16 canciones de 2016

The three of me. William Bell

Del último disco de este ilustre veterano del soul cualquier canción es un escándalo, pero quizá ésta sea la que mejor sintetiza 50 años de experiencia. Una maravilla

Daddy Lessons. Beyoncé & Dixie Chicks

Si se escucha esta canción a ciegas, uno pensaría que está en medio de algún tugurio del delta . Cerca de un cruce de caminos en donde lo mismo se pueda uno dirigirse al country festivo, el cajun de caimán o el jolgorio del Mardi Gras. Detrás de esa armónica que juega a la flauta del tipo de Hammelin, juguetean las voces de Beyoncé y las chicas de las que tanto abominó la familia Bush

Best of you. Blood Orange

Uno de los discos de soul tórrido del año, con este elegante trote percusión que va avanzando en el toma y daca que representan Hynes y Rodriguez. Hipnótica

El pensamiento circular. Iván Ferreiro

En la confortable soledad de su Casa, uno de los mejores discos españoles del año, Iván escribió un puñado de canciones que dentro de diez años probablemente se recordarán como esa ristra de pequeñas perlas que atraviesan ya una carrera impecable. El pensamiento circular es quizá su mejor ejemplo.

La casa de mis padres.Quique González

Este tipo tiene un repertorio tan copioso y memorable que debe resultarle un drama elegir el repertorio de cada concierto. Pero entre todas ellas quizá ésta sea de las más arriesgadas, de las más personales, de las más emocionantes. “Papa, la casa huele a mama”. Solo en 6 palabras se encierra el vacío

Happy Days. His Golden Messenger

Tiff Merritt y MC Taylor , otro de los dúos del año, cuecen una de las canciones más bonitas del año, en el mejor sentido del término. Aunque en esta versión se acompañe de dos compañeros de fechorías, en lugar de la maravillosa Merritt.

Let me get there. Hope Sandoval & Kurt Vile

Until the hunter se quedó colgando entre los discos favoritos de 2016, con esa atmósfera colocante que se despliega a través de la voz de la californiana. Esta let me get there es un paseo hipnótico a la manera de las que construía Neli Young a final de los 70. Acuna y matata.

Lovers of the sun. The Jayhawks

El más que digno Paging Mr Proust de los Jayhawks guardaba algunas pequeñas joyas llenas de armonía vocales de la música californiana de los míticos años 70. Gary Louris vende la casa de El Puerto. Dejará de tomar langostinos, pero esperamos que siga aportando su ración periódica de buen gusto

Numb. Max Jury

Si el disco homónimo fue sin duda uno de los mejores del año, ésta canción es su buque insignia. Una guitarra tan prudente como solvente sirve de columpio para que Jury haga cabriolas, envuelto en unos coros de los que ya no se estilan

Me dejó marchar. Coque Malla

Podría haber sido cualquiera de las canciones del disco. Santo, santo, o la majestuosa entrada de La señal, o Cachorro de león, la delicadeza de la nana final o la mala baba de el Cambio interior. Difícil decidirse. Pero Me dejó marchar es de las canciones que mejor han descrito la aceptación desolada del final.Amoroso , se entiende

Bum, Bum Bum. Cass McCombs

Las tres palabras lo dicen todo. Bum, bum , bum. La contundente elegancia de MccOmbs en un disco impresionante.Ahí le tienen. Parece un leñador experto en el bolsón de Hicks

Work. Morgan

El descubrimiento del año. Carolina de Juan, la voz que se rifa medio panorama nacional cuando de hacer coros se trata. Tras años de ir de garito en garito, sala en sala en 2016 se convirtió en el cerebro y corazón de Morgan,con esa voz capaz de sonar a veces como Lucinda Williams, a veces como Amy Winehouse.
Esta grabación a pelo de otra maravilla North da idea de qué estamos hablando. la mejor voz del pop español en décadas.

Every tome I see a river. Van Morrison.

El clásico del año del gruñón de Belfast que seguriá siendo imprescindible cuando hayamos muerto.En esta grabación, hasta sonríe.

Daydreaming. Radiohead

El comienzo de cuerdas de Born the witch explica por qué en el Ruido Eterno consideraban a Radiohead música casi tan clásica como Beethoven. Un crescendo imparable que va trepando y trepando hasta callar de repente. Lo que viene después es simplemente, la belleza.

Alaska. Maggie Rogers.

Canción silvestre de otra de las sorpresas del año y que parece incitar a salir al bosque completamente desnudos bailando al ritmo de estas envolventes melodías. A seguir de cerca. Esconde la herencia de las grandes, de Joni Mitchel a Kate Bush

Kate Tempest. Europe lost

Creo que es la mejor forma de rematar el año. Porque sirve de nexo a lo que nos espera, este año al que Trump enturbia.
Kate Tempest es alguien tan escandalosamente brillante que da miedo. Poeta brillante, novelista y rapera contundente, circula de una actividad a otra arrastrando a Auden a sus rapeos, o fabricando sus poemas con las urdimbre del hip hop.

En apenas estos 4 minutos Kate Tempest sintetiza en un vertiginoso virtuosismo el patético presente que nos rodea, el estremecedor horizonte que nos espera.

Se aconseja leer primero la letra. Simplemente brutal.

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16 de 2016 ( la lista completa)

No están todos los que son, pero sí creo que son todos los que están. O al menos, a mi me hicieron disfrutar mucho.
Aunque quizá mi disco del año fue el Moon shaped Pool de Radiohead , cada vez me es más difícil establecer rankings por lo que ahí van por riguroso orden alfabético:

1. Case, Lang, Veirs.Case, Lane & Veirs

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2. Lovers. Neils Cline

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3. Leonard Cohen. You want ir darker

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4. Quique González. Me matas si me necesitas

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5. Torv Gustavsen, Simin Tander, Jarle Vespestad. What was said.

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6. His Golden Messenger. Heart like a levee

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7. Max Jury.Max Jury

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8. Coque Malla. El ultimo hombre en la tierra.

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9. Cass McCombs. Mandy love.

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10. Brad Mehldau trio. Blues and ballads.

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11. Radiohead. A moon shaped pool.

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12. Here. Teenage Fanclub

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13. Van Morrison. Keep it singing

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14. Ben Watt. Fever dream

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15. Wilco. Schmilco

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16. Lucinda Williams. The ghost of Highway 20

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Lo mejor de 2016:Tord Gustavsen

 

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Si no hubiera sido por el regalo de un gran amigo no habría conocido este maravilloso disco de 2016, para mi de los más hermosos que escuché en 2016. De Tord Gustavsen ya hablamos en su momento cuando estuvo por aquí, en el festival de jazz de Almuñecar.Pero este año su unió a su habitual colaborador Jarle Vespestad y a la cantante germano-afgana Simin Tander para un proyecto sumamente difícil: integrar dos culturas, dos idiomas, dos formas de poesía a través del nexo común de tres instrumentos: un piano, una batería y una voz que, no solo canta sino que murmura, musita, o hace ruidos.
La voz de Tander sirve de colector de poemas de dos mundos: los procedentes de la tradición sufí de Rami especialmente, a la que es aficionado Gustavsen, y la occidental representada en este caso por el poeta americano Kenneth Rexroth. Pero además , se empeñó en traducir himnos tradicionales noruegos al pastu.
El resultado final es sorprendente: la voz y el piano integran las dos tradiciones poéticas y musicales en una sola,que fluye con delicadeza a lo largo de sus trece canciones.
Lo que fue dicho. Una pequeña maravilla
“ I have closed my ears, I refuse
To listen to my mouth weeping.
I have closed my mouth, I refuse
The taste of my weeping eyes
I have closed my eyes to the past”
( I Refuse).

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Lo mejor de 2016: Mandy love, de McCombs

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Mangy love es el octavo disco de Cass McComb tras colocarse el propio listón bastante alto con el anterior Big wheels and other. Pero como si se tratara de un saltador de salto de altura que cambia su estilo para conseguir nuevas metas, consigue superar el listón sin dificultades.
Ya el inicio ,con el delicadamente machacón y adictivo Bum bum bum, va aventurando por donde van a ir los tiros, con abundantes referencias sociales y políticas:
They say, “Buy when there’s blood in the streets
Even if the blood is your own”
So they employed men far away
To turn against their home
Centuries in the distant mist
But it’s not a dream
No, it ain’t no dream, it’s all too real
How long until
This river of blood congeals?
Bum bum bum

Brutal, en fondo y forma, música y letra, una de las canciones del año.
Ritmo que sigue envolviéndote en la cara opuesta de la moneda , Laughter is the best medicine, que comienza como si hubiera contratado a la sección de vientos de Van Morrison y con la que cierra la primera cara de este album doble.
La segunda cara discurre por los medios tiempos y raras baladas que domina tan bien: opposite house, los aires psicodélicos de Medusa’s outhouse y Low flying bird, que dan paso en la cara 3 a un inicio de lejanos aromas a Lou Reed, que acaba convirtiéndose en una letanía en forma de soliloquio reconvertido en falsete en la magnífica Cry, una reflexión sobre la magnitud de nuestro desconcierto, apoyado en unas guitarras primorosas:
Digging for carrots in the moonlight like an immigrant
Tearing through plastic bags like an addict
You tell me one thing and do the other- that’s weird!
Are you still listening?
I can’t do nothing for you, can’t you see I have no feet?
We’re like two peas in a pod- Netflix and die
Go on and cry
Go on and cry]
You’re lost for the search for Agartha
You’re lost up your own ass
Lost in the oil rainbow’s blue purple shine
Lost in bad poetry
Lost in logic
Lost in a racist bourgeois town
They say the remedy for heartache
Is to drink actual gypsy tears
Is always adds up to the price of salt, why?
Run sister run y su cansino traqueteo medio recitado que se mantiene en In a chinese alley dan paso a la cuarta cara del disco naranja , en la que It , con sus impostados coros , recuerda a algún extraño tema de Roger Waters, en que vuelve a aparecer su mala baba:
It is not wealth
to have more than others
it is not peace
when others are in pain
grita en It, donde acaba con dos versos que son todo un resumen vital
All its life, wandering
all of mine, wondering

Y así seguimos, unos vagabundeando, otro preguntándonos

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Lo mejor de 2016: Blues y Baladas, de Mehldau

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Que Brad Mehldau es uno de los mejores pianistas actuales poca gente lo discute; a pesar de no haber llegado aún a los 50, ha ido construyendo un puente entre dos mundos: a un lado la más exigente capacidad técnica y artística de acuerdo a los cánones tradicionales del jazz; del otro el mundo en el que nació , la atmósfera en la que creció y maduró cualquier persona de menos de 50 años interesada por la música: el rock, la música negra y sus múltiples derivadas. En esos puentes que él construye distorsiona como nadie las melodías que nos identifican las canciones para convertirlas en algo nuevo, ya sea un tema de Cole Porter o de Nirvana.

Este año no tenía suficiente con hacer un gran disco, a la altura de lo que nos tiene acostumbrados, sino que en aras de su desmedida ambición se ha permitido el lujo de regalarnos dos.

El primero es una colaboración a cuatro manos con otro talento de su mismo generación, el saxofonista Joshua Redman, con el que además ha estado girando por ahí como una peonza. Los dos construyeron Nearness, una muestra de virtuosismo que comienza con una impresionante versión nada menos que del Ornitology de Parker.

Pero por si hiciera falta demostrar que aún podía dar otra vuelta de tuerca, se le ocurrió reunirse de nuevo con sus compañeros Jeff Ballard y larry Grenadier para producir este disco de baladas y blues, en el que blues propiamente dichos hay pocos, pero en el que el espíritu del blues se derrama por los costados.

Como es constante en todo el disco , Since I fell for you el estándar de Buddy Johnson es tomado con cuidado por el trío de Mehldau para ir estirando sus compases como si fuera una goma elástica, donde cada vuelta es siempre diferente y envolvente;, y al cabo del rato acabas por perderte en sus malabarismos sin saber exactamente donde estás ni a donde te diriges ( o mejor, te dirigen).

Si sus versiones de clásicos como These Foolish thing de Maschwitz y Stratchey , Cheryl de Bird o I concentrate on you de Cole Porter son sencillamente grandiosas, es el final del disco,con dos clásicos “beatleianos”, primero el I love her y después el My Valentine de McCartney, donde uno comprueba hasta donde puede llegar Mehldau cuando quiere jugar con una canción.

Y contigo también: I love her puede quedarse horas flotando por tu cerebro.

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Lo mejor de 2016: Lovers, de Cline

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Lástima no poder escuchar este acertijo sin conocer la respuesta hasta el final; pinchar este disco sin mediar palabra, en una sesión de eruditos conocedores de lo mejor de la música americana de las últimas décadas y tras media hora de audición retarles a identificar al autor de este trabajo. Una cata a ciegas: algunos lo rechazarían por demasiado suave y delicado, otro por estar pasado de moda, los demás puristas por ser demasiado “extraño”.

Y sin embargo lo que se esconde en este precioso trabajo de estándares del canciones americanas, realizado con un cuidado exquisito, es el primer trabajo para Blue Note de uno de los guitarristas más virtuosos, pero también más transgresores del panorama musical, Lovers es un disco que que Nils Cline llevaba décadas deseando hacer , ese tipo que con su imponente altura y sin mediar palabra alguna, suele incendiar los conciertos de Wilco cuando llega el momento de adentrarse en los enmarañados caminos de la distorsión.

Lovers es un disco para homónimos de paladar delicado, en el que Cline toma de punto de partida algunos de sus clásicos favoritos del estilo de Jerome Kern , Hammersmith o Rogers, para ir ampliando el abanico a clásicos del cine como Mancini , guitarristas como Jim Hall o Gabor Zsabo , maestros de ceremonias como Quincy Jones o sobre todo Gil Evans experimentalistas como Arto Lindsay o incluso un grupo como Sonic Youth ( una versión completamente diferente de Snare, Girl).

El grupo de Cline representa un mundo completamente diferente al de Wilco, con el arreglista Michael Lenhart al frente, acompañado por Erik Friedlander al viloncello, Yuka Honda al piano, y Zeena Parkins al harpa, vanguardia de una orquesta de cámara de más de 20 músicos. Pero comparte a la vez la capacidad de generar un mundo propio a partir de melodías que mutan a algo completamente diferente al pasar por sus manos.

Por ejemplo, el asombroso homenaje a Hall en Secret Love que comienza con un extraño ruido que no se sabe muy bien si es tu vecino de al lado dándole al serrucho en una mañana de domingo, o los del piso de arriba en plena actividad gimnástica sobre una cama que gruñe y se lamenta, para dar paso a una majestuosa lección de conversación entre instrumentos.

Según el propio Cline lo que pretendía es crear atmósferas sobre el amor y los amantes, respecto al deseo, la pasión, el sexo, la intimidad y como se relacionan con las canciones. Lo que ha conseguido es un estado de ánimo, en cuya urdimbre se encuentran películas antiguas de misterio y melancolía (it only has to happen once) , , los ruidos cotidianos que viene de la calle mientras dormitas en la cama, el trance del estado amoroso ( the search for cat), o la tristeza del final ( la deliciosa The bond con la que cierra el disco).

Uno no puede entender que un tipo capaz de dar cerca de 100 conciertos en un año de la exigencia que supone ser el solista a la guitarra de Wilco, tenga ún tiempo, constancia y talento como para sacarse de la manga un disco doble de estas dimensiones. Cada tema es un recorrido por la música de este último siglo, de esos compendios que deberían enviarse al espacio para dar cuenta de lo que es capaz de hacer el ser humano cuando está de gracia ( y si no lo creen escuchen Why was I born? De Kern y Hammerstein, y que fue bordada por Lady Day)

Que injusta es la vida repartiendo el genio. Y a la vez que generosa cuando nos deja disfrutar del talento ajeno.

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Lo mejor de 2016: Case, Lang & Veirs,la chispa que zumba como un bus urbano

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Un buen día de hace ya tres años KD Lang envió un correo electrónico a Neko Case y a Laura Veirs, . Les proponía hacer algo juntas: tardaron 30 minutos en responder. En junio lanzaron el disco seguida de una intensa gira por diferentes ciudades americanas.

El supergrupo del año no es, por fin, un grupo de deteriorados megaestrellas del rock, exiliados de sus propios fantasmas, sino esta colaboración de tres artistas que acumulan 30 trabajos impecables a lo largo de varias décadas de dedicación musical.

La canadiense Kd Lang, la más veterana de las tres, había jugado con la idea incluso de retirarse, pero antes quería probar con la idea de participar en un grupo. Como ocurrió en los 70 con Crosby, Stills, Nash & Young , CLV habían desarrollado brillantes carreras en solitario antes de unirse. En algún caso además, como en el caso de Case, siendo líderes de otros grupos , como The New Pornographers .

Éste no es un disco apresurado, de esos que se publican con el único objetivo de hacer dinero;, sino el resultado de tres meses de trabajo, que han ido dando la misma patina al conjunto hasta hacerlo tan homogéneo como si solo una de ellas lo hubiera compuesto.

Cabría preguntarse qué necesidad tenían ninguna de las tres de interrumpir sus interesantes y productivas carreras para dedicar una parte importante de su tiempo a este trabajo; quizá no haya ninguna, más allá de ampliar sus respectivos horizontes de composición e indirectamente ampliar sus círculos de seguidores.

Es significativo su homenaje a Judee Sill, una de las más ricas y complejas cantautoras americanas, que coincidió en tiempo y lugar con otras que alcanzaron pronto el éxito y reconocimiento ( Joni Mitchel, Linda Ronstadt, Emmylou Harris), mientras que ella recorría su particular infierno antes de desaparecer en el recuerdo.

You never talked about your past
About the drugs and walking in the streets
They found you with a needle in your arm
Beloved books strewn around at your feet

La capacidad de Case de construir imágenes verbales mediante sus letras está más presente que nunca , como en Behind the armory (Flies in amber / Sand in soap / Air trapped in the glass,”), o en la delicadeza de Blue fires:

Why does the heart of the flame burn blue?
Why do January cherries bloom?

Why do blue fires burn in me
Yet not in you?

How can the prairie flocks keep their courses true
And navigate the stars as they do?

Case/Lang/Veirs es un tapiz de sensibilidades, una forma diferente , especial de construir una visión alternativa a lo que suelen ser los discos y proyectos de las clásicas superbandas. Ya desde su primer tema, Atomic Number:

I’m not the freckled maid
I’m not the fair-haired girl
I’m not a pail of milk for you to spoil

Why are the wholesome things
The ones we make obscene?

Latin words across my heart
Symbols of infinity
Elements so pure
Atomic number

I am the spark
Of this machine
Purring like the city bus

Case, lang and Veirs , la chispa que ronronea como un autobús urbano

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