente la de su madre) y su neura tras la aparición de un nódulo en sus cuerdas vocales de origen incierto.En el que se revuelca los fundamentos del rythm’n blues con ritmos africanos de raigambre familiar ( Kora sings) recubierto del envoltorio electrónico de sus padrinos.

En cierta forma Shampa parece la antiestrella, un tipo introvertido que huye de los focos y las extravagancias para pasar los días entretenido en sus conversaciones con su piano. Charlas tan evocadoras como What shouldn’t I be o Incomplete Kisses, angustias como la espléndida canción pop Blood on me.

Shampa, otra forma de belleza.

“No one knows me like the piano in my mother’s home/You would show me I had something some people call a soul/And you dropped out the sky, oh you arrived when I was three years old”

 

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