Sanko, el tipo del traje embutido

myles sanko.jpg

Con una introducción instrumental clásica y elegante al estilo de Donny Hathaway, en tiempos en que esta forma de entrar en harina ya no se estila, Myles Sanko iniciaba su último disco, Just being me. Aromas de alcoba con un líquido piano a lo Richard Tee, abre paso la canción que da título al álbum, donde la sombra de Bill Withers es más que alargada.
Sanko apenas tiene dos discos y medio pero constituye otro de los ejemplos del renacimiento del soul más clásico, el heredero de los Marvin Gaye, Wilson Pickett o Gil Scott Heron, siguiendo la estela que llevan labrandomás recientemente  tipos como D’Angelo, Maxwell, o Curtis Harding.
Uno pensaría que el tipo se crió en alguno de los suburbios de Detroit pero los orígenes de Sanko se encuentran en otro continente, África, y más concretamente en Ghana. Su adolescencia fue un reiterado viaje de ida y vuelta a Inglaterra para acabar siendo francés , recorrido en que fue tramando y perfilando su propio estilo musical, desde el rap al funk más delirante con el grupo Bijoumiyo, juramentado en torno a la improvisación continua y la ausencia de grabación alguna, lo que inevitablemente llevaba al desconcierto de sus seguidores, que nunca podían escuchar dos veces la misma canción, a la manera del agua del río de Heráclito. Pero el tiempo y la escucha atenta de los sampleos de sus raperos favoritos le llevó a descubrir la corriente profunda que fluía semienterrada, aquellos viejos maestros del soul de los 60 y 70 que configuraron su nuevo estilo, ya bien manifiesto en su primer EP , Born in black and White.
Just being me es otra vuelta de tuerca tras el magnífico Forever dreaming , un disco conceptual con la mezcla adecuada de amores desolados, angustias vitales y reivindicaciones sociales tan habituales en los buenos discos de soul . Así Promises comienza con una batería sobre la que cuelga una de las canciones de irritación política habituales en la discografía de Scott Hero (“Finally your promises/Your promises don’t mean a thing/To me, to them, my friends, you see”), tendencia que mantiene This isn’t living, envuelto en aquellas orquestaciones del final de los 70 y principios 80 que parecían haber pasado a la historia.´
Land of Paradise es en cambio una excursión al vecindario vecino, el del jazz, sin perder de vista de donde se viene, derivas que frecuentan con asiduidad Jose James o el mismo Gregory Porter.
Por el contrario Forget me not o I belong to you transita por la torridez más desaforada, la peligrosa embriaguez que impregna el amor y sus residuos.
Sanko andará dentro de unas semanas por aquí, embutido en sus trajes dos tallas menos de lo adecuado, como dice mi amiga Azules. Para no perdérselo

Anuncios
Esta entrada fue publicada en soul y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s