Sanko, el tipo del traje embutido

myles sanko.jpg

Con una introducción instrumental clásica y elegante al estilo de Donny Hathaway, en tiempos en que esta forma de entrar en harina ya no se estila, Myles Sanko iniciaba su último disco, Just being me. Aromas de alcoba con un líquido piano a lo Richard Tee, abre paso la canción que da título al álbum, donde la sombra de Bill Withers es más que alargada.
Sanko apenas tiene dos discos y medio pero constituye otro de los ejemplos del renacimiento del soul más clásico, el heredero de los Marvin Gaye, Wilson Pickett o Gil Scott Heron, siguiendo la estela que llevan labrandomás recientemente  tipos como D’Angelo, Maxwell, o Curtis Harding.
Uno pensaría que el tipo se crió en alguno de los suburbios de Detroit pero los orígenes de Sanko se encuentran en otro continente, África, y más concretamente en Ghana. Su adolescencia fue un reiterado viaje de ida y vuelta a Inglaterra para acabar siendo francés , recorrido en que fue tramando y perfilando su propio estilo musical, desde el rap al funk más delirante con el grupo Bijoumiyo, juramentado en torno a la improvisación continua y la ausencia de grabación alguna, lo que inevitablemente llevaba al desconcierto de sus seguidores, que nunca podían escuchar dos veces la misma canción, a la manera del agua del río de Heráclito. Pero el tiempo y la escucha atenta de los sampleos de sus raperos favoritos le llevó a descubrir la corriente profunda que fluía semienterrada, aquellos viejos maestros del soul de los 60 y 70 que configuraron su nuevo estilo, ya bien manifiesto en su primer EP , Born in black and White.
Just being me es otra vuelta de tuerca tras el magnífico Forever dreaming , un disco conceptual con la mezcla adecuada de amores desolados, angustias vitales y reivindicaciones sociales tan habituales en los buenos discos de soul . Así Promises comienza con una batería sobre la que cuelga una de las canciones de irritación política habituales en la discografía de Scott Hero (“Finally your promises/Your promises don’t mean a thing/To me, to them, my friends, you see”), tendencia que mantiene This isn’t living, envuelto en aquellas orquestaciones del final de los 70 y principios 80 que parecían haber pasado a la historia.´
Land of Paradise es en cambio una excursión al vecindario vecino, el del jazz, sin perder de vista de donde se viene, derivas que frecuentan con asiduidad Jose James o el mismo Gregory Porter.
Por el contrario Forget me not o I belong to you transita por la torridez más desaforada, la peligrosa embriaguez que impregna el amor y sus residuos.
Sanko andará dentro de unas semanas por aquí, embutido en sus trajes dos tallas menos de lo adecuado, como dice mi amiga Azules. Para no perdérselo

Publicado en soul | Etiquetado | Deja un comentario

Otra forma de belleza

shampa

“You would show me I have something some people call a soul,”

Shampa

Un somnoliento día de mitad del invierno, cuando todos los días parecen iguales, conduciendo hacia el instituto con mi hija, se coló desde el Hoy empieza todo de Radio 3 el delicado y envolvente susurro de un piano, acunándonos en mitad del atasco; suavemente apareció una voz conversando  a media voz con aquel piano que respondía, refutaba o asentía. Mi hija, aficionada a ritmos más tormentosos, preguntó: ¿Pero quien es éste?

Era Shampa y su piano, convertidos desde entonces en nuestro secreto del año.

Hay padres sensatos que luchan contra el riesgo de idiocia de sus hijos con remedios inteligentes. Los de Shampa, preocupados porque el chaval no se convirtiera en un adicto a las pantallas que embrutecen y licuan el cerebro infantil le regalaron un piano a los 3 años. Solo así se entiende que la canción estrella de su magnífico Process se llame No one knows me like my piano. Ha establecido tal relación con el instrumento que, por lo que parece, éste se ha convertido en su mejor amigo.

Shampa ha estado buceando bajo el radar hasta ahora, limitándose a colaborar con su piano y sus coros con gente del nuevo soul electrónico, tipos como Kenye West, Fran Ocean o Solange y sus rulos. Este es su primer disco,una elegante presentación en sociedad, tras dos previos intentos en forma de EP, donde ya daba muestras de lo que era capaz con pequeñas maravillas como Too Much. Un disco que suena como si James Blake hubiera sido poseído por el Groove.

Process es un disco impregnado de la pérdida y la tristeza generadas por la muerte de sus padres ( la más reciente la de su madre) y su neura tras la aparición de un nódulo en sus cuerdas vocales de origen incierto.En el que se revuelca los fundamentos del rythm’n blues con ritmos africanos de raigambre familiar ( Kora sings) recubierto del envoltorio electrónico de sus padrinos.

En cierta forma Shampa parece la antiestrella, un tipo introvertido que huye de los focos y las extravagancias para pasar los días entretenido en sus conversaciones con su piano. Charlas tan evocadoras como What shouldn’t I be o Incomplete Kisses, angustias como la espléndida canción pop Blood on me.

Shampa, otra forma de belleza.

“No one knows me like the piano in my mother’s home/You would show me I had something some people call a soul/And you dropped out the sky, oh you arrived when I was three years old”

 

Publicado en soul | Etiquetado | Deja un comentario

Melissa

Gregg-Allman-4Hay una canción que flota a lo largo ya de más de cuatro décadas, ambientando la melancolía que se esconde siempre detrás de cualquier amor que se llevó la erosión,el tiempo o el olvido. Llamémosla Melissa, pero puede ser cualquier otro nombre por el que cada uno quiera sustituirla.

Lo que nadie podrá reemplazar son los acordes con que la dio forma el más pequeño de una pareja de hermanos nacidos en Nashville que armaron con sus manos y talento un monumento al blues blanco, aderezado por todas las especias que la música crecida en América pudo producir. Eran Duane y Gregg Allman, y al mayor se lo llevaron las Parcas de gira cuando apenas tenía 25 años, pero tiempo suficiente para haberse convertido en catedrático del slide y compinche de Clapton y compañía en Derek and The Dominos. Greg siguió firme, sobrellevando la marcha del hermano y manteniendo con suma dignidad  la imagen de The Allman Brothers Band, mucho más que una banda de rock sureño. Al final con 69 años siguió el camino de Duane el sábado pasado.

Aquella Melissa vivía en el tercer piso de la Cara A de un disco que te incitaba a comer un melocotón, un disco doble  de los de aquella época, con caras enteras ocupadas por una sola canción , publicado por la Capricorn en el año de gracia de 1972.Acababan de publicar una barbaridad llamada At Filmore East, un disco en vivo, y aún andaban por ahí Duane antes de subirse a la moto.. Melissa era su canción favorita, una composición de Gregg bastante anterior a formar el grupo.

Cuentan que le costó lo suyo, tras más de trescientos intentos de componer una canción suficientemente buena. Inicialmente se llamaba Delilah (como la de Tom Jones).

Pero una noche de hace 50 años, Gregg se acercó a uno de los dos 24 horas que estaban abiertos en Pensacola en busca de café y leche. Era tarde y solo andaban por allí los dos empleados de la tienda , Gregg Allman y una viejecita con la que parecía su nieta; una personita de la edad que “han aprendido para que sirven los pies” y que no paraba de correr por la tienda. Harta de tanto zascandileo la abuela le dijo: ¡Para ya Melissa¡ Gregg Allman al salir por el pasillo con la abuela le dio un beso y las gracias. Probablemente la abuela al llegar a casa, diría “me he encontrado con un loco en el jodido colmado” ,según cuenta el propio Allman.

Quizá nunca llegara a saber lo que su nieta inspiró .

“Crossroads, seem to come and go, yeah.
The gypsy flies from coast to coast,
Knowing many, loving none,
Bearing sorrow, having fun.
But, back home he’ll always run,
To sweet Melissa.
Mmmm-hmmm.
Freight train, each car looks the same, all the same.
And no one knows the gypsy’s name,
And no one hears his lonely sighs,
There are no blankets where he lies.
Lord, in his deepest dreams the gypsy flies,
With sweet Melissa.
Mmmm-hmmm.
Again, the mornin’s come.
Again, he’s on the run.
A sunbeam’s shinin through his hair.
Fear not to have a care.
Well, pick up your gear and gypsy roll on.
Roll on.”
Publicado en Americana, blues | Etiquetado | Deja un comentario

El hogar está allá donde reside el odio

esther phillips

En la entrega de los premios Grammy en 1973 la gran Aretha ganó el premio Grammy a mejor artista femenina de Rhythm’n blues con Young, Gifted & Black. Pero según recibió el premio le faltó el tiempo para entregárselo a otra de las nominadas, de nombre Esther Phillips, y cuyo From a whisper to a scream se hacía acreedor al premio tanto como el de la diosa indiscutible del soul.
Aquel disco no solo era uno de los mejores del año, sino sin duda alguna probablemente el mejor de la carrera de una de las mejores voces de la música negra del siglo XX
Phillips demostró que no siempre son las voces mejor dotadas las que alcanzan la gloria. La de Esther era sobrehumana. Se dio cuenta de ello el avispado de Johnny Otis cuando la metió en su caravana de Rhythm’n Blues Carnaval cuando aún era una niña y viajaba de ronda acompañada de su madre que la intentaba proteger de los empellones de cualquier tarado merodeante. Aquella vida no era buena para una adolescente y Phillips acabó presa de todos los vicios en materia de carne y sustancias, pero cuya portentosa voz conseguía que cualquiera con suficiente sensibilidad la acabara enrolando para cualquier proyecto musical , fuera ddel género que fuera.
Y así Esther fue probando del góspel al rhythm’n blues, del blues puro al jazz exquisito, del country a lo Kenny Rogers antes de que éste fuera Kenny Rogers a la música disco con la que alcanzó la escasa gloria que los dioses le concedieron con una versión del What a difference Day Makes de su adorada Dinah Washington, una de las escasas voces ( con la de Aretha) que se encontraban a su altura.
Pero tanto tumbo la llevó a no acabar siendo reconocida por nadie. No era una cantante pura de jazz a la manera de Sarah Vaughan, ni una aspirante a disputarle el título de diosa del soul a su amiga Aretha. Se buscaba simplemente la vida.
Hoy apenas nadie la recuerda, auqnue una de sus canciones ( Reléase me) habitual del temario de músicas de fondo, sería sin duda alguna recordada por cualquiera.
Para muestra de su talento baste un botón: la versión que hizo del Do right woman, do right man donde es muy difícil optar por la versión de Aretha frente a su versión. O sobre todo su emocionante versión de aquel Home is where hatred is, una canción espeluznante de otro maldito genio, o genio maldito: Gil Scott Heron.
Esther Phillips. Que nunca olvidemos tu nombre

A junkie walking through the twilight
I’m on my way home
I left three days ago, but no one seems to know I’m gone
Home is where the hatred is
Home is filled with pain and it,
Might not be such a bad idea if I never, never went home again
Stand as far away from me as you can and ask me why
Hang on to your rosary beads
Close your eyes to watch me die
You keep saying, kick it, quit it, kick it, quit it
God, but did you ever try
To turn your sick soul inside out
So that the world, so that the world
Can watch you die
Home is where I live inside my white powder dreams

Home is where hatred is

Gil Scott Heron


 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

El puente de Sonny

rollins_bridge

Cuentan Joaquim Ernst Berendt en su maravillosa historia del jazz que en los años en que Lester Young regresó de su traumática experiencia en el Ejército, acabó hastiado de comprobar que todos los saxofonistas del país tocaban como él, hasta el punto que uno de ellos, a quien le puso el sobrenombre de Lady Q ( a la manera del Lady Day con que se dirigía a Billie Holiday) incluso tocaba mejor que Prez…a la manera de Prez. Aquel ilustre copión respondía al nombre de Paul Quinichette.

Todos le imitaban, menos un tipo con dimensiones de deportistas, que representaba una nueva forma de empuñar el saxo tenor. Se llamaba Sonny Rollins, un chaval del Bronx que empezó a tocar el saxo para emular a Louis Jourdan, y que había bebido más de la fuente de Coleman Hawkins que del caño  de Lester Young (los dos titanes entre los que se repartía el cotarro); muy pronto, con poco más de veinte años y bajo la gigantesca influencia de Charlie Parker, empezó a volar solo. Si juntamos estos tres gigantes (Young, Hawkins, Rollins) a John Coltrane tendremos completo el póker de ases de la historia del saxo tenor.

El número de discos que grabó en la década de los 50 fue descomunal (21 en solo cinco años), en especial sabiendo que, para seguir la costumbre de la época, acabo flirteando con esa dama tan peligrosa llamada heroína. La influencia perniciosa que al respecto tenía la adicción de  Parker en aquellas nuevas generaciones de músicos era evidente, pero como comentaba el propio Rollins su vida cambió el día que vio la desilusión en el rostro de Bird cuando descubrió que le había estado engañando: Parker detestaba crear una escuela de músicos zombies, incapaces de poder tocar si no era bajo los efectos de algún tóxico.Rollins salío del agujero, y con la ayuda de diferentes estímulos espirituales ( el yoga, el zen) acabó siendo el tipo impecable que hemos venido disfrutando durante más de cinco décadas.

Y un buen día y siendo una referencia absoluta para todos los que recorrían el complejo aprendizaje del saxofón desapareció con solo 28 años.…Parecía que se lo había tragado la tierra.Estuvo fuera del circuito un par de años y volvió con aún mayor frescura, potencia y creatividad, a la manera de aquel Robert Johnson en el famoso cruce de Clarcksdale, donde vendió el alma al diablo por el módico precio de aprender a tocar la guitarra.

En aquellos años de desaparición, Ralph Berton, uno de los dos únicos críticos que Miles Davis respetaba (el otro era el mítico Leonard Feather el padre de Lorraine Feather de quien ya hablaremos), escuchó una noche un sonido especial flotando bajo el puente de Williamsburg , que une el Lower East de Manhattan con Brooklyn. No solo llenaba el vacío de la noche, sino que su forma de tocar estaba al alcance sólo de un genio. Escondido aprovechó para disfrutar de aquel concierto exclusivo, en el que Rollins respondía con su tenor al ruido de la bocina de los barcos.

Años después contaría que encontró en el puente la soledad, la resonancia, y la libertad necesarias para poder tocar a pleno pulmón, lo que no podía hacer en el pequeño apartamento que compartía con su mujer Lucille, a solo unas manzanas del puente, y muy cerca del departamento de su colega, Frankie Dunlop, cuya mujer estaba por entonces embarazada. Al no tener músicos con los que dialogar acabó conversando con el ruido del tren que por allá pasaba. Como homenaje a aquellas largas jornadas bajo el puente, puliendo y perfeccionando su propio estilo, Rollins publicó The Bridge, en que recogía algo del aroma que dejó su saxo en aquel curioso lugar.

Desde hace unos meses un ciudadano neoyorquino que responde al nombre de Jeff Caltabiano anda movilizando al personal para dar el nombre de Sonny Rollins al viejo puente de Williamsburg. No se sabe muy bien que opina el viejo Sonny de todo ello, a sus casi noventa años.

En cualquier caso , y como bien dicen unos buenos amigos míos que me pasaron el artículo de New Yorker, para mi el puente de Williamsburg ya será para siempre el puente de Sonny

Publicado en Charlie parker, jazz | Etiquetado | 2 comentarios

Tiendas de discos: hay cosas que el dinero no puede comprar

Fachada Marcapasos

Me fui ayer a celebrar el día de las Tiendas de Discos que se celebra hoy en todo el mundo.Se que me perderé el ambiente, las actuaciones de los grupos enrrollados en estos expendedores de placer, y también mucho postureo de los que no pasan por estas tiendas más que en este día, alborotando mucho y comprando poco.

Me fui ayer porque disfrutar de tu tienda de discos favorita requiere de la disposición mental adecuada, una extremada concentración, y el tiempo suficiente por delante: ni mucho (que te hará distraerte de lo esencial), ni poco (que te impedirá revisar el material con el cuidado que merece). A diferencia de hoy, ayer mi tienda favorita en mi ciudad apenas tenía feligreses: algún grupo de adolescentes curiosos (sorprendidos de quien era Iggy Pop o interesados en precios de camisetas y bolsas de mano), por lo que hubo tiempo y espacio para que Pepe y Lola, me suministraran nuevos tesoros, algunos conocidos y buscados ( por fin el disco en vinilo de William Bell), y otros completamente desconocidos.

En los años 60 un tipo de Pittsburg que tocaba el piano a la manera y bajo la influencia de Bill Evans, se empeñaba en colocar en el mundo el talento de los artistas nacidos en esta ciudad de Pennsylvania, quienes habitualmente emigraban a las grandes ciudades del norte o de la costa oeste en busca de fortuna.

Frank Cunimodo  había empezado a tocar el piano a los 6 años, y se había formado en la misma escuela que Errol Garner o Ahmad Jamal y tiene una larga trayectoria de trabajo discreto, casi anónimo junto a gente como Lee Konitz, Phil Woods o Joshua Redman. No aparece en las grandes enciclopedias del jazz ni se le dedican biografía. Pero continuó dedicando su vida a su pasión, ya fuera enseñando o regentando un club de jazz en su ciudad.

Allá por el inicio de los 70 publicó un disco que incluía su único éxito: Feeling good , que se hizo célebre como banda sonora de una marca de cervezas.

Aquel disco introducía una maravillosa voz que por entonces contaba solo 19 años: la de Lynn Marino, una choca de Pittsburg que comenzó a canta con su padre, también bajista de jazz cuando apenas tenía 12 años. Desde esa edad y hasta los 16 fue creando una reputación como cantante a lo largo de buena parte de los clubs de la ciudad ( “ amitad de camino entre las chuletas de ternera con las que me pagaban y mis ganas de volver a casa”), incluso en algún programa de televisión local.Graduada entonces en la Norwin High School  en el año 1966 formó su propio trío con ella al piano, con el que empezó a viajar por todo Estados Unidos.Volvió a Pittsburg en el 68 , de nuevo ocupada en pequeños clubs y los salones del Holiday Inn. Cunimodo , siempre atento al talento, tuvo la astucia de incoprorarla a su trío y grabar aquel disco único del 71, en que incluía la versión de su gran éxito ( Feeling Good), el Beyond the clouds que había compuesto su amigo el Dr Di Gioia y el clásico We’ve only just begun.

El alquimista de mi tienda de discos favorita llevaba años persiguiendo la joya en forma de vinilo. Una joya que no aparece en Spotify, ni en las listas de éxito del año ni en las recomendaciones de los periódicos para el fin de semana. Nunca lo hubiera conocido de no disponer de una pequeña e imprescindible tienda de discos, de consejeros cuyo trabajo es simplemente impagable si a uno lo que le interesa es la música.

Hay cosas que el dinero nunca puede comprar. Para todo lo demás, véte a la Fnac.

Publicado en tiendas de disco | Etiquetado | 2 comentarios

Requiem por el Ruido Rosa

l_ruidorosa

En el Infierno hay un lugar llamado Malasbolsas, en el círculo Octavo, de piedra ferrugienta, igual que el cerco donde está encerrado. En él sufren tormento los fraudulentos, rufianes y seductores, aduladores, simoníacos, adivinos y magos, barateros, hipócritas, ladrones, malos consejeros, sembradores de discordia y falseadores. Lo escribe el Dante en el Canto XVIII de su Comedia. Allá está condenado a penar por toda la eternidad el actual alcalde de Granada, un poco más allá de donde acabará su antecesor, ciudadano del Círculo III (el de los glotones), frontera con el IV (el de los avaros y pródigos,…para los propios claro).
El actual alcalde encaja bien en buena parte de las categorías incluidas en Malasbolsas, en especial la de los aduladores, hipócritas y fraudulentos.En la última feria del turismo, ese engendro llamado FITUR ,acudió con un tándem imbatible para promocionar la ciudad: el binomio gastronomía y música combinando asombrosamente el rock con las tapas, y que tiene su culminación en los llamados Rincones del Rock, donde uno puede disfrutar cada 15 días de una gloriosa actuación musical mientras se zampa una tapa de habicas. El señor alcalde (el nuevo) no hace más que seguir la estela de su antecesor, el condenado al tercer círculo del Infierno, quien en otro rapto de ingenio bautizó a Granada como la ciudad del rock ( o en siglas absurdas GRX R&R).
Según parece con esta brillante iniciativa pretenden atraerse a miles y miles de turistas, incluidos chinos y japoneses, que deben andar abarrotando los mostradores de las agencias de viajes de Tokio y Nangking en busca de un pasaje para poder acudir al próximo Rincón del Rock.
Que a las autoridades culturales de este país el rock&roll les importa un rábano es público y notorio. Lo cual por otra parte no es ningún desdoro para nadie: al fin y al cabo si a uno lo que le pone es Julio Iglesias, Raphael y Betty Missiego no tiene por qué ocultarlo. Como tampoco es motivo de vergüenza que uno siga con la matraca de Ana Belén y Victor Manuel treinta años después de la Muralla. Yo personalmente odio profundamente la zarzuela (con la que me torturaron la más tierna infancia), la copla (con la que me atormentaba mi abuela), o la sobrevalorada música clásica (castigo ejemplar de mi abuelo si no comía acelgas), pero nunca he pretendido engañar a nadie hablando maravillas de las variaciones Goldberg ejecutadas por Gould.
Estos munícipes astutos, por el contrario, apuntan en su casillero los méritos de las bandas rockeras de Granada, en número y calidad desproporcionado para una ciudad pequeña y en donde al rock nunca se la ha prestado la más mínima atención por parte de sus representantes.Pero a la vez cercenan, limitan y estrangulan la sana manifestación del talento local.
Acaba de morir el mejor garito para escuchar música que albergaba la ciudad. Se llamaba el Ruido Rosa, y en su exiguo local no solo se podía disfrutar de una birra fría mientras sonaba alguna joya de Elmore James o Hank Williams, sino que era obligada estación de paso de cualquier músico digno que estuviera de gira por la ciudad.Un tugurio de músicos y para músicos que educó el oído de los feligreses durante 30 dichosos años
La “exigente” legislación andaluza y las ordenanzas municipales del impulsor del GastroRock han llevado al cierre al mítico local de los hermanos Lapido treinta años después de su apertura.
Como señalan en su despedida,  ésta es la admirada ” ciudad del rock”, la misma que entierra sus rios, mata a sus poetas y ahora también calla su música.
Descanse en paz. Esperemos que en este caso, resucite al tercer día, al tercer mes o al tercer año. Y que los responsable de su muerte se pudran en el Infierno.

ESTA NO ES MANERA DE DECIR ADIÓS”

Sí, amigos, durante los últimos 30 años hemos intentado hacer de Granada una ciudad mejor. Nuestro empeño ha sido difundir la cultura musical en todas sus formas, contribuir a crear una escena musical alternativa a la corriente mayoritaria y también, por supuesto, hacer de Granada una ciudad más divertida. Pero nos vemos obligados a decir adiós.

Han sido tres décadas en las que hemos formado una gran familia en torno al Ruido Rosa, un lugar en el que nos hemos visto reír y llorar, amar y odiar, cantar, disfrutar en la búsqueda constante del mejor arte. Tras las puertas del Ruido hemos sido capaces de crear un pequeño espacio para la libertad, pero ahora esa libertad no es posible.

No queremos despedirnos sin dedicar un recuerdo muy especial para los que se quedaron en el camino, para los que de un modo u otro habéis trabajado en el Ruido, y a todos los que asiduamente o de vez en cuando os apoyasteis en nuestra barra, vosotros lo hicisteis grande. Y, cómo no, a todos los artistas que os subisteis a su pequeño escenario, a todos muchas gracias por vuestro arte, gracias y adiós.

Adiós porque esto muere, desaparece, se pierde por el empeño de las administraciones en aplicar leyes que impiden el desarrollo de actividades musicales en locales como el nuestro.

El apoyo a la escena musical de nuestra ciudad no debe consistir sólo en gestos y proyectos de cara al turismo. Al menos habría que cuidar que no se destruya el tejido musical ya existente.

Teníamos una larga lista de actuaciones para este año, pero la estricta normativa y la presión de las sanciones han terminado por asfixiar uno de los últimos templos de la música granadina. El Ruido cierra sus puertas para siempre.

En estos 30 años hemos visto pasar por el Ayuntamiento de Granada todo tipo de opciones políticas, todas con un denominador común: la constante persecución a la música en cualquiera de sus manifestaciones. Tres décadas de constantes normativas, tanto del Ayuntamiento de Granada como de la Junta de Andalucía, que limitan, vigilan, presionan y hacen imposible el desarrollo normal de cualquier actividad. Claro está, con un claro y desbocado afán recaudatorio.

En el Ruido se ha movido buena parte de la escena musical granadina, y ellos lo saben. Hemos sido la contracultura, los que contestan, los que no se callan, y eso no les gusta.

Esto es lo que está pasando realmente en Granada, “la ciudad del rock”, la misma que entierra sus rios, mata a sus poetas y ahora también calla su música.

Esta vez ganan ellos, pero a veces hace falta un cadáver para que empiece una revolución. Pues bien aquí, lo tenéis.

Hey hey, my my, rock & roll will never die!

RUIDO ROSA

Publicado en blues, lapido, música | Etiquetado , | Deja un comentario