Las nueve vidas de Valerie

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Confieso que compré aquel Wild Child por la portada. No había visto nunca una cara tan guapa en la portada de un disco, impresión que se confirmaba al darle la vuelta. Sin embargo lo que había dentro no era solo eso. Su voz era la más oscura, la más profunda de las cantantes de la época dorada del rock californiano. Más rica y más sugerente que la de Judy Collins, Rinda Ronstadt, Carole King o la propia Joni Mitchell.

Aquel grisáceo Wild Child suponía su segundo disco en solitario. Contaba para él con la plana mayor de los músicos de estudio de Los Ángeles, aglutinados en torno a lo que después sería Toto. Unos años antes, en 1977 había publicado el que fue su mejor disco, uno de los más delicados y hermosos discos de la música americana de los años 70, Just a stone’s throw away, sobre el que planeaba la larga sombra de los Litlle Feat y de Lowell George, algo más que un buen amigo. Por allí aparecían clásicos como Herb Pendersen , Maurice White, John Sebastian, John Hall o el siempre cercano desde entonces Jackson Browne.

Valerie había nacido en 1953 en Winter Haven ( Florida), pero pasó su infancia dando tumbos en función del lugar al que destinaban a su padre. Cuando llegó a Tucson, en Arizona, empezó a aplicar de forma más regular sus habilidades musicales en una banda de la hermana de Linda Ronstadt, Gretchen. En Nueva York se unió a dos tipos a los que se llevó el tiempo y la historia, y con los que formó un trío de un solo disco: Howdy Moon. Les sirvió para dar conciertos por el Trobadour y unirse a la alegre y disoluta pandilla de Laurel Canyon. Eran los días de rosas: apreciada por su voz, ideal para hacer coros y harmonías, poco a poco se fue descubriendo su habilidad para la composición, no solo para sus propios  trabajos sino también para los ajenos ( como el Love needs a heart del disco mejor vendido de Jackson Browne , Running on empty).

Pero poco a poco cambiaron las tornas. Al fulgurante inicio le sucedió el silencio. Valerie comenzaba a resbalar, como tan bien cantó otro ilustre maldito. Apenas se supo de ella durante cerca de quince años. Apareció por España el año de los grandes fastos, acompañando con un coro de lujo ( McCuller, Lasley, Markowitz;Carter) a James Taylor en aquella extinta Acqualung, donde cuando cantaba apagaba al resto. Parecía acomodarse a ese papel de acompañante de lujo, que de nuevo le llevó a publicar un nuevo disco, casi veinte años después: se llamó The way it is, un Cd dominado por sus ojos azules, dentro y fuera de la carátula, en el que alternaba composiciones propias, con versiones muy personales de algunas de sus referencias imprescindibles, como Van Morrison, Tom Waits o Neil Young. Un disco familiar, casi de cocina, con sabor a cabaña y espíritu de reencuentro de lo que un día perdió. Un segundo fogonazo que también se apagó. En un último intento llegó a sacar un EP de apenas 6 canciones, un disco perdido en vivo, algún coro resplandeciente como en el concierto homenaje a otra flor de cactus, Nicolette Larson.

En 2009 volvió a saberse de ella: había sido detenida por la policía de la ciudad de St. Pettisburg en Florida por tenencia de cocaína. Unos meses después fue por crack.  Tocó otra vez el fondo. Su hermoso rostro se llenó de surcos y de sombras. Apareció en su ayuda su amigo Taylor, quien sabe bien de que va el espinoso camino entre fuego y lluvia. Él pagó de su bolsillo los tres meses de rehabilitación de Carter en un centro en Texas. A cambio de ella podía evitar ingresar en prisión, “graduándose” en la corte de Pinellas County por buen comportamiento, siempre y cuando no hubiera cometido un delito con violencia.

Carter se abrazó a su amigo al ser retirados los cargos, escondiendo su pequeña figura entre los brazos del tipo largo de Boston.”Soy un gato con 9 vidas”.

El domingo se le escapó la última.

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Standing Rock: una derrota más

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Standing Rock es una reserva más en el mapa de la ignominia cruzado por barras y estrellas. Un lugar extenso pero despoblado, cuyos habitantes, mayoritariamente lakotas tienen una esperanza de vida menor de 50 años, la más baja de todo el hemisferio Norte excepto Haití. Un lugar donde el alcohol y la metanfetamina (tan celebrada por los seguidores de las series guays) convierte a los seres humanos en piltrafas. Donde los demócratas compran votos a cambio de hamburguesas y los republicanos ni lo intentan porque no merece la pena. Para Clinton y Trump esa gente sencillamente no existe por lo que no mereció la pena perder un minuto en ellos durante la campaña electoral..

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El año pasado asomó su cabeza “la serpiente negra” que llevaba años medrando poco a poco bajo su territorio: un oleoducto de cerca de 2.000 kilómetros que llevará el petróleo hasta Illinois. Arrasará territorios de culto y cementerios llenos de cadáveres cultivados con esmero por la raza blanca, esa raza que profana las tumbas para llevarse abalorios. La serpiente negra contaminará aguas ( solo de los indios claro) y los escasos cultivos existentes, de forma que los activistas que hasta ahora nunca repararon en esta gente hedionda se personó en la reserva para apoyar a los indígenas en su protesta. Porque desde mitad del año pasado fueron congregándose en Standing Rock en apoyo de aquellos lakotas olvidados por dios y por el tiempo, nativos americanos de diversos orígenes, activistas variados, curiosos y turistas del ideal.La respuesta de las autoridades locales fue,como de costumbre, desproporcionada: no les liquidaron directamente y les dejaron tirados como perros (como hicieron hace un siglo en Wounded Knee) porque queda feo en televisión. Pero el bondadoso Obama apenas movió un dedo. El gran Barak había paralizado meses antes a otra serpiente negra, el tramo XL del oleaducto de Keystone porque la emisión de gases afectaría probablemnte al cambio climático. Pero ya se sabe que lucha contra el cambio climático mola y convierte en moderno a quien actúa; pero esos viejos gordos repletos de anfetas son otra cosa. Que tema más viejuno este de los indios…

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De todas formas, aunque sean indios, levanten tepees y se adornen con plumas viven en el siglo XXI , y gracias a un inteligente manejo de ese gran invento llamado internet y las redes sociales consiguieron activar a su favor a la opinión pública, campaña que culminó con la paralización de la serpiente a principios de diciembre. Nos felicitamos entonces de aquella inesperada victoria, que nació muerta. Un mes antes acababa de ser elegido presidente Mr. Trump, por muchos de los que desearían ver exterminados de una maldita vez de la faz de la tierra a esta gente salvaje , maloliente y sucia. Trump es socio de la empresa que construye el oleoducto y que financió con donaciones generosas su campaña. Así que en cuanto tuvo ocasión abolió aquella suspensión de Obama para facilitar el sinuoso recorrido de su serpiente.
Persistieron las protestas, se enrocaron indios y activistas en el páramo en medio de nieve, mientras ejército y policía procedía a desalojarles de la que un día fue su tierra. Esta vez no hizo falta matar, violar y despellejar a mujeres y niños, ni hacerse con el escroto bolsas de tabaco en pipa. El tiempo todo lo civiliza y Standing Rock ha sido hoy por fin desalojada sin disparar un tiro. Son las grandes conquistas de la civilización.

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16 canciones de 2016

The three of me. William Bell

Del último disco de este ilustre veterano del soul cualquier canción es un escándalo, pero quizá ésta sea la que mejor sintetiza 50 años de experiencia. Una maravilla

Daddy Lessons. Beyoncé & Dixie Chicks

Si se escucha esta canción a ciegas, uno pensaría que está en medio de algún tugurio del delta . Cerca de un cruce de caminos en donde lo mismo se pueda uno dirigirse al country festivo, el cajun de caimán o el jolgorio del Mardi Gras. Detrás de esa armónica que juega a la flauta del tipo de Hammelin, juguetean las voces de Beyoncé y las chicas de las que tanto abominó la familia Bush

Best of you. Blood Orange

Uno de los discos de soul tórrido del año, con este elegante trote percusión que va avanzando en el toma y daca que representan Hynes y Rodriguez. Hipnótica

El pensamiento circular. Iván Ferreiro

En la confortable soledad de su Casa, uno de los mejores discos españoles del año, Iván escribió un puñado de canciones que dentro de diez años probablemente se recordarán como esa ristra de pequeñas perlas que atraviesan ya una carrera impecable. El pensamiento circular es quizá su mejor ejemplo.

La casa de mis padres.Quique González

Este tipo tiene un repertorio tan copioso y memorable que debe resultarle un drama elegir el repertorio de cada concierto. Pero entre todas ellas quizá ésta sea de las más arriesgadas, de las más personales, de las más emocionantes. “Papa, la casa huele a mama”. Solo en 6 palabras se encierra el vacío

Happy Days. His Golden Messenger

Tiff Merritt y MC Taylor , otro de los dúos del año, cuecen una de las canciones más bonitas del año, en el mejor sentido del término. Aunque en esta versión se acompañe de dos compañeros de fechorías, en lugar de la maravillosa Merritt.

Let me get there. Hope Sandoval & Kurt Vile

Until the hunter se quedó colgando entre los discos favoritos de 2016, con esa atmósfera colocante que se despliega a través de la voz de la californiana. Esta let me get there es un paseo hipnótico a la manera de las que construía Neli Young a final de los 70. Acuna y matata.

Lovers of the sun. The Jayhawks

El más que digno Paging Mr Proust de los Jayhawks guardaba algunas pequeñas joyas llenas de armonía vocales de la música californiana de los míticos años 70. Gary Louris vende la casa de El Puerto. Dejará de tomar langostinos, pero esperamos que siga aportando su ración periódica de buen gusto

Numb. Max Jury

Si el disco homónimo fue sin duda uno de los mejores del año, ésta canción es su buque insignia. Una guitarra tan prudente como solvente sirve de columpio para que Jury haga cabriolas, envuelto en unos coros de los que ya no se estilan

Me dejó marchar. Coque Malla

Podría haber sido cualquiera de las canciones del disco. Santo, santo, o la majestuosa entrada de La señal, o Cachorro de león, la delicadeza de la nana final o la mala baba de el Cambio interior. Difícil decidirse. Pero Me dejó marchar es de las canciones que mejor han descrito la aceptación desolada del final.Amoroso , se entiende

Bum, Bum Bum. Cass McCombs

Las tres palabras lo dicen todo. Bum, bum , bum. La contundente elegancia de MccOmbs en un disco impresionante.Ahí le tienen. Parece un leñador experto en el bolsón de Hicks

Work. Morgan

El descubrimiento del año. Carolina de Juan, la voz que se rifa medio panorama nacional cuando de hacer coros se trata. Tras años de ir de garito en garito, sala en sala en 2016 se convirtió en el cerebro y corazón de Morgan,con esa voz capaz de sonar a veces como Lucinda Williams, a veces como Amy Winehouse.
Esta grabación a pelo de otra maravilla North da idea de qué estamos hablando. la mejor voz del pop español en décadas.

Every tome I see a river. Van Morrison.

El clásico del año del gruñón de Belfast que seguriá siendo imprescindible cuando hayamos muerto.En esta grabación, hasta sonríe.

Daydreaming. Radiohead

El comienzo de cuerdas de Born the witch explica por qué en el Ruido Eterno consideraban a Radiohead música casi tan clásica como Beethoven. Un crescendo imparable que va trepando y trepando hasta callar de repente. Lo que viene después es simplemente, la belleza.

Alaska. Maggie Rogers.

Canción silvestre de otra de las sorpresas del año y que parece incitar a salir al bosque completamente desnudos bailando al ritmo de estas envolventes melodías. A seguir de cerca. Esconde la herencia de las grandes, de Joni Mitchel a Kate Bush

Kate Tempest. Europe lost

Creo que es la mejor forma de rematar el año. Porque sirve de nexo a lo que nos espera, este año al que Trump enturbia.
Kate Tempest es alguien tan escandalosamente brillante que da miedo. Poeta brillante, novelista y rapera contundente, circula de una actividad a otra arrastrando a Auden a sus rapeos, o fabricando sus poemas con las urdimbre del hip hop.

En apenas estos 4 minutos Kate Tempest sintetiza en un vertiginoso virtuosismo el patético presente que nos rodea, el estremecedor horizonte que nos espera.

Se aconseja leer primero la letra. Simplemente brutal.

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16 de 2016 ( la lista completa)

No están todos los que son, pero sí creo que son todos los que están. O al menos, a mi me hicieron disfrutar mucho.
Aunque quizá mi disco del año fue el Moon shaped Pool de Radiohead , cada vez me es más difícil establecer rankings por lo que ahí van por riguroso orden alfabético:

1. Case, Lang, Veirs.Case, Lane & Veirs

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2. Lovers. Neils Cline

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3. Leonard Cohen. You want ir darker

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4. Quique González. Me matas si me necesitas

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5. Torv Gustavsen, Simin Tander, Jarle Vespestad. What was said.

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6. His Golden Messenger. Heart like a levee

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7. Max Jury.Max Jury

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8. Coque Malla. El ultimo hombre en la tierra.

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9. Cass McCombs. Mandy love.

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10. Brad Mehldau trio. Blues and ballads.

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11. Radiohead. A moon shaped pool.

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12. Here. Teenage Fanclub

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13. Van Morrison. Keep it singing

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14. Ben Watt. Fever dream

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15. Wilco. Schmilco

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16. Lucinda Williams. The ghost of Highway 20

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Lo mejor de 2016:Tord Gustavsen

 

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Si no hubiera sido por el regalo de un gran amigo no habría conocido este maravilloso disco de 2016, para mi de los más hermosos que escuché en 2016. De Tord Gustavsen ya hablamos en su momento cuando estuvo por aquí, en el festival de jazz de Almuñecar.Pero este año su unió a su habitual colaborador Jarle Vespestad y a la cantante germano-afgana Simin Tander para un proyecto sumamente difícil: integrar dos culturas, dos idiomas, dos formas de poesía a través del nexo común de tres instrumentos: un piano, una batería y una voz que, no solo canta sino que murmura, musita, o hace ruidos.
La voz de Tander sirve de colector de poemas de dos mundos: los procedentes de la tradición sufí de Rami especialmente, a la que es aficionado Gustavsen, y la occidental representada en este caso por el poeta americano Kenneth Rexroth. Pero además , se empeñó en traducir himnos tradicionales noruegos al pastu.
El resultado final es sorprendente: la voz y el piano integran las dos tradiciones poéticas y musicales en una sola,que fluye con delicadeza a lo largo de sus trece canciones.
Lo que fue dicho. Una pequeña maravilla
“ I have closed my ears, I refuse
To listen to my mouth weeping.
I have closed my mouth, I refuse
The taste of my weeping eyes
I have closed my eyes to the past”
( I Refuse).

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Lo mejor de 2016: Mandy love, de McCombs

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Mangy love es el octavo disco de Cass McComb tras colocarse el propio listón bastante alto con el anterior Big wheels and other. Pero como si se tratara de un saltador de salto de altura que cambia su estilo para conseguir nuevas metas, consigue superar el listón sin dificultades.
Ya el inicio ,con el delicadamente machacón y adictivo Bum bum bum, va aventurando por donde van a ir los tiros, con abundantes referencias sociales y políticas:
They say, “Buy when there’s blood in the streets
Even if the blood is your own”
So they employed men far away
To turn against their home
Centuries in the distant mist
But it’s not a dream
No, it ain’t no dream, it’s all too real
How long until
This river of blood congeals?
Bum bum bum

Brutal, en fondo y forma, música y letra, una de las canciones del año.
Ritmo que sigue envolviéndote en la cara opuesta de la moneda , Laughter is the best medicine, que comienza como si hubiera contratado a la sección de vientos de Van Morrison y con la que cierra la primera cara de este album doble.
La segunda cara discurre por los medios tiempos y raras baladas que domina tan bien: opposite house, los aires psicodélicos de Medusa’s outhouse y Low flying bird, que dan paso en la cara 3 a un inicio de lejanos aromas a Lou Reed, que acaba convirtiéndose en una letanía en forma de soliloquio reconvertido en falsete en la magnífica Cry, una reflexión sobre la magnitud de nuestro desconcierto, apoyado en unas guitarras primorosas:
Digging for carrots in the moonlight like an immigrant
Tearing through plastic bags like an addict
You tell me one thing and do the other- that’s weird!
Are you still listening?
I can’t do nothing for you, can’t you see I have no feet?
We’re like two peas in a pod- Netflix and die
Go on and cry
Go on and cry]
You’re lost for the search for Agartha
You’re lost up your own ass
Lost in the oil rainbow’s blue purple shine
Lost in bad poetry
Lost in logic
Lost in a racist bourgeois town
They say the remedy for heartache
Is to drink actual gypsy tears
Is always adds up to the price of salt, why?
Run sister run y su cansino traqueteo medio recitado que se mantiene en In a chinese alley dan paso a la cuarta cara del disco naranja , en la que It , con sus impostados coros , recuerda a algún extraño tema de Roger Waters, en que vuelve a aparecer su mala baba:
It is not wealth
to have more than others
it is not peace
when others are in pain
grita en It, donde acaba con dos versos que son todo un resumen vital
All its life, wandering
all of mine, wondering

Y así seguimos, unos vagabundeando, otro preguntándonos

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Lo mejor de 2016: Blues y Baladas, de Mehldau

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Que Brad Mehldau es uno de los mejores pianistas actuales poca gente lo discute; a pesar de no haber llegado aún a los 50, ha ido construyendo un puente entre dos mundos: a un lado la más exigente capacidad técnica y artística de acuerdo a los cánones tradicionales del jazz; del otro el mundo en el que nació , la atmósfera en la que creció y maduró cualquier persona de menos de 50 años interesada por la música: el rock, la música negra y sus múltiples derivadas. En esos puentes que él construye distorsiona como nadie las melodías que nos identifican las canciones para convertirlas en algo nuevo, ya sea un tema de Cole Porter o de Nirvana.

Este año no tenía suficiente con hacer un gran disco, a la altura de lo que nos tiene acostumbrados, sino que en aras de su desmedida ambición se ha permitido el lujo de regalarnos dos.

El primero es una colaboración a cuatro manos con otro talento de su mismo generación, el saxofonista Joshua Redman, con el que además ha estado girando por ahí como una peonza. Los dos construyeron Nearness, una muestra de virtuosismo que comienza con una impresionante versión nada menos que del Ornitology de Parker.

Pero por si hiciera falta demostrar que aún podía dar otra vuelta de tuerca, se le ocurrió reunirse de nuevo con sus compañeros Jeff Ballard y larry Grenadier para producir este disco de baladas y blues, en el que blues propiamente dichos hay pocos, pero en el que el espíritu del blues se derrama por los costados.

Como es constante en todo el disco , Since I fell for you el estándar de Buddy Johnson es tomado con cuidado por el trío de Mehldau para ir estirando sus compases como si fuera una goma elástica, donde cada vuelta es siempre diferente y envolvente;, y al cabo del rato acabas por perderte en sus malabarismos sin saber exactamente donde estás ni a donde te diriges ( o mejor, te dirigen).

Si sus versiones de clásicos como These Foolish thing de Maschwitz y Stratchey , Cheryl de Bird o I concentrate on you de Cole Porter son sencillamente grandiosas, es el final del disco,con dos clásicos “beatleianos”, primero el I love her y después el My Valentine de McCartney, donde uno comprueba hasta donde puede llegar Mehldau cuando quiere jugar con una canción.

Y contigo también: I love her puede quedarse horas flotando por tu cerebro.

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