El trovador de Grand Central Station

forbert

Oh, I guess I knew it would happen eventually
But I was not prepared for the word
No, I was not prepared for the word
No, they didn’t give me no warning ‘fore they told me the news
And I could not believe what I heard
No, I could not believe what I heard

Hey, well, it started to hit me later on in the night
I reacted by blowing my stack
I reacted by blowing my stack
Oh, feeling cheated and taunted and mad at the whole world at large
As I pissed on a black Cadillac
As I pissed on a black Cadillac

House of cards (and) don’t it make ya wonder?
House of cards, (oh), don’t it make ya wonder?

House of cards. Steve Forbert


Por la radio del coche se escuchaba una canción redonda. Era la primera vez que la escuchaba pero no así al cantante. Steve Forbert, alguien a quien llevaba mucho tiempo sin escuchar. La canción se llama House of cards y según el locutor estaba incluida en Jackrabbit Slim. Pero no podía ser cierto. Recuerdo aquel disco comprado hace más de 30 años, y pondría la mano en el fuego a que no incluía esa canción. Aquel disco que llevaba dentro pequeñas joyas como Grand Central Station, Goin’ down to Laurel o el Romeo’s Tune que algunos dijeron que escribió en recuerdo de Florence Ballard de las Supremes. No podía haber olvidado algo así. Pero a la vez me entró miedo de pensar que tal vez fuera posible. Que nuestros gustos cambien tanto que fuera posible haber ignorado canciones perfectas.
De forma que lo primero que hice al llegar a casa fue sacar el disco y revisar sus canciones. Suspiré con alivio al comprobar que no estaba. Aunque a la vez fue apareciendo una sensación incómoda: la de comprobar que al final, siempre te acaban gustando las mismas canciones, que tus referencias apenas cambian.
La solución al enigma de House of cards la encontré unos días más tarde: acaban de reeditar aquel disco del 79 junto al anterior, el primero de Steve Forbert, Alive on arrival , una reedición conmemorativa de los 35 años de aquel disco, que incluye nada menos que 12 canciones nuevas., una de las cuales es House of cards.
Forbert formó parte en aquellos años finales de la década de los 70 de las nuevas promesas del folk rock, entre las que se encontraba también gente como Gordon Lightfoot o Joe Egan, en los que algunos quisieron encontrar al heredero del abuelo Dylan. Las expectativas que generaron aquellos dos discos en cierta forma quedaron defraudadas con el tiempo. Forbert ha tenido una carrera irregular que apenas repuntó algo cuando fichó por la poderosa Geffen records en 1988 con la que grabó otra pareja de álbumes magníficos , Streets of this town y The American in me. Como para tantos otros, los 90 no eran buenos tiempos para este tipo de cantautores acústicos, de letras trabajadas y escasas distorsiones.
A pesar de todo siguió publicando discos artesanales. El último , hace poco más de un año, un magnífico Over with you en el que el propio Ben Harper tocaba las guitarras. No ha perdido aquel compromiso que dejaba intuir en sus dos discos primeros, ya sea ocupar Wall Street o cantar en recuerdo de las víctimas del huracán Sandy.
Forbert nació en una ciudad , Meridian que fue también la cuna del padre del country Jimmy Rodgers al que llegó a dedicarle un disco ( Any old time). Un buen día hizo la maleta , cogió su guitarra y llegó a Nueva York , a la calle 23, desde donde se dirigía cada día a Grand Central Station para tocar sus canciones. De aquella época procede precisamente Grand Central Station incluida en Jackrabbit Slim. Aquella Grand Central Station en donde, varias décadas antes, Elisabeth Smart se sentó y lloró, dando origen a uno de los libros más estremecedores del siglo XX ( By Grand Central Station I sat down and wept), en el que describía su apasionada relación con el poeta George Baker:
“Estámpame como un sello de lacre sobre tu corazón, tatúame en tu brazo, porque el amor no es menos poderoso que la muerte”

¿Sueñan los androides con música soul?

dick

Es sabido que la novela corta de Philip Dick en que se basó Ridley Scott para su película Blade Runner (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), guarda pocas semejanzas con ella. Y no solamente en cuestiones menores, sino en aspectos tan sustanciales como el título (en la novela no aparece ni una sola vez el término Blade Runner para nombrar a los “liquidadores” de androides), o la esencia misma de ambas tramas. Lo cual no es óbice para que las dos se hayan convertido en clásicos de sus respectivos géneros. Ambas son una magnífica reflexión sobre la realidad y la ficción, el maltrato a los débiles (aunque estos sean artificiales), y la angustia ante la finitud de la vida, en un mundo apocalíptico producido por la guerra mundial terminal.

Isidore ( Sebastian en la película) es un tipo “defectuoso” genéticamente, al que no se deja salir de un planeta Tierra  en disolución ante el temor de que contamine con sus taras al resto de la especie. Isidore cobija en su apartamento, perdido en un edificio casi abandonado, a tres de los androides más sofisticados que ha construido el ingenio humano: el mítico Roy Batty , Irmgard y Pres, quienes conviven durante un tiempo con Isidore a la espera del encuentro con su exterminador.

En un edificio cada vez más solitario, en un apartamento sombrío al que asedia el polvo radioactivo que contamina toda la ciudad, esperan un destino incierto cuatro seres, un humano y tres seres artificiales, más perfectos que el humano: qué pensarían, a que dedicarían tantas horas, qué disco escucharían para pasar el rato…

Es posible que Dekkard, el caza recompensas, escuchara a Josef Strauss. Pero lo que es seguro es que aquellos androides escucharían a James Blake, un tipo que explotó en 2011 con aquel disco homónimo que acabó convirtiéndose en uno de los discos del año  en cualquier clasificación de relumbrón. Aquella extraña mezcla de dubstep y soul generaba una sensación de atracción y distancia quizá parecida a la que tendría el liquidador Dekkard ante Luba Luft , la androide que cantaba ópera. Algo que chirriaba en los oídos de alguien que sigue creyendo que no es androide. Pero que a la vez no podía dejar de reconocer la belleza que escondía una versión como la que Blake hizo de la maravillosa Limit to your love de Feist.

Blake vuelve a las andadas con un segundo disco largo, Overgrown. Escribe, interpreta y produce desde el salón de su casa. Mucho talento para un tipo que apenas tiene 20 años. No sorprende tanto como el primero, pero sigue siendo una manera extrañamente atractiva de escuchar soul , en un mundo que se derrumba.

Para un androide Blake posiblemente sea  la música perfecta. Queda por saber si el mismo no es uno de ellos.

 

 

La doble jeta de Prisa

Los-40-Principales
Hablábamos hace unos días de los bochornosos gustos musicales de los estudiantes universitarios españoles según se desprendía de un estudio realizado en la Universidad de la Rioja. Algo que no de extrañar tras conocer los resultados del último Estudio General de Medios (EGM) en el cual las emisoras musicales del grupo PRISA arrasan: la nefasta 40 Principales (que Dios confunda) sigue siendo la primera en número de oyentes de los formatos musicales con más de 3 millones y medio. La sigue otra bazofia del mismo grupo empresarial, la espeluznante Cadena DIAL con casi 2 millones trescientos mil. Y por si no tuvieran bastante, el “prestigioso” grupo aumenta el número de oyentes ( o escuchantes como dicen los pedantes) en sus dos cadenas residuales ( nunca mejor dicho): M80 y la cañí Radio Olé.
Nada más lejos de mi intención que criticar a la gente a la que el destino haya condenado a perder la cabeza por María del Monte o Justin Bieber. Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen.
Pero otra cuestión, bien diferente, es el doble rasero , la doble baraja con la que juega permanentemente este poderoso grupo empresarial. Mientras el Dr Jeckill de su Presidente, da lecciones de progresismo a diestro y siniestro, su personal Mr Hyde justificaba el ERE del grupo que dirige ( y que llevó a la calle a 150 de los 450 trabajadores de El Pais), porque “ no podemos seguir viviendo tan bien”. Serán los demás, porque no parece que haya disminuido mucho su calidad de vida.
Mientras el Pais publica un estremecedor reportaje sobre los Burdeles sin salida y los pavorosos efectos de las redes de explotación de mujeres de las que es imposible escapar ( y que tanto alarman a sus siempre impecables “comunicadores”), a la hora del deporte local el grupo PRISA publicita sin rubor los más distinguidos lupanares de mi localidad : Lady, su copa de noche, (pronunciado entre jadeos). O Don Pepe y Don José ( con parking siempre vigilado por Colás, personaje este último de enigmática identidad), para que el cliente disfrute de la comoañía en su “happy hour”. Ideales para que los chavales vayan conociendo, a la hora de la comida, los lugares de esparcimento y relax de sus mayores.
En materia musical el grupo mantiene también ese doble rasero, que le da tan buenos resultados: en sus blogs , relegados a la edición de electrónica a la que solo se llega al cuarto clic, se pueden encontrar las opiniones sibaritas de los más eruditos periodistas del mundo musical ( el venerado anciano del tribu, don Diego Manrique, o el siempre impecable Fernando Navarro). Sus cronistas de conciertos siguen manteniendo un alto nivel de dignidad. Pero su apuesta por la música de verdad solo se queda en eso. Al populacho le siguen sirviendo carnaza a paletadas en las emisoras musicales del grupo, en las que solo se escucha el martilleo de Alborán, Bisbal; Malú, Melendi, Estopa, Pitbul o el Efecto Pasillo.
En emisoras que dedican parte de la programación a describir todo tipo de proezas sexuales chuscas, para alternar con las sempiternas listas, ¿no podría haber un mínimo espacio de música decente? ¿Algún espacio de no más de media hora que permita educar mínimamente a las nuevas generaciones como hicieron con la mía gente como el mismo Manrique, Cifu, Alcanda, Antonio Fernández, Ordovás, Manolo Fernandez o Carlos Galilea?
Caiga sobre grupo tan abyecto la ira eterna de los dioses del rock’n roll. Y si no estoy en lo cierto, que programen un especial en algunas de sus miserables cadenas sobre el mítico Gualberto, el Donovan sevillano.

Richie volvió a sus raíces

 

 

 

La primera vez que vi a Richie Havens fue en el antiguo cine Covadonga de la calle López de Hoyos en Madrid: echaban Woodstock en una de esas sesiones dobles  que hoy día serían sencillamente imposibles. Una sala oscura, de sillas incómodas, y un grupo de colgados capaces de tragarse sin wasapear dos películas de festivales musicales.

No conocía de nada al pavo, pero me dejó impresionado  esa forma tan peculiar de aporrear su acústica, a la que destrozó a púazos  en solo una canción, Freedom, capaz de levantar al auditorio del festival en la primera canción del mismo. Literalmente empapado en sudor.

Me pareció tan fascinante el personaje que acudía a mi proveedor de vinilos de la época a ver que tipo de material tenía disponible. Y así me compré la alarma del reloj ( Alarm Clock) en el que aparecía a la manera de un ayatola empuñando una guitarra subido a una peana en medio del campo. Siempre pensé que el tal Jomeini se inspiró en havens  cuando tuvo que elegir su look.

Seguí sus evoluciones en discos posteriores y anteriores ( el fantástico Stonehenge), de ese estilo a mitad entre el folk- soul acústico (precursor de exquisitos modernos como  Amos Lee) y el funk erudito, en los  que siempre dejaba caer alguna versión maravillosa de sus admirados Beatles ( el Here Comes the Sun de Alarm Clock, el Eleanor Rigby de Mixed Bag ),Bee Gees ( I started a joke) o Bob Dylan ( Just like a woman).

Richie Havens solo tuvo un pelotazo, el Going back to my roots de finales de los 70 , que llenó las pistas de bailes de aquellos años en que era posible encontrar a tipos respetables en semejantes garitos. Una maravillosa canción de ritmo progresivamente infernal , como le gustaba a Richie.

En los 80 cayó en el olvido. Esas radios tan maravillosas del grupo PRISA lógicamente no tenían hueco para orfebres de esta catadura. Su Wishing well de 2002 , una maravilla, lo compraron cuatro gatos, y lo escucharon dos más. Incluía una versión impresionante de On The road to calvary de otro grande, que había aprendido seguro de él: Willie Nile.

Después apenas algún recuerdo de algún admirador con influencias como Sean Penn que consiguió que interpretara de nuevo su famoso Freedom en la inauguración del festival de Cannes cuando fue presidente del jurado. Un disco postrero el Nobody Left to crown, algunas actuaciones de rememoración, versiones poderosas como el Circle be unbroken de la Nitty Gritty Dirt Band y achaques que le llevaron al quirófano primero y a despedirse de los escenarios desde su Factbook hace poco más de un mes.

Murió el lunes. Nos queda mucha música y muy buena , para no olvidarle.

 

Hoy es el día…de las tiendas de discos

 

radiocity

Folks who works here are professors.Don¡t replace all the knowers with guessors keep ‘em open they are the ears of the town”

Tom Waits

En los últimos años he visto regalar una rica variedad de cosas  absolutamente inútiles. Como amo lo inútil siempre y cuando sea hermoso, eso no debería  representar mayor problema . Sin embargo , a menudo esos objetos además de inútiles son feos de solemnidad o, lo que es inmensamente peor , son de una cursilería que espanta. Han proliferado sin que nadie haya dicho esta boca es mía tiendas que llevan los ridículos nombres de Mamá y pequitas, Bimba y Lola o Nuestras cositas., cuando no tiendas que venden regalos de semejante índole. Sencillamente apestoso.

En muchas de esas tiendas de regalos, que deberían estar prohibidas a diabéticos por el azúcar que impregna el ambiente, uno puede encontrar postales para regalar a sus amiguitos ( siempre y cuando estos sean tan memos como el que las elije), cajitas de vistosos envoltorios en tonos pastel (¡puaf¡) ideales para gaurdar dientes de leche a carcamales de 40 , o piruletas que no se pueden comer pero que dan idea del amor a la infancia ( o mejor dicho del estancamiento en la infancia) que tienen los que gustan de ello.

Sin embargo nadie es capaz hoy en día de regalar un disco de vinilo por el simple placer de regalar un objeto hermoso. Aún sin la más mínima intención de colocar el disco en el plato y ver como se desliza la aguja, un album es un objeto precioso en sí mismo: esa portada de cartón robusto, que se abre dejando a la vista las fotos, dibujos o letras que el artista eligió para adornarlo; sin olvidar la funda con el agujero circular que envuelve un disco de vinilo que aunque habitualmente es  negro, puede ser blanco ( Feist) e incluso naranja.

Hoy, 20 de abril se celebra en todo el mundo el Record Store Day, el día que celebra la existencia de estos reductos del conocimiento amenazadas por la idiocia universal , las descargas masivas y la avaricia de los intermediarios sin escrúpulos.

McCartney decía que no hay nada más glamoroso para él que una tienda de discos. Tenía razón. En la web que anuncia la iniciativa Jack White recordaba una encuesta realizada  hace unos años entre 1.200 estudiantes de bachillerato americanos. Ninguno había estado nunca en ellas. La forma de obtener música es ahora dependiente de You Tube, o Spotify . Pero difícilmente será comparable a la información que puede proporcionar un tipo que te conoce desde hace años, la forma en que detestas a Bon Jovi , la emoción que te produce   cada nuevo trabajo de Tweedy y sus muchachos. El que te aconseja lo que ya te gusta y aún no lo sabes. El que incluso se niega a vender una joya al imbécil que no lo merece como hacía el inmenso Jack Black en High Fidelity

Salga a la calle y busque la tienda de discos más cercana. Pida consejo. Y compre un disco aunque no tenga un plato Póngalo en la estantería. Siempre hará mejor efecto que esos regalitos horteras.

Nick Lowe: crónica desde la guardia

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You’ve dusted off your shame face
In the mirror behind the bathroom door.
That little-boy-lost look 
That used to work so well
Doesn’t anymore.
If you believe your same-old used-to-be
Will see you through
You’ll last about as long as stoplight roses do.

Stoplight roses
In their sad array.
Love’s promise in cellophane lace
Or dead giveaway?
You’ll need time to devise
A stylish plan
And you’ll do it driving over to
The stoplight roses man.

And if you believe your same-old used-to-be
Will see you through
You’ll last about as long as stoplight roses do.

Stoplight Roses man. Nick Lowe

Ni El Pais ni El Mundo consideraron de interés hacer crónica alguna del concierto que dio Nick Lowe en Madrid la semana pasada. El Pais,  de hecho se ha convertido en un auténtico erial musical , desaparecida Tentaciones y limitada la crítica de discos a alguna critiquilla en Babelia muy de vez en cuando. Ya se sabe que el mercado manda, y prefieren dedicar sus paginas a recordar a Nino Bravo, o a darse autobombo con cobertura de  las habituales basuras del grupo PRISA: la hortera Cadena Dial o los vomitivos 40 principales.

Es cierto que el inmenso talento de Nick Lowe ya pasó por Madrid hace relativamente poco tiempo, la última vez en diciembre de 2011 en un memorable concierto del que informamos en su momento  también en Kapital acompañado de su íntimo escudero Geraint Watkins. Pero un genio siempre es un genio y merece siempre atención, máxime si se atreve a su edad a embarcarse en una gira exigente con la sola compañía de su guitarra. Ante el silencio de los medios menos mal que mi amigo Miguelín  ( al que se le ve el plumero merengón) anduvo por la sala Kapital el miércoles pasado para darnos alguna noticia. Y desde la guardia envió su crónica

 “Anoche vivimos otra jornada gloriosa (lástima que al final se clasificase el Barsa para que la velada hubiese sido redonda) que recordaremos siempre por la personalidad de uno de los personajes vivos al que admiramos desde todos los puntos de vista. Como no admirar a un hombre que se confiesa “vago” y que reconoce que se lo pasa muy bien tocando con otros pero que le sale “carísimo”. Tal sinceridad no puede otra cosa que ser reconocida y envidiada.

Al concierto acudimos “personas selectas” en número y en inteligencia. No todo el mundo puede acudir a eventos como este. Dada nuestra edad y vicios adquiridos, llegamos al concierto una hora y media antes de que comenzase. Hasta Jose salió antes del curro para no perderse ni un detalle, pues era la primera vez que acudía a una cita con Nick Lowe. Hasta las 21,15 no apareció nuestro hombre en el escenario por lo que cayeron 3 cervecitas “ a palo seco”. Por allí vimos a Ramón Arroyo, componente de Los Secretos, y un clásico de estos festejos como es el maestro Santiago Alcanda.

La salida del artista al escenario nos impactó desde el inicio: no se sabía si brillaba más su guitarra o los cristales de su “gafapasta”. En cualquier caso que preciosidad los dos objetos. Salir a un escenario tu solo con una guitarra y sin compañía implica un dominio brutal de la puesta en escena y Nick Lowe lo tiene. Su saber estar, su elegancia en el escenario y su simpatía siempre que viene a Madrid justifica con creces el precio de la entrada, la cual, comparada con otros peores, resulta muy barata.

El concierto duró hora y media aproximadamente e incluyó varios bises. Hizo un repaso fundamentalmente de canciones de sus últimos trabajos, de los LPs “The old magic” y “The impossible bird” con preciosas canciones como “I read a lot”, “House for sale” o “I live in a battlefield” con algún gorgorito impostado que hacía mas divertida su interpretación. Algún que otro pesado sacaba su movil (me incluyo) para poder perpetuar alguna escena lírica.

También tocó una de mis canciones preferidas como es “ Rome wasn’t  built in a day” antes de llegar al clásico “Cruel to be Kind” y finalizar con “Raining, Raining”.

El concierto se me hizo tan corto como el que vimos en Kapital a pesar de que interpretó sin tener que insistir algunos bises tales como “My aim is truth” canción que en su día compuso para Elvis Costello.

En resumen, nuevo caramelo el que degustamos ayer en Joy del que más de un granadino se arrepentirá de no haber visto”.

Como de muestra vale un botón no hace falta más que escuchar Stoplight Roses para comprobar lo que es el talento. Y eso que el tipo es vago…

La juventud está perdida

Se que suena a lamentos de viejo carcamal, pero los resultados de la encuesta de la Universidad de la Rioja publicados en Rolling Stone no dejan ninguna puerta a la esperanza:una encuesta realizada a 630 alumnos (de los casi 3000 que tiene la universidad) para analizar sus preferencias respecto a la música.

Para empezar solamente el 29,6% no conciben la vida sin música. Gente respetable , de la que uno se puede fiar. Una amplia mayoría de tarugos ( y tarugas) considera que “ la música me gusta , me acompaña frecuentemente”. ¿Cómo puede respaldar tal mayoría una afirmación tan moña? ¿Qué es eso de “Me acompaña frecuentemente…?” ¿Cómo si fuera tu perro?.Ni que decir tiene que al 15 % de individuos que “ le prestan atención o la usan de fondo” solo cabe el rechazo y el mayor aislamiento social de que seamos capaces.

El 57% de los estudiantes nunca compra discos, el 79% no lee nunca libros sobre música o músicos ( de la autobiografía de Neil Young ni hablamos) y solo el 26% habla habitualmente con los amigos de música. Patético.

Aún más preocupante es la falta de sentido de la vergüenza de la juventud española: según refleja el estudio riojano casi el 40% de la población confiesa que le gusta bastante o mucho “la música romántica-melódica”. Sin rubor alguno. Es decir, desde Julio Iglesias a Dyango pasando por Alborán.Solo al 20% le gusta el Indie en la misma proporción  y apenas llega al 105 los aficionados al soul ( ¡sabrán quien es Marvin Gaye estos analfabetos¡). Por cierto la música romántico melódica a quien más mola es a los de químicas, confirmando las peores sospechas que teníamos respecto a esta carrera.

Pero donde la depresión alcanza cotas insoportables, que obligan casi a asaltar farmacias en busca de Prozacs en la preferencia por los llamados “artistas”. Que el grupo más conocido sea Estopa, ejemplos de sutileza y orfebrería musical ( “A mi me suena el run run de mi corazón”, denuestra el grado de abyección al que hemos llegado como sociedad.

Los Wilco y Arcade Fire, quizá los grupos más innovadores de la última década, son conocidos apenas por cuatro gatos ( 0.5 en una escala de 1 a 5). Pero tampoco lo son más los grupos que han construido la música contemporánea, y que representan lo que Bach para el barroco: Radiohead, REM o Pearl jam.

El cantante favorito mayoritario fue otro gran compositor llamado Melendi, seguido por Marea ( no confundir con otros genios del ramo llamado Maldita Nera que ocupa el puesto 8).

En resumen , volvemos a los años más siniestros y cavernarios de la postguerra pero actualizados a la era de Internet y las descargas masivas: Grupúsculos y artistoides locales, recelo ante lo existente más allá de las fronteras de la aldea, nulo conocimiento y formación musical, y alborozo ante los artistas más chuscos y zafios ( Melendi, Estopa y demás familia).

¿La culpa? Algo tendrá que ver la plaga de la radiofórmula, liderada por los  40 Principales , marca que alimenta al grupo PRISA, grupo  que en otros formatos se las da de moderno y erudito. Cual filoxera la fórmula de los 40 arrasó con todo lo que había de alternativa, innovador y experimental en la música contemporánea , siguiendo una vez más los designios de mercado.

Cuando tenía 17 años, en mi generación era motivo de vergüenza y escarnio reconocer que se escuchaba los 40, repletos de Miguelesbosés e ivanes. Ahora la única alternativa a la  barbarie está refugiada en solamente una cadena: radio 3.

Nos quedan dos días.

Hasta entonces disfrutemos de la belleza que nos queda.
.

El dinero es una forma de poesía

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“Money is a kind of poetry”

Wallace Stevens

Vengo de escuchar luna magnífica conferencia de José Carlos Rosales en el Ateneo de Granada sobre el tema Poesía y Dinero.  En principio  parecen dos temas antitéticos , la pura poesía colocada en el mismo plano que el vil metal.

Rosales es poeta, habiendo publicado diversos poemarios de temas muy variados incluido una magnífica Memoria poética de la Alhambra. Cuenta que la idea le surgió  en un taller de poesía que impartía cuando explicaba el significado de la metáfora: como ejemplo puso el aforismo de Wallace Stevens e intentó argumentar su tesis de que el dinero es una forma de poesía.No pudo hacerlo porque entre el público cundió la indignación ante la posibilidad de comparar ambos términos.

Sin embargo de lo que habla Rosales es de una acepción muy concreta del dinero: el concepto machadiano del término, aquel reflejado en el Retrato de Campos de Castilla:

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

No es el concepto de dinero ligado a la especulación financiera, a los paraísos fiscales, a las políticas del FMI. Tiene que ver con el ganarse el jornal con el esfuerzo propio, sin deber nada a nadie, que permite acceder a  aquello que nos hemos ganado dignamente: una barra de pan, una camisa, la posibilidad de hacer un regalo.

Según Rosales todas las teocracias, religiosas o laicas, que esconden ideologías totalitarias comparten tres fobias: la aversión a las mujeres ( que comparten desde Ahmadineyad hasta Francisco I), a los poetas ( mal vistos en cualquier dictadura) y al dinero. El dinero ganado, no el dinero heredado o el dinero robado al que siempre tuvieron gran afición. Los héroes de la literatura ( incluido los que aparentan representarlos como don Quijote) nunca pagan; como tampoco los presidentes de gobierno, que ignoran el precio de un café.

El dinero que es una forma de poesía es el que permite alcanzar una libertad individual, la que otorga la posibilidad de comprar la bufanda roja del poema de Leticia  Herrera:

voy a tejerme una bufanda
con un hilo muy fino y suave
y cuando tenga dinero
me compraré un avioncito
descubierto para volar
 
el viento agitará mi bufanda
y desde el cielo
te diré adiós todas las tardes
 
para que me reconozcas
yo soy la de la bufanda roja

 

De la misma forma que la poesía permite sentir en el futuro lo que un día lejano sentimos en el pasado, el dinero permite disfrutar en el futuro lo que ganamos en el pasado. Ambos traen el pasado al presente, o pensándolo bien el presente al futuro.

Visto lo cual no cabe por menos de deducir que somos cada vez más súbditos de una teocracia laica que como todas odia a las mujeres , a la poesía o al dinero. Que considera que el dinero que hemos ganado es exagerado, y que deberíamos vivir de acuerdo a nuestras posibilidades: es decir, las del esclavo.

Lorca , cerrado por festivo

 

Lorca BenSidran_ConcertGarciaLorc

Granada es tan conocida fuera de España por la Alhambra como por Lorca. Muchos amigos que no viven aquí visitan con veneración la ciudad donde vivió y fue asesinado. Con un respeto y una admiración enorme. Sin embargo parece que las autoridades culturales locales tienen otras prioridades. Desde hace dos meses cualquier persona residente en Granada que encienda la radio puede escuchar una media de veinte noticias del mundo de las cofradías de Semana Santa y sus aledaños, a menudo a través de informadores a los que de repente les ha entrado un extraño fervor ,muy sospechoso. Tipos aparentemente progres empiezan a hablar con erudición de todo tipo de pasos, mantos, y demás atributos. Eso por supuesto sin meternos en el asombroso mundo de Granada Cofrade, un universo del frikismo en si mismo.
Mientras tanto si uno intenta ver la casa de Lorca en Fuentevaqueros o la residencia de la Huerta de San Vicente se encuentra con la puerta cerrada todos los días festivos de Semana santa.. Ya se sabe que la poesía es cosa de día laborable, producto de funcionarios más o menos desahogados que a las 3 se van para casa y no vuelven hasta el lunes. Por no hablar del barranco de Viznar convertido en piscina en la que flotan todo tipo de restos orgánicos y plásticos. Llevé a visitar el barranco en Viernes santo a dos amigos entrañables para  encontrar solo a un par de respetables ciudadanos liándose un generoso canuto mientras tiraban piedras a la charca en la que la lluvia había convertido el barranco.Como mis amigos son discretos no comentaron apenas nada, pero imagino que la realidad estaba bastante lejana de lo que pudieron haber imaginado de uno de los poetas más importantes de la historia de la literatura del siglo XX
Menos mal que nos queda la reciente edición del manuscrito original de Poeta en Nueva York. Y el maravilloso disco de Ben Sidran Concert for Garcia Lorca. Hoy por supuesto, inencontrable. Como ocurre con la ópera Ainadamar, creaciones maravillosas sobre la vida y obra del poeta de Granada no reciben la más mínima atención por parte de aquellos que dicen representar los intereses culturales del país.

“Calle Panaéro”

Windin’ your way down on Baker Street
Light in your head and dead on your feet
Well another crazy day
You’ll drink the night away
And forget about everything
This city desert makes you feel so cold.
It’s got so many people but it’s got no soul
And it’s taking you so long
To find out you were wrong
When you thought it had everything

You used to think that it was so easy
You used to say that it was so easy
But you’re tryin’
You’re tryin’ now
Another year and then you’ll be happy
Just one more year and then you’ll be happy
But you’re cryin’
You’re cryin’ now
Baker Street. Gerry Rafferty

Tres de la tarde en la calle Pagés, puerta de entrada al Albaizín. En la terraza del Torcuato conviven vecinos recién salidos del trabajo, turistas asomados a los escasos rayos de sol que esquivaron los oscuros nubarrones, y algunos perroflautas en busca de tapa . Aparece un tipo desaliñado que desenfunda un saxo mugriento y comienza a hilvanar un sorprendente repertorio, más propio del Blue Note en la medianoche, que de una plaza en un barrio tan emblemático del sur de España en la hora del aperitivo: Take five, All the things you are, Baker Street…
Sus acordes me llevan de regreso 35 años atrás, cuando escuché por primera vez la canción de Gerry Rafferty en el selección 15 de Antonio Fernández. Compuesta durante los largos viajes en el tren de la noche que conectaba Glasgow con Londres mientras negociaba la traumática separación con su grupo Steelers Wheel, Baker Street hacía referencia al apartamento de un amigo en el que Rafferty pasaba el tiempo durante sus viajes a Londres. No solo alcanzó el número 1 en Canadá, el 2 en Estados Unidos y el 3 en Reino Unido, sino que desencadenó un furor desconocido por un instrumento semi-olvidado fuera de los circuitos jazzísticos. La canción se abría con el “riff” ya clásico de Raphael Ravenscroft, que era la verdadera seña de identidad de la canción, un tipo bien considerado en las sesiones del Londres de aquellos años. habitual en los discos de Pink Floyd, Mick Oldfield o Marvin Gaye.
La conversación con mi amigo Greg sobre la canción y el album en que fue incluida ( City to city) nos lleva de la mano a otra de las canciones del disco, Right down the line, y a la última versión de ésta incluida en el magnífico último disco de Bonnie Raitt, Slipstream, que ya comentamos en su día.

En esas andábamos cuando se acerca el artista a pasar la bandeja. Tres mujeres en la mesa vecina le felicitan y le preguntan por el nombre de la canción que acaba de interpretar: “Calle panaéro” responde escueto. Tal vez atraído por la charla se acerca precisamente el panaéro, un distinguido perro flauta que vende sus panes artesanales cada miércoles por el barrio.
Creo que el difunto Rafferty estaría satisfecho de la versión albaicinera de su canción

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